11 de mayo de 2009

PRIMATES

Los babuinos se agarran mutuamente los genitales para establecer pactos y mantener la armonía dentro del grupo.

Sólo el hombre, el chimpancé y el gorila se reconocen al mirarse al espejo.

El chimpancé tiene el récord de rapidez en el acto sexual entre los mamíferos, lo consuman tan sólo en 3 segundos.

Los primates del continente americano ven en blanco y negro y los de África, en color.

Un chimpancé vive una media de 40 años, de ellos, 22 se los pasa durmiendo o descansando.

Los egipcios adiestraban babuinos para servir comidas y bebidas en la mesa.

El orangután sólo tiene un hijo en su vida.

Entre los macacos, las hembras preñadas portadoras de fetos femeninos son con mayor frecuencia víctimas de amenazas y ataques, en comparación con las que esperan un macho.

Los machos hamadrías (simios), conducen y someten a las hembras de su harén mediante duras amenazas y agresiones.

Los chimpancés utilizan pequeñas ramas para limpiarse los dientes y los de sus acompañantes.

Un orangután de un zoo de Indonesia, logró cazar una gallina formando un reguero de granos de maíz hasta los barrotes de su jaula.

4 comentarios :

Jelens DICE

Desconocía que los simios tuvieran tanta agresividad... Incluso en ellos.... Joer, como para mosquearles :O

Los monos y el circo DICE

Sombreritos de paja, chalecos, confetis, patinetes, polichinela y tiroriroriroriroriro tiroriroriroriroriro tiro… Allá afuera la gente sonríe, los niños chillan o callan embelesados, estallan los aplausos. El señor de bigote y chaqueta roja salta corriendo a la pista, micrófