3 de octubre de 2017

MUDUBINA (LEYENDA MEXICANA)


En el reino zapoteca vivía un príncipe tan esbelto y tan valiente, que su fama se extendió por la tierra y llegó al cielo. El alba, que le veía realizar sus hazañas, por la noche, cuando los hombres dormían, se las relataba a las hijas del emperador del cielo. Brillan éstas durante la noche en el firmamento y de día se esconden para no ser vistas por los mortales.

Y sucedió que la más hermosa de todas ellas llegó a sentir un amor tan grande por el príncipe terreno, que un día, aprovechando la ausencia de sus hermanas, y sin que la sintiera el alba, bajó a la tierra y esperó junto al río de Juchitán el paso de su amado. Cuando allí la encontró el joven príncipe, quedó cautivado por su belleza y se la llevó en brazos al palacio real.

Mientras tanto en el cielo, triste, se ennegreció y las nubes lloraron. Las diosas celestes quisieron impedir que su hermana se uniera con un mortal y se reunieron para tomar una decisión. Poco tiempo después, se celebraba la boda, entre los festejos del pueblo, una de ellas, transformada en suave brisa, bajo a la tierra y penetró en la alcoba nupcial. Una vez allí, recobró su forma y anunció a su enamorada hermana la decisión que en el cielo habían tomado.

Tendría que quedarse para siempre en la tierra, bajo la apariencia de una flor, viviendo sobre las aguas de una laguna. Durante el día cerraría sus pétalos para aislarse de los mortales y sólo durante la noche se abriría para recibir la visita de sus hermanas. Una vez que la diosa terminó de hablar, desapareció, y con ella la joven novia, a quien nadie volvió a ver. En la laguna Chivele surgió una flor verdinegra, de tallo recto y delicado, jamás vista hasta ese momento. La llamaron Mudubina.

El príncipe no encontraba consuelo, su desesperación era enorme, su padre, el rey zapoteca, llamo a sus Vinnigenda, viajeras de todos los vientos, y les encargó que buscasen a la prometida de su hijo. El rey dominaba la tierra, pero ni él ni sus Vinnigenda podían hacer nada con las decisiones del cielo. El príncipe suplicó convertirse en otra flor de la laguna. La Vinnigenda más vieja realizó un conjuro y lo convirtió en un nenúfar.

Desde entonces ambos viven sobre las aguas de la laguna. La mudubina tiene el corazón teñido de rojo por el fuego de su amor y solo abre sus pétalos de noche. El nenúfar tiene su corazón amarillo, porque está teñido de melancolía, como ser terreno, vive de día. Quizá quieran los dioses que se encuentren alguna vez.

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