5 de junio de 2022

SOPA-2

 

Según Champien, las sopas en el siglo XVI eran consideradas como un manjar muy distinguido, dedicándoles todos los cuidados; les ponían, con exageración, especias, azafrán, anís, azúcar, remolacha, enebro, canela, pimienta, agua de rosas, etc.

En una crónica escrita por el mariscal de Beaumont cuenta que en el año 1416 el emperador de Alemania visitó la capital de Francia y fue obsequiado con un gran festín en el Louvre: “Se sirvió como primer plato una sopa de pescado muy picante, al estilo alemán, preparada por las damas de la Corte”.

En el siglo XVI se servían en la mesa de luis XIV, rey de Francia, varias sopas, de las que tomaba varias escudillas. Su cronista, el duque de Saint-Simon, comenta admirado los enormes platazos que le veía engullir, cuatro y mas, y habían de ser cocinados con caldos muy concentrados, sazonados con exceso de especias y mucha pimienta. La cuñada de este rey, que era una princesa de la casa de Baviera, decía que jamás pudo acostumbrarse a esa alimentación y que le confortaba más una buena sopa de cerveza que todas esas mezclas.

Poco tiempo después se pusieron de moda las sopas de arroz, las de harina de trigo, papillas, y para los banquetes, las cremas con yema y almendras, así como las de ave, perdiz, liebre y faisán; todo bien machacado y puesto en papilla. En aquella época hubo un gran cocinero, François de la Varenne, que inventó más de trescientas clases de sopa, y otro después, Pierre David, que ha dejado más de doscientas fórmulas distintas sobre la misma materia.

El conde Gabriel Senac de Meihan inventó el “potaje al oeuf” (sopa de huevo), y Camerani, el gran actor italiano, puso de moda la sopa, que lleva su nombre. Grimod de la Reynière entregó al cocinero de Camerani cien francos por la fórmula y proclamó al inventor “Rey del Imperio de la Gastronomía”.

 SOPA

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