6 de mayo de 2015

PHINEAS GAGE Y SU BARRA DE HIERRO


El 13 de septiembre de 1848, en las afueras de Canvendish en Vermont, se estaban realizando las obras del ferrocarril, cuando se produjo un accidente. Phineas Gage (1823-1860), encargado de la cuadrilla, estaba abriendo un paso mediante explosivos en un tramo rocoso.

Phineas era el que se encargaba de decidir donde se perforaba la roca y cuanta pólvora se ponía en cada agujero. En primer lugar colocaban la pólvora, luego el detonador y por último la arena. Después comprimían la mezcla con una barra de metal.

El fatídico día del accidente, Phineas olvido colocar la arena antes de introducir la barra, sin ella, la barra chocó con la piedra y saltó una chispa que hizo que explotara la pólvora. La barra de metal de un metro de largo y unos tres centímetros de diámetro salió disparada y atravesó la cabeza de Phineas, entrando por su mejilla izquierda y saliendo por la parte superior del cráneo. Todos pensaban que había muerto, pero no, estaba vivo, y recuperó la consciencia a los pocos minutos, caminando por si solo.

Al llegar al hospital, el doctor John Martin Harlow, lo reconoció, y se asustó por la gran cantidad de sangre que salía de la herida, Phineas, totalmente despierto, aguantaba el dolor con gran entereza. El médico cortó la hemorragia y paró la infección. Phineas logró recuperarse lentamente, y con algunas secuelas.
Poco tiempo después, empezó a sentirse mejor, no le dolía la cabeza. En 1849, aparte de la pérdida de visión en el ojo izquierdo, una leve deformación en lacara y algo de parálisis facial, la recuperación parecía completa. Volvió al trabajo, pero ya no era lo mismo, la persona responsable y trabajadora que era, se había convertido en otra persona. Sus jefes no quisieron darle su antiguo puesto.

En 1868, veinte después del accidente, el doctor Harlow explicó los cambios psicológicos de Phineas. El accidente había hecho de él una persona, caprichosa, inconstante, irrespetuoso, blasfemo, impaciente, obstinado, mentiroso. Además había desarrollado un cariño especial por los niños y los animales.

Lo más extraño fue el gran cariño que le cogió a la barra del accidente, la llamaba “mi hierro”. No se separaba de ella nunca y se convirtió en su compañera de vida. Incapaz de mantener un empleo por mucho tiempo, Phineas y la barra, se convirtieron en una atracción en el Museo Americano de P.T. Barnun, en Nueva York. Un tiempo después trabajó en una cuadra de caballos en New Hampshire. Seguidamente se marchó a Chile, donde trabajó como conductor de diligencias.

Empezó a tener problemas de salud (ataques de epilepsia), de vuelta a Estados Unidos, murió el 21 de mayo de 1860. El doctor Harlow pidió, seis años después de su muerte, exhumar el cadáver. Después de analizar su cráneo y la barra de hierro, fueron depositados en el Museo Warren de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. Hoy en día todavía permanecen allí.

2 comentarios :

Victor Michelon DICE

La de Phileas Gage es una anecdota muy interesante en sí misma. También puede hacernos pensar que tras un accidente o enfermedad podemos cambiar radicalmente. Gracias por tu Post Ana !!

Ana DICE

Víctor, te aseguró (a mi me pasó) que después de algo grave,cambias. No le das importancia a nada que realmente no la tenga. En resumen ves el mundo con otros ojos. Muchos besos, para ti y los tuyos.