12 de marzo de 2017

CEREMONIA PARA SER UN CABALLERO


Los soldados que se convertían en caballeros debían seguir unos ritos determinados y vivir según unas normas. El ceremonial empezaba con una confesión previa de los pecados y la recepción de la eucaristía. La ceremonia tenía lugar en fiestas que atraían a muchas personas, en las vigilias el soldado estaba obligado a ayunar y a velar en la iglesia. Durante la misa el aspirante se ofrecía como representante de Dios y a la orden de la caballería, después del sermón, se armaba al aspirante como nuevo caballero.

El encargado de armar al caballero era el príncipe o algún alto personaje que también debía ser caballero. El encargado le ceñía la espada, le besaba y le daba un golpe en el hombro, después el nuevo caballero cabalgaba y mostraba su arte ante la gente.

Las armas que recibía el caballero eran símbolo de la nobleza de la caballería; la espada, en forma de cruz, significaba que así como Cristo venció con la cruz, el caballero debía destruir a los enemigos de la cruz con la espada, símbolo de la justicia. La lanza significaba la verdad, la rectitud, y su hierro simbolizaba la fuerza que la verdad tiene sobre la falsedad. El pendón indicaba que la verdad se muestra a todos y que no tiene miedo del engaño. El caso era símbolo de la vergüenza, así como la vergüenza impedía al caballero inclinarse a hechos viles. El casco defendía la cabeza, la parte más noble del hombre.

Las calzas de hierro que protegían pies y piernas recordaban al caballero que debía tener seguros los caminos. El escudo que se interponía entre el caballero y su enemigo era símbolo de que el caballero estaba entre el rey y su pueblo, el simbolismo se extendía a las riendas, la gorguera, la maza, la silla, el caballo y el arnés.

Una vez bien armado se le declaraba caballero.