2 de enero de 2014

LA PRINCESA DE BEKHTEN (HISTORIA DE EGIPTO)


Ramsés II viajó a la tierra de Neherm (en Siria occidental, cerca del Éufrates), el motivo era recoger el tributo de acuerdo con una costumbre anual. Los mandatarios extranjeros fueron a saludar al faraón y a llevarle un regalo. Todos le regalaban oro, lapislázuli, turquesas, y toda clase de piedras preciosas. El príncipe de Bekhten, no pensó en ofrecer lo mismo que los demás, él le ofreció a su hija mayor, Ramsés aceptó el regalo y la llevó con él a Egipto. Al hacerla esposa real le dio el nombre de “Ra-Neferu” (la belleza de Ra, el dios Sol).

Unos años después, en el año quince de su reinado, el príncipe de Bekhten apareció en Tebas, cuando fue llevado a la presencia de Ramsés, le explicó el motivo de su visita a Egipto. Su hija menor, la hermana de Ra-Neferu, estaba gravemente enferma, y le rogaba al faraón que enviase un médico para que visitase a su hija Bent-Reshet. Ramsés llamó a todos los sabios de su corte y les pidió que uno de ellos viajara a Bekhten y sanase a la joven hermana de su esposa. El elegido fue Tehuti-em-beb.

Cuando llegó, después de examinarla, llegó a la conclusión de que la joven princesa de Bekhtenm estaba bajo la influencia de algún espíritu maligno. El problema era que él no tenía poder, ni para exorcizar ni para enfrentarse a ese problema con éxito.

Cuando el rey de Bekhten vio que el médico de Ramsés no podía hacer nada, envió a un emisario por segunda vez a Egipto, para que el faraón enviara un dios que sanara a su hija. Cuando el emisario llegó a Tebas se estaban celebrando la fiesta de Amón.

Ramsés II, entrando en el templo de Khonsu-Nefer-hetep, dijo al dios: “O mi justo Señor, he venido una vez más en tu presencia a implorarte en nombre de la hija del príncipe de Bekhten, haz que tu magia expulse el espíritu maligno de la hija del príncipe”. El faraón envió la estatua del dios Khonsu a Bekhten. El dios llegó diecisiete meses después, y lo llevaron donde estaba la princesa y, nada más ponerla delante de ella el espíritu la dejó y ella se puso bien al instante.

Después del éxito del dios, el príncipe se negó a devolver la estatua a Ramsés II. Durante tres años, cuatro meses y cinco días, permaneció con el príncipe. Un día soñó que un halcón dorado levantaba el vuelo y emprendía el camino de Egipto. Ese sueño lo interpretó como una revelación de que el dios quería regresar a su tierra. El príncipe de Bekhten la devolvió inmediatamente al faraón.

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