DARWIN Y SU GRAN TRAVESÍA A BORDO DEL BEAGLE
En el año 1831 Charles Darwin (1809-1882) recibió una
inesperada carta de su profesor de botánica, John Stevens Henslow. En ella le
comunicaba que el barco de Su Majestad Británica “Beagle” iba a realizar un
viaje de circunnavegación por las costas de Sudamérica y las islas del Pacífico
para hacer un estudio cartográfico. Necesitaban un experto en historia natural
que se encargase de su estudio durante el viaje, el profesor Henslow recomendó
a Darwin para la trabajo.
Darwin estaba ilusionado por la oportunidad de ese viaje,
pero tenía miedo a la oposición de su padre, Robert Darwin, que tenía miedo de
perder a su hijo, como tantos jóvenes que se lanzaban a la aventura durante los
días del Imperio colonial británico y no volvían. Lo ayudó a convencer a su
padre, su tío Josia Wedgwood. Después de pasar distintas pruebas con el capitán
del Beagle, Robert FitzRoy, dos meses después embarcó.
El Beagle no era un barco muy grande ni muy seguro. Era un bergantín
de 242 toneladas, 10 cañones y 25 metros y medio de eslora. Compartía el
camarote, muy pequeño, con el capitán FitzRoy. La tripulación la formaban unos
setenta hombres. El viaje sería muy largo. La angustia, por el viaje, llegó a
producirle taquicardia, pero estaba decidido a seguir adelante con la aventura.
El 27 de diciembre de 1831, el Beagle zarpó del puerto de
Plymouth rumbo a las islas Canarias y de allí se dirigió a la isla de Santiago,
en Cabo Verde. En este viaje, Darwin, esperaba sacar sus propias conclusiones
sobre las teorías que existían acerca de la historia de la geología y de la
aparición de las especies.
Durante su estancia en la isla de Santiago, pudo poner a
prueba sus conocimientos de geología. Estableció una rutina de trabajo muy
duro. Salía de excursión para observar las formaciones geológicas de distintos
lugares, recogía minerales, fósiles, animales, plantas, etc. Todo lo anotaba, y
al final del viaje tuvo un extenso diario.
Desde Cabo Verde el Beagle partió a Brasil. Después comenzaron
dos años de constantes viajes por las costas occidentales y orientales de
Sudamérica. En Argentina, después de varios problemas con las autoridades (con
el dictador Juan Manu el de Rosas), se adentró en Tierra de Fuego, donde
observó a los indígenas y su entorno durante varios días. En la Pampa Argentina
encontró fósiles de gigantescos mamíferos extinguidos. En las islas Galápagos
encontró distintos tipos de pájaros pinzones y tortugas. Recabó muchísima información
y continuaron el viaje hasta llegar a Australia.
La travesía duró cinco años, el 2 de octubre de 1836 el Beagle
fondeó en Inglaterra, para Darwin fue una experiencia inolvidable. Durante la
travesía envió periódicamente muestras de todo lo que recogía al profesor
Henslow, que difundió entre la comunidad científica.
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