3 de febrero de 2015

FERNANDO EL CATÓLICO Y LAS MUJERES


Fernando II de Aragón, Fernando el Católico (1452-1516) tuvo infinidad de amantes y como resultado hijos de varias de ellas. Cuando tenía diecisiete años, mientras sus consejeros negociaban su matrimonio con Isabel de Castilla, él tenía relaciones con Aldonza Roig de Iborra, una joven catalana de familia noble y más mayor que Fernando. Aldonza se quedó embarazada dejándola en Zaragoza bajo el cuidado de su padre, mientras él, viajaba a Dueñas para casarse con Isabel. Aldonza dio a luz a un hijo, Alfonso (fue arzobispo de Zaragoza y Valencia, y tuvo siete hijos de su amante Ana de Gurrea), que nació un par de meses antes que su hermanastra Isabel, hija de Isabel y su padre Fernando.

Con Isabel tuvo cinco hijos, Fernando por su parte siguió descubriendo los placeres del amor con otras mujeres. Beatriz de Bobadilla, fue una de ellas, era un joven de diecisiete años, dama de la reina, a quien, por mandato de la reina Isabel, casaron apresuradamente con un hombre y enviándolos a Canarias.

Él no se dio por vencido y siguió con sus aventuras, teniendo otros cuatro hijos durante sus correrías por tierras de la península, sitio donde se detenía, sitio en el que “ligaba”. Tres años después de nacer Alfonso, nació otra de sus hijas naturales Juana, de Joana Nicolau, una joven de Tárrega, Cataluña. A la reina no le hacían ninguna gracia las infidelidades de su esposo, a pesar de eso, educó a esos dos niños con sus propios hijos.

Durante una visita del rey por tierras vascas conoció a doña Toda de Larrea, dama de Bilbao, que fue la madre de su tercera hija. La señora de Pereira, fue la madre de su cuarta hija, la conoció en un viaje por Galicia. La quinta hija fue fruto de una relación con una joven de Valencia (no se sabe su nombre). A estas tres hijas las llamaron María, la reina las encerró en un convento, donde terminaron siendo monjas.

Cuando Fernando de Aragón tenía cincuenta y cuatro años (era muy mayor para la época), muerta la reina Isabel, se casó con Germana de Foix, joven de dieciocho años, amante fogosa, le dio un heredero, un niño que murió al cabo de unas horas. Lo siguieron intentando. En un viaje de placer por Extremadura, el rey hizo un último intento por dejar embarazada a su esposa. Después de un atracón de criadillas de toro sazonadas con salsa picante (creían que eran afrodisíacas), murió. Tenía sesenta y cuatro años.

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