MADAME POMPADOUR

Para la mayoría de la nobleza, que presumía de la pureza de sangre ver al rey unido a una Poisson era una ofensa. Por este motivo sus primeros pasos en la corte todos señalaban los defectos de los modales de la Pompadour, su lenguaje vulgar, su poco conocimiento del protocolo y sus salidas de tono. La marquesa puso remedio y aconsejada por el abate Bernis, enseguida aprendió de todo.
Su belleza y su porte fueron lo que llamo la atención del monarca, pero lo que le conquistó fue otras muchas virtudes aprendidas en los salones de Paris. Gran bailarina, sus minués despertaban la admiración de todos. También era muy buena cantando. Organizaba representaciones teatrales en palacio, en las que actuaba ella misma, junto a grandes aristócratas.
Una de las cosas que más valoraba el rey de su amante era su conversación. Ella, organizaba en su apartamento unas cenas diarias a las que invitaba a algunos elegidos y en las que el rey encontraba un ambiente relajado y amable que su familia no podía ofrecerle.
En 1751 dejaron de ser amantes, pero en vez de caer en desgracia y perder todos sus privilegios, la Pompadour se traslado a un apartamento contiguo al del soberano y se convirtió en su amiga y confidente.
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