17 de septiembre de 2008

DE NIÑA A MUJER EN LA ANTIGUA GRECIA

En sociedades muy grandes como la ateniense, sólo eran las clases aristocráticas las que se podían permitir el lujo de enviar a las niñas a realizar la ceremonia completa del paso de niña a mujer, en las clases pobres debían conformarse con la entrega de ofrendas y las oraciones.

El objetivo de estas ceremonias era preparar a las mujeres para un único destino posible, el de esposas y reproductoras. El inicio de estos ritos venía marcado por sus ciclos biológicos, por lo que la iniciación debía llevarse a cabo justo antes de la primera menstruación.

En Grecia esos rituales se desarrollaban bajo la protección de la diosa Ártemis (Artemisa).
Y todos van unidos a un mito que explica los diferentes pasos del ritual y sus objetivos.

El más conocido es el las osas de Braurón.
Cuenta la leyenda que Agamenón, rey de Micenas, había salido a cazar, acertó a un ciervo y dijo, que ni la propia Ártemis cazaba igual de bien que el.
La diosa enfadada, provocó una calma total en el mar, de manera que la flota de los arqueos, la cual tenía como Caudillo a Agamenón, no pudo zarpar hacia Troya y quedó retenida en Áulide.

Después de consultar el oráculo, Calcante el adivino, profetizó que la única solución para que volviera el viento era sacrificar a Ifigenia, la hija de Agamenón. El rey hizo llamar a la joven, haciéndola creer que era para prometerla al guerrero Aquiles, cuando quiso sacrificarla, Artemis se apiadó del monarca y sustituyó a la chica por un ciervo.

La inciación era de la siguiente forma:
Las niñas de entre cinco y diez años pasaban una temporada en el santuario de Ártemis para aprender los misterios de la diosa.
Allí frente al altar de esta divinidad presidido por una palmera, las niñas vestidas con una túnica color azafrán, bailaban imitando a los osos, hacían ofrendas y mataban una cabra.

Este sacrificio era el acto culminante de todo el rito iniciático, ya que representaba la muerte simbólica de la etapa infantil para convertirse en mujeres.

Las jóvenes ya estaban preparadas para volver a sus casas, elegir un esposo y ser madres, siempre bajo la protección de Ártemis.

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