5 de octubre de 2013

LA FLOR DEL PATUJÚ (LEYENDA BOLIVIANA)


Una niña de nueve años, se perdió en el monte cuando estaba con sus padres cazando en el interior de la selva, se separó de ellos un momento y no encontró el camino de regreso. Merodeó por el bosque buscando el camino que pudiera llevarla de nuevo a su casa.

Miraba al cielo buscando la luz del sol o la luna entre la penumbra espesa que formaban las ramas de los gigantescos árboles. Le parecía escuchar la voz de alguien que le decía: -¡Tu destino es superior! No estés triste, pronto te vas a convertir en una estrella. Ella sonreía pensando que estaba soñando.

Arrancó con sus manos unas hojas de Patujú para construir un techo, observó que estos árboles tenían las hojas muy grandes, más grandes que ella misma, alargadas y de un color verde muy intenso, sedosas y brillantes y con agua en los cogollos.

De esos cogollos bebía el líquido transparente, dulce y muy sabroso, que al mismo tiempo que le quitaba el hambre y la sed, le fue dando un cuerpo brillante, leve y misterioso. Siguió construyendo su choza con las hojas, cuando estuvo terminada, se acostó y se durmió.

Soñó que volaba, sentía la brisa del viento y se despertaba con los trinos de los pájaros, intentando imitarlos, lo que atrajo la mirada de otras plantas de hermosas flores.

Esa noche, escuchó la voz de Patujú que le dijo: “Somos árboles sin flores y buscamos la más bella trilogía con rojo, amarillo y verde para hacer nuestra corola. ¿Cómo es el horizonte? Preguntó. Así es”.

Notó que toda la zona por donde caminaba cada día estaba formada por un enorme patujusal, pero ellos no reían como las otras plantas de hermosas flores.

Un día empezó a llover y la niña en vez de seguir cantando, se puso triste y comenzó a llorar recostada en el suelo sobre unas hojas de Patujú, y no supo en qué momento se murió, se soñó o se transformó.

Se vio absorbiendo el líquido acumulado sobre las hojas, que nunca supo si era el agua de los árboles, gotas de lluvia o sus lágrimas. Lo tomó todo y cuando miró sus brazos, sus piernas, su cintura…, ya no era ella, sino la más hermosa flor que nadie había visto jamás.

Ya no estaba acostada sobre las hojas, sino abrazada por los cogollos más tiernos del Patujú. Se había convertido en una hermosa flor tricolor que al tiempo que bailaba con el viento, resplandecía con el sol.

Llenó su pecho de aire porque sintió que una fuerza misteriosa le mandaba soplar, soplar y soplar bien fuerte con la vista fija sobre los árboles de Patujú.

No supo cómo ni por qué, todos los árboles de Patujú bailaban con el viento y de ellos salía un murmulló de alegría: ¡Tenemos flor!, ¡Tenemos flor! Y hasta donde alcanzaba la vista, los árboles de Patujú exhibían sus alegres y hermosísimas flores tricolores.

El 27 de abril de 1990, la flor del Patujú fue declarada Flor Nacional, en Bolivia, por un decreto supremo, durante el gobierno de Jaime Paz Zamora.

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