30 de julio de 2016

DALUKAH


Al-Mas'udi (896 d. C.-956 d. C.), fue un historiador y geógrafo, conocido como el “Herodoto de los árabes”. Viajero incansable, pasó sus últimos años en Egipto, de esos años, proviene esta historia.

“Cuando el ejército del Faraón fue ahogado en el Mar Rojo, las mujeres y los esclavos temieron ser atacados por los reyes de Siria y de Occidente, ante esa dificultad eligieron a una mujer que se llamaba Dalukah como reina, porque ésta era sabia, prudente, y hábil en la magia.

El primer acto de Dalukah fue el de rodear todo Egipto con un muro que estaría guardado por hombres a cada cierto intervalo de distancia, su objetivo principal era el de proteger a su hijo adicto a la caza, de los ataques de las bestias y al mismo tiempo poder proteger a Egipto de los ataques de las tribus nómadas. En el muro mandó colocar figuras de cocodrilos y de otros animales formidables.

Durante su reinado, que duró treinta años, Dalukah llenó a Egipto de sus propios templos repletos de figuras de animales; también mandó hacer figuras de los hombres y animales que habitaban los países vecinos de Siria y de Occidente.

En los templos la reina recopiló todos los secretos de la naturaleza y todos los poderes, positivos y negativos, que se contenían en las plantas, los animales y los minerales. Ella hizo sus brujerías en los momentos en que las revoluciones de los cuerpos celestiales favorecían más su poder.

Para prevenir el ataque de los ejércitos de Siria o de Arabia, la reina hizo figuras de soldados y de los animales de dichos pueblos y los enterró bajo tierra, e inmediatamente los seres vivos representados por las figuras corrieron la misma suerte, no importaba la distancia o el lugar donde se encontrara el enemigo, si la reina destruía a las figuras de los dioses pintadas o talladas sobre las paredes de los templos, así como los jeroglíficos que les acompañaban, fueron considerados como talismanes y fórmulas mágicas por todos aquellos que eran incapaces de comprender el sentido de su escritura ni el significado de esas frases”.

29 de julio de 2016

EL NIÑO ALFONSO XIII


El 17 de mayo de 1886 nació Alfonso XIII, lo hizo siendo rey, por esa razón, fue educado bajo el peso de esa condición de monarca. Desde pequeño su educación la llevaron a cabo su madre la reina María Cristina y su tía la infanta Isabel. La reina era modelo de grandes virtudes públicas y privadas, dedicada a cuidar no sólo de su hijo, sino de su hijo-rey. Alfonso XII, su padre, había fallecido antes de su nacimiento, por eso su madre como reina regente, se esmeró en defender el trono de su hijo y a fortalecer su cuerpo y su espíritu para asumir el destino que el destino le había asignado.

El ambiente en que vivió Alfonso XII niño, fue una Corte triste, un ambiente severo y rígido, con un protocolo extremo, fuertemente clericalizado y poco transparente a lo que venía del exterior, cosa poco recomendable pensando que en pocos años debía gobernar un país.

Tuvo un grupo selecto grupo de profesores, que a partir del año 1896 se encargaron de su educación. José Sanchiz, como primer jefe de estudios, don Patricio Aguirre de Tejada, como segundo jefe de estudios, las Matemáticas y los estudios generales don Juan Lóriga, conde de Grove, don Miguel González Castejón la historia, don Fernando Brieva, el francés, don Alfonso Merry del Val, el alemán, doña Paula Czerny, la música. La instrucción física estuvo a cargo de don Pedro Carbonell, maestro de esgrima, y don Anselmo Sánchez, que dirigió sus ejercicios de gimnasia. La instrucción premilitar estuvo a cargo de don Enrique Ruiz Fornells.

José Fernández de la Montaña, confesor de la reina y deán de la catedral de Madrid, fue su preceptor religioso. Vicente García Paredes, catedrático de la Universidad de Madrid, fue su maestro en Derecho político y constitucional y recibió el encargo de formarle en los principales problemas económicos y sociales de su tiempo.

28 de julio de 2016

LEOVIGILDO Y HERMENEGILDO


El rey visigodo Leovigildo era arriano, como todos los godos que llegaron a España, sus creencias religiosas chocaban con la mayor parte de la población ya que eran católicos, eso ocasionaba problemas entre la población.

Hermenegildo, uno de sus hijos, se casó con Ingunde que era de origen franco y muy católica. De esa manera en la familia de Leovigildo se mezclaron las dos religiones. Gosvinta, la segunda esposa del rey, era una fanática del arrianismo y enseguida el ambiente familiar se hizo insoportable hasta el punto que el rey Leovigildo mandó a su hijo de Toledo a Sevilla encargándole el gobierno de la Béticci.

En Sevilla el ambiente era católico, allí conoció al arzobispo Leandro de Sevilla (San Leandro), con su influencia y la de su esposa, Hermenegildo se convirtió al catolicismo lo que encantó al pueblo. Al enterarse su padre, envió a Sevilla mensajeros a su hijo para convencerlo de que tanto por razones políticos como religiosas debía volver al arrianismo.

No lo consiguió y viendo que la población apoyaba a Hermenegildo lo destituyó de su cargo de gobernador y mandó a sus tropas contra él. Hermenegildo quiso hablar con su padre, pero se dio cuenta de que era imposible, luchó en una guerra que ganó Leovigildo.

