22 de septiembre de 2021

JUAN DE AUSTRIA Y MADAME D'AULNOY



Marie-Catherine le Jumelle de Barnerville, baronesa D’Aulnoy, conocida como Madame D'Aulnoy, (1651-1705) fue una escritora francesa, además de ser conocida por sus cuentos de hadas, también lo es por su relato del viaje a España, escrito en 1679.

Sobre la enfermedad y muerte de Don Juan de Austria escribió:

“Hace unos días me encontraba en una tertulia donde todas las señoras estaban muy asustadas. Una de ellas decía habérsele escrito de Barcelona que cierta campana, usada tan solo en las calamidades públicas o para asuntos de mayor importancia, había sonado sola varias veces. Esta señora es de Barcelona, y me dijo que cuando ha de ocurrir alguna desdicha para España, o que alguien de la casa de Austria está próximo a morir, esta campana se conmueve; que durante un cuarto de hora el badajo da vueltas con una velocidad sorprendente y toca al girar.

Yo no quería creerlo, pero todas las demás confirmaron su dicho. Como son bastante supersticiosas, la bella Marquesa de Liche aumentó su pavor al venir a decirles que don Juan estaba muy enfermo.

La campana de Barcelona ha estado bastante acertada en su último pronóstico. Don Juan se halló tan agobiado por su enfermedad a primeros de este mes, que los médicos le desahuciaron, y se le dio a entender que debía prepararse para la muerte. Recibió esta nueva con una tranquilidad y una resignación tales, que contribuyeron mucho a persuadir de lo que ya se creía: que algunos secretos sinsabores le ponían en estado de anhelar más bien la muerte que la vida. El rey entraba a cada momento en su estancia y pasaba algunas horas a la cabecera de su lecho, por más súplicas que se le hicieron de que no se expusiese al contagio de la fiebre.

Recibió don Juan el santo viático, hizo testamento y escribió una carta de pocas líneas a una señora cuyo nombre no he sabido. Encargó a don Antonio Ortís, primer secretario suyo, que la llevase a su destino, con una pequeña cajita cerrada que vi. Era de madera de encina, bastante leve de peso para creer que dentro pudiese contener otra cosa que cartas y tal vez alguna pedrería.

Mientras don Juan estaba gravemente enfermo, llegó un correo con la noticia de que ya era cosa decidida el casamiento del rey con la Princesa de Orleans. No solo se difundió la alegría por todo el palacio, sino que de ella participó toda la Villa. El rey, que no se contenía, corrió al aposento de don Juan, y aun cuando este se hallaba un poco adormecido y tenía gran necesidad de descanso, le despertó para decirle que la reina llegaría dentro de poco, y le rogó no pensara más que en curarse, a fin de ayudarle para recibirla bien. El rey se echó a llorar y le dijo que no había otra cosa en el mundo capaz de conturbar su dicha sino el estado en el que se hallaba.

Al fin murió el de Austria en 17 de este mes, muy llorado por unos y con poco sentimiento de otros. Es cosa sorprendente la indiferencia con que se vio la enfermedad de don Juan y su muerte. Ya no se hablaba de ello al día siguiente; parecía como si nunca hubiera existido en el mundo".

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