28 de agosto de 2016

LO PEQUEÑO ES LO QUE IMPORTA



Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas sólo… Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas.

27 de agosto de 2016

CHUNG LING SOO, EL CHINO QUE NO LO ERA


Durante más de veinte años, Chung Ling Soo se hizo pasar por un mago chino. Para llevar a cabo sus números de magia oriental, montó un espectáculo sensacional en Londres con un éxito colosal.

En realidad el chino, no era chino, ni se llamaba Chun Ling Soo, su verdadero identidad era William Ellsworth Robinson y había nacido en Brooklyn en el año 1861. William o Chung, hizo su papel de chino estupendamente: nunca hablaba en público sin la ayuda de un intérprete y solo sus amigos y algún que otro mago conocían la verdad de su doble identidad.

Su número más aclamado era el llamado “Condenado a muerte por los Boxers”, también conocido como “La bala atrapada”. Consistía en que un arma cargada con una bala marcada disparaba hacia él. Ching simulaba recibir el balazo, e inmediatamente escupía la bala que supuestamente había cogido con los dientes sobre un plato, para que el público comprobara que en realidad era la bala marcada.

Todo le fue a la perfección hasta la noche del 23 de marzo de 1918, cuando el truco terminó en tragedia. Chung sostenía el plato de porcelana contra su pecho esperando la detonación. Dispararon el arma y Chung fue alcanzado en el pecho. En un perfecto inglés exclamó: “¡Oh Dios mío. Algo ha pasado. Bajad el telón!” .

Fue la primera vez en veinte años que Chung Ling Soo habló en inglés en público. Aunque también fue la última. Al día siguiente murió. 

25 de agosto de 2016

COMBATE A PIE


Hasta finales del siglo XIX el combate a pie era muy normal. Para ganar una lucha con espadas, tanto si era según las rígidas reglas de los duelos o en medio del campo de batalla, era necesario dominar muchos movimientos, todo ellos diseñados para distraer, herir y en algunos casos matar al enemigo.

Para elegir el arma adecuada había que tener en cuenta el estilo, la fuerza y la agilidad de uno mismo. Había espadas de muchos tamaños con diferentes filos y pesos, tanto de a una mano como de a dos. Algunas formas de distraer al enemigo eran hacer sonidos de repente y maniobrar para que quedara frente al sol. Eso lo cegaba momentáneamente haciéndolo frágil. El tamaño del arma no lo era todo, lo mejor era elegir una lo suficientemente ligera para moverse con ella sin cansarse demasiado.

La capacidad de moverse o esquivar con rapidez permitía evitar los ataques del enemigo. Además de moverse mucho hacía que el oponente se cansara. La mejor ventaja táctica era ponerse en una posición elevada. Atacar hacia arriba cansaba al enemigo, ya que tenía que luchar también contra la fuerza de la gravedad. Apuntar a zonas desprotegidas o vitales, como la garganta, eso aumentaba las probabilidades de asestar un golpe mortal en lugar de una herida leve.

Cuando el enemigo perdía el equilibrio, el próximo ataque tenía que ir dirigido a dañar o cercenar el brazo, la rodilla o el talón. En un duelo la llamada primera sangre, se hacía en la parte superior del brazo por gentileza, pero en el campo de batalla no se andaban con chiquitas. Un duelo podía terminar ahí o prolongarse hasta la muerte. En este último caso deben aplicarse las mismas tácticas que en el campo de batalla. Lo mejor era mantenerse fuera del alcance y apuntar a lugares como las arterias en los muslos y las axilas para debilitar al enemigo.

Con el enemigo debilitado, era la hora de asestar el golpe de gracia. Si llevaba armadura, entonces las articulaciones en hombros, axilas, cuello y muslos, los mejores sitios a los que atacar. Además de desangrarlo cortándole una arteria, podía matarlo apuñalándolo en el estómago o cortándoles la cabeza de raíz.

24 de agosto de 2016

CANCIONES EN MI MEMORIA CIV



LIONEL RICHIE-ALL NIGHT LONG

23 de agosto de 2016

ORIGEN DEL VELO NUPCIAL


Desde la antigüedad, el blanco ha sido símbolo de virginidad, por esa razón las novias utilizan ese color, el día de su boda. Parece ser que el velo nupcial que lucían las futuras esposas, las mantenía apartadas y ocultas a las miradas de los demás. Esos primeros velos llegaban hasta los pies.

En Grecia, en el siglo IV a. n. e., estaban de moda los velos largos, hasta los pies, en las bodas. Se sujetaban al cabello con unos alfileres o cintas, tanto el velo como el vestido eran, como en Roma, de color amarillo intenso. En la Edad Media, el color no era demasiado importante, lo esencial era la tela y los adornos.

En Francia e Inglaterra, vestir de blanco a la novia era la última moda ya en el siglo XVI. Ese color, el blanco, se convirtió en el siglo XVIII, en el único color. El velo era muy vaporoso y por supuesto blanco, era tal la importancia en Castilla, que el velo por sí solo, daba a conocer el status o condición de mujer casada, la mujer que no cubría su rostro el día de su boda ante dios y ante los hombres, no se consideraba una mujer casada. La ceremonia nupcial llegó a llamarse “velambres”, o acto de colocar el velo.

El origen del velo es oriental (tanto el nupcial como el utilizado en ritos y ceremonias), remontándose al año 2000 a. C. En esos tiempos lo llevaban solo las mujeres solteras en señal de modestia, las casadas lo llevaban en señal de sumisión. En Europa solo lo llevaban las casadas que para casarse habían tenido que ser raptadas por sus maridos. No importaba el color, lo importante era que cubriese la cara.