6 de agosto de 2015

ORIGEN DE LA CAL


La cal es un producto que se obtiene calcinando la piedra caliza por debajo de la temperatura de descomposición del óxido de calcio. En ese estado se llama cal viva (óxido de calcio). Si se apaga sometiéndola al tratamiento de agua, se le llama cal apagada (hidróxido de calcio).

Las referencias más antiguas que se conocen de la utilización de la cal, datan del 2600 a. C. en la pirámide de Keops, Egipto. Además lo antiguos egipcios teñían su piel con cal. En la Antigua Grecia, utilizaban la cal, lo mismo que la Antigua Roma. Los antiguos pobladores del actual Jordán utilizaban algo parecido al yeso a partir de la cal y de piedra caliza triturada.

La utilización de mortero a base de cal aparece por primera vez en la Máscara de Jericó, una calavera cubierta con cal pulida, es del año 7.000 a. C.

Los morteros de cal mejor conservados son los del período minoico, como los encontrados en el palacio de Cnosos, en Creta. También las del palacio de Tirinto, con fecha del 1.500 a. C. En ese momento la cal se empleaba solamente para revestir muros. Para construir, se empezó a utilizar a finales del siglo II a. C.

La cal era un producto de gran utilidad en cualquier comunidad, se utilizaba para acondicionar el suelo, encalar paredes y hacer el argamasado de las piedras. Todos los pueblos que tenían cal o carbón, solían tener su propio horno de cal.

Había tres tipos de cal. El primero la piedra caliza que se molía en un molino, y se usaba para neutralizar la acidez de la tierra y mejorar los suelos de arcilla. De la piedra caliza se obtenía también la cal viva u óxido de calcio, que se conseguía al calentar la cal en un horno. Si la cal viva se dejaba al aire durante un tiempo, o se echaba agua sobre ella, se obtenía la cal muerta o hidróxido de calcio. La cal muerta se utilizaba en los campos, para “endulzar” el suelo ácido. Si se le añadía arena y se mezclaba con agua, se obtenía una argamasa fina. La cal también se utilizaba en el encalado de las fachadas de las casas. Para ello, se mezclaba cal muerta, muy fina, con agua.

El horno de cal era una enorme olla de ladrillo abierto por la parte de arriba y con un agujero en la base. Esta base se cubría con ramas y se colocaba una capa tras otra de carbón y caliza partida, hasta rellenar el horno. Seguidamente, se encendían las ramas y se dejaba que ardían. Cuando el fuego se apagaba y el horno se enfriaba, se quitaban las cenizas del agujero y se apagaba la cal con agua.

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