1 de marzo de 2023

CONTAR EL TIEMPO EN LA EDAD MEDIA

 

Para el hombre de la Europa Medieval el tiempo tenía dos referentes fundamentales: uno de carácter físico, el sol; otro de tipo cultural, las campanas de las iglesias.

La salida del sol para los campesinos la señal del comienzo de la jornada y la puesta del sol, su final. El curso del tiempo variaba de unas estaciones a otras, siendo más larga la jornada en verano y más corta en invierno.

La cristianización de la sociedad Europa se tradujo en la superposición de otros sistemas para contar el tiempo, con los que se buscaba una distribución adecuada de las oraciones de los eclesiásticos. Las veinticuatro horas del día y de la noche, se dividían de acuerdo a las horas canónicas.

Cada tres horas las campanas de las iglesias de los monasterios anunciaban el rezo correspondiente: a medianoche, Maitines; a las tres, Laudes; a las seis, Prima; a las nueve de la mañana, Tercia; a mediodía, Sexta; a las 15 horas, Nona; a las 18, Vísperas; y a las 21, Completas. Por lo que para los monjes la jornada empezaba a medianoche. En algunas órdenes religiosas perduran estos horarios.

Está división del tiempo no era rígida, adaptándose a las estaciones sobre todo de verano e invierno. Al dividirse el día en horas canónicas, el calendario anual estaba relacionado con las fiestas de la Iglesia.

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