26 de agosto de 2016

LA TUMBA DE NEFERTITI


La tumba de Neferu Atón Nefertiti, Gran Esposa Real de Akenatón, se encuentra en el Valle de las Reinas. Se descubrió en el año 1904 por Schiaparelli. Es una construcción típica de la dinastía XIX, con un pasillo que conduce a la cámara mortuoria. Se accede a ella por una escalera de 18 peldaños, que da acceso a una primera cámara de forma cuadrada, cuyas paredes están cubiertas de pinturas representado a Nefertari adorando a Osiris acompañado de Anubis. La escena va acompañada del texto correspondiente al capítulo 17 del Libro de los Muertos.

Adosada a ésta se encuentra una cámara lateral, cuya finalidad es albergar las pinturas que presentan a la difunta Nefertiti adorando a los dioses por los que en vida demostró especial devoción: Atum y Osiris, Ptah y Thot.


Desde la primera cámara se pasa por un largo corredor a la parte propiamente funeraria de la tumba, una gran estancia sostenida por cuatro pilares, con cuatro pequeñas cámaras anexas destinadas a contener las ofrendas funerarias. Sus paredes tienen una decoración pintada realizada con mucho cuidado. Bonitas pinturas recorren todos los muros, y en ellas se pueden ver todas los acontecimientos del alma en su peregrinar por el más allá.   

25 de agosto de 2016

COMBATE A PIE


Hasta finales del siglo XIX el combate a pie era muy normal. Para ganar una lucha con espadas, tanto si era según las rígidas reglas de los duelos o en medio del campo de batalla, era necesario dominar muchos movimientos, todo ellos diseñados para distraer, herir y en algunos casos matar al enemigo.

Para elegir el arma adecuada había que tener en cuenta el estilo, la fuerza y la agilidad de uno mismo. Había espadas de muchos tamaños con diferentes filos y pesos, tanto de a una mano como de a dos. Algunas formas de distraer al enemigo eran hacer sonidos de repente y maniobrar para que quedara frente al sol. Eso lo cegaba momentáneamente haciéndolo frágil. El tamaño del arma no lo era todo, lo mejor era elegir una lo suficientemente ligera para moverse con ella sin cansarse demasiado.

La capacidad de moverse o esquivar con rapidez permitía evitar los ataques del enemigo. Además de moverse mucho hacía que el oponente se cansara. La mejor ventaja táctica era ponerse en una posición elevada. Atacar hacia arriba cansaba al enemigo, ya que tenía que luchar también contra la fuerza de la gravedad. Apuntar a zonas desprotegidas o vitales, como la garganta, eso aumentaba las probabilidades de asestar un golpe mortal en lugar de una herida leve.

Cuando el enemigo perdía el equilibrio, el próximo ataque tenía que ir dirigido a dañar o cercenar el brazo, la rodilla o el talón. En un duelo la llamada primera sangre, se hacía en la parte superior del brazo por gentileza, pero en el campo de batalla no se andaban con chiquitas. Un duelo podía terminar ahí o prolongarse hasta la muerte. En este último caso deben aplicarse las mismas tácticas que en el campo de batalla. Lo mejor era mantenerse fuera del alcance y apuntar a lugares como las arterias en los muslos y las axilas para debilitar al enemigo.

Con el enemigo debilitado, era la hora de asestar el golpe de gracia. Si llevaba armadura, entonces las articulaciones en hombros, axilas, cuello y muslos, los mejores sitios a los que atacar. Además de desangrarlo cortándole una arteria, podía matarlo apuñalándolo en el estómago o cortándoles la cabeza de raíz.

24 de agosto de 2016

CANCIONES EN MI MEMORIA CIV



LIONEL RICHIE-ALL NIGHT LONG

23 de agosto de 2016

ORIGEN DEL VELO NUPCIAL


Desde la antigüedad, el blanco ha sido símbolo de virginidad, por esa razón las novias utilizan ese color, el día de su boda. Parece ser que el velo nupcial que lucían las futuras esposas, las mantenía apartadas y ocultas a las miradas de los demás. Esos primeros velos llegaban hasta los pies.

En Grecia, en el siglo IV a. n. e., estaban de moda los velos largos, hasta los pies, en las bodas. Se sujetaban al cabello con unos alfileres o cintas, tanto el velo como el vestido eran, como en Roma, de color amarillo intenso. En la Edad Media, el color no era demasiado importante, lo esencial era la tela y los adornos.

En Francia e Inglaterra, vestir de blanco a la novia era la última moda ya en el siglo XVI. Ese color, el blanco, se convirtió en el siglo XVIII, en el único color. El velo era muy vaporoso y por supuesto blanco, era tal la importancia en Castilla, que el velo por sí solo, daba a conocer el status o condición de mujer casada, la mujer que no cubría su rostro el día de su boda ante dios y ante los hombres, no se consideraba una mujer casada. La ceremonia nupcial llegó a llamarse “velambres”, o acto de colocar el velo.

El origen del velo es oriental (tanto el nupcial como el utilizado en ritos y ceremonias), remontándose al año 2000 a. C. En esos tiempos lo llevaban solo las mujeres solteras en señal de modestia, las casadas lo llevaban en señal de sumisión. En Europa solo lo llevaban las casadas que para casarse habían tenido que ser raptadas por sus maridos. No importaba el color, lo importante era que cubriese la cara.

22 de agosto de 2016

MITOS AFRICANOS SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE



En casi todos los pueblos del continente africano tienen la creencia que el origen de la humanidad es celeste, del cielo. En Bandiagara, Mali, viven los dogones, un pueblo que posee extraños conocimientos de astronomía. No se sabe de donde provienen, aparecieron en el siglo XIV en la meseta que todavía ocupan.

Los masais de Kenia creen que los dioses engendraron en el cielo un pueblo inmortal y de piel clara, y que algunos de sus miembros descendieron y se instalaron sobre la Tierra. Los asantis de Gana creen que siete seres humanos, creados por Dios, bajaron a la Tierra por una cadena y dieron origen a la humanidad antes de regresar a vivir al cielo.

Los zibas de Tanzania creen que su principal dios, Rugaba, vive en un lejano lugar del cosmos. Está rodeado por seres fantasmales y tuvo que realizar un largo viaje a través de las tinieblas antes de llegar a la Tierra para crear el primer hombre. Los bembas de Zambia creen que el dios Kabézya bajo a la Tierra, que sólo era desierto cubierto de barro, para ordenar las aguas y crear a los animales, las plantas y la primera pareja de humanos.

Los pendes del Congo creen que después de haber hecho el universo, el dios Mawèzé tomó una esposa y engendró él mismo a todos los pueblos de la Tierra. Luego regresó al cielo llevando a algunos hombres con él, los que volvieron después trayendo consigo el fuego. Los ibos de Nigeria creen que los dos primeros reyes de ese pueblo bajaron del cielo y se establecieron al principio sobre un gigantesco nido de termitas para luego ampliar progresivamente su reino. Los zulúes de África del Sur creen que sus antepasados descienden de unos seres celestiales.