25 de noviembre de 2015

EXTRAVAGANCIAS


La madre de William Randolph Hearst (1863-1951), (político, magnate de la prensa, empresario) afirmaba que cada vez que su hijo se sentía mal, salía y compraba algo. En una ocasión compró, sin verlo, un claustro español del siglo X en Segovia, por 40.000 dólares.

Para trasladarlo, todo el claustro tuvo que ser desmontado piedra por piedra, fue necesario tender 33 kilómetros de vías de conexión con la línea más cercana; y se necesito construir un aserradero para cortar madera para las 10.700 cajas en las que serían empaquetadas las piedras.

Jacques Necker (1732-1804), ministro de Finanzas, enviudó e hizo poner el cadáver de su esposa en una pila llena de alcohol y depositarlo en un mausoleo del cual sólo él tenía llave. Hacía frecuentes visitas al cadáver hasta que murió en 1804, cuando se reunió con ella en la pila. El mausoleo fue abierto en 1817, para recibir el ataúd de su hija. Desde entonces ha permanecido cerrado.

John Johnston (1823-1879) fue un famoso asesino de indios crow. Explicaba que lo hacía por una venganza por la muerte de su esposa embarazada a manos de los crows. Pero lo que le hizo famoso fue por su costumbre de comerse los hígados de los indígenas que mataba, llevaba el apodo de “Comedor de hígado”.

George Devol, era uno de los jugadores tramposos más pintoresco del río Misisipi. Era un buen luchador, su principal arma era su cabeza. Según los médicos que le examinaron, por encima de la frente su cráneo tenía más de dos centímetros de grosor. En 1867, tuvo una pelea amistosa, a topetazos, con Billy Carroll, un artista de circo conocido como “El Gran  Topador” y “El Hombre con la Cabeza Dura”, cuyo número circense consistía en romper barriles y puertas gruesas con la cabeza. George Devol lo dejo sin sentido.

Su talento fue útil durante sus 40 años como jugador profesional, siempre que requería abrirse paso a topetazos entre multitudes enfadadas a quienes había estafado.

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