11 de junio de 2017

FUNERALES ETRUSCOS


El día del entierro tenía lugar la reunión general de los allegados. Los hombres se unían en asamblea, sentados en sillas de tijera y apoyados en sus bastones de mando los más viejos, alabando al fallecido. Las mujeres lucían sus enormes mantos de luto. Los hombres pasaban por delante del cadáver, saludándole con el brazo en alto, las lloronas profesionales gesticulaban y gritaban, otras mujeres bailaban danzas fúnebres, vestidas con trajes largos y alhajas.

Más tarde se iniciaba la procesión o “ekphora”. Dos flautistas abrían la marcha. Después varios hombres, alineados de dos en dos, tiraban del carro fúnebre, a cuyos lados iban las mujeres llorando. Detrás del carromato caminaba algún familiar íntimo, cerraba la marcha el cortejo de mujeres, también de dos en dos y acompañados por otros flautistas.

El difunto quedaba introducido en su sarcófago o en su cineraria, y colocado en el lugar que le corresponde de la tumba familiar. A partir de ese momento, será representado por un cono y adornado. El muerto seguía perteneciendo al clan y seguía presente en las reuniones familiares.

El banquete fúnebre, muy importante en el entierro, siempre se ofrecía a todo difunto por muy pobre que fuese. Se traían colchones y comenzaba la comida. En el banquete se servían: huevos, granadas, verduras etc., pero sobre todo se bebía. Cubiertos por gruesas coronas de hojas y flores, los comensales pasaban de la tristeza por la muerte del allegado (presente en forma de cono sobre su lecho), a la aceptación de su muerte y del mundo sin su presencia.

El muerto había pasado a reunirse con los otros muertos sin ser rechazado por los vivos, para evitar traumáticas rupturas. Los vivos se iban alegrando, jugaban con las copas, acariciaban a sus compañeras de lecho y cortaban ramas y flores. Ya en plena euforia, salían algunos invitados a bailar, vestidos con sus trajes muy pesados y quitándoselos para estar más cómodos.

Más tarde los comensales partían, dirigidos por músicos, llegaban a una explanada, con unas gradas de madera. Entonces empezaban una serie de actuaciones y juegos, para animar al difunto. Con los juegos se daban por concluidos los funerales.

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