El rey apresó a su hijo, lo encadenó y encerró en una mazmorra, más tarde lo trasladó a Valencia, después a Tarragona, donde fue torturado y encerrado en un calabozo. Empeñado en convencerle para su conversión al arrianismo, le prometió la libertad, pero no lo consiguió. Al ver que no podría, mandó ejecutarlo.

El rey Leovilgildo se arrepintió de haber mandado matar a su hijo, se dio cuenta de que la mayoría del pueblo era católica y que si continuaba persiguiendo católicos no conseguiría nada. Según cuenta, en su lecho de muerte aconsejó a su hijo Recaredo que se convirtiera al catolicismo.

Recaredo subió al trono, llamó a Toledo al obispo “san Leandro”, y después de conversar mucho, se decidió, convirtiéndose al catolicismo, era el año 586.

27 de julio de 2016

LOS PRIMEROS PIRATAS


Las primeras menciones a la piratería en el Mediterráneo, que aparecen en la literatura se encuentran en las obras de Homero y Herodoto. Para la mayoría de los autores griegos la piratería era un oficio reconocido como cualquier otro, pirata era sinónimo de navegante o marino.

Las embarcaciones de esos piratas eran ligeras, poco profundas y de fondo llano. La velocidad era muy importante para el ataque y la fuga. El calado también era esencial, pues permitía a las tripulaciones, al ser acorralados por los buques enemigos, refugiarse en aguas donde sus buques cazadores, de construcción más pesada, no podían seguirlas. Los lugares de asalto favoritos eran las rutas comerciales.

Los barcos navegaban a lo largo de la costa y se orientaban por marcas conocidas como montañas, islas, rocas, etc. Por la noche no se atrevían a navegar. El barco echaba el ancla a la puesta del sol y esperaba la salida para proseguir su viaje con seguridad.

Los piratas lo tenían fácil, bastaba con que se mantuviera tranquilo en alguna zona rocosa, y lanzarse sobre su presa cuando les conviniera. Cuando la presa era demasiado rápida, huían. Cuando el barco mercante era demasiado fuerte, los piratas espiaban el lugar donde fondeaban por la noche y protegidos por la oscuridad, lo asaltaban cuando la tripulación estaba dormida. Entonces lo invadían con alaridos horrorosos y lo tenían capturado antes de que las víctimas, dormidas, se dieran cuenta de lo sucedido. Luego la nave era llevada por su propia tripulación, y bajo los latigazos de los piratas eran llevados a su madriguera, y se repartían el botín.

Los barcos no eran el único objetivo de los piratas primitivos. Era habitual verlos reunirse y atacar las ciudades costeñas. Por esa razón se construían las torres de vigilancia, desde donde, mediante señales de humo, se avisaba a los vecinos. Aunque la mayoría de las veces llegaban por sorpresa, y rápidamente se apoderaban del máximo botín y se llevaban prisioneros.

26 de julio de 2016

EXTRAÑAS CASUALIDADES (6)


Sin saber por qué razón, George D. Bryson decidió interrumpir su viaje de negocios a Nueva York, cuando su tren entró en la estación de Louisville, Kentucky. Nunca había visitado esta ciudad, por lo que tuvo que preguntar dónde estaba el mejor hotel.

Gastándole una broma al recepcionista del Hotel Brown le preguntó si había alguna carta para él. Se quedó de piedra cuando el recepcionista le entrego una carta dirigida a él que llevaba, además, el número de su habitación. La explicación era sencilla, en esa habitación, la 307, se había hospedado otro George D. Bryson, que no tenía nada que ver con él.

El 15 de mayo de 1880, en Murcia, ocurrió una horrible coincidencia, el ayuntamiento de la ciudad, tuvo noticia de que acababa de morir en Puerto Principe, Haití, un soldado vecino de la ciudad, adscrito al Regimiento de Cazadores del Duero, se llamaba Antonio Cárceles Serrano, hijo de Antonio y María. El ayuntamiento, al ir a comunicárselo a la familia, se dio cuenta que había dos madres María Serrano, casadas con dos Antonio Cárceles, vecinas ambas del partido de Zaraiche, y con un hijo cada una de la misma edad y del mismo nombre sirviendo en el mismo regimiento.

Tuvieron que avisar a las dos familias que se presentaron con la esperanza de que el fallecido fuera el de la otra. Al cabo de unos días se recibió una carta de uno de los dos soldados y el cartero no supo a que familia entregársela. Cuando la abrieron, al estar redactada en términos generales, ninguna de las dos familias supo si era para ella.

Joseph Mathäus Aigner (1818-1886), pintor austriaco famoso por sus retratos, intentó suicidarse sin lograrlo en varias ocasiones a lo largo de su vida. La primera vez intentó colgarse cuando contaba dieciocho años, pero entonces un misterioso monje capuchino le interrumpió y le salvó la vida. Otra, a lo veintidós años, el mismo monje le volvió a impedir colgarse de nuevo.

Ocho años después, fue condenado a la horca por problemas políticos. Joseph intentó quitarse la vida antes de que se cumpliera la sentencia, pero el monje de nuevo le salvó la vida, tuvo suerte, la pena le fue conmutada. A los sesenta y ocho años, Joseph, por fin los consiguió, usando una pistola, se pegó un tiro. El mismo monje capuchino, oficio su entierro.