30 de noviembre de 2019

CURIOSIDADES DEL PRÍNCIPE DE VIANA


Carlos de Trastámara y Évreux, infante  de Aragón y Navarra, príncipe de Gerona, duque de Gandía y de Montblanc, príncipe de Viana y rey titular de Navarra como Carlos IV (1421- 1461) era hijo de Juan II de Aragón y de Blanca I de Navarra.

El pequeño infante quedó bajo la tutela de su abuelo Carlos III de Évreux, rey de Navarra, residiendo en el Palacio Real de Olite. El rey sentía verdadera devoción por su nieto, a quien preparó para el día que tuviera que ocupar el trono, creando el título de Príncipe de Viana para él.

Carlos fue educado bajo todo tipo de atenciones en un ambiente cultural renacentista, aunque España todavía estaba en la Baja Edad Media. Pronto destacó por su faceta artística y su inquietud intelectual, llegando a hablar cinco lenguas y a convertirse en un apasionado de la literatura. Escribió poemas y tradujo obras. También pintaba.

Practicaba varios deportes: remo, caza, equitación. Era un gran amante de los animales, teniendo su propio zoológico con camellos e incluso leones. Era un apasionado de la música, tocaba la vihuela y el arpa, además de ser un gran bailarín.

Era muy devoto al mismo tiempo supersticioso. Llevaba un collar de oro con un grifón colgado de él y, junto a otras lujosas joyas, otro collar de oro con esmeraldas del que colgaba una cajita que contenía una piedra bezoar, a la que atribuían poderes mágicos.

Tenía una gran colección de reliquias, una piedra de basilisco, talismanes para impedir los envenenamientos, mandrágoras, lenguas de serpientes y otras muchas piedras de cualidades mágicas.

A sus restos se le atribuían cualidades taumatúrgicas, como la capacidad de curar las escrófulas, conocidas como mal de rey, mediante el contacto. En los siglos XVI y XVII, numerosos peregrinos acudían a la Abadía de Poblet donde se trasladó su cadáver, para ser tocados por su brazo que se encontraba en un relicario de plata.

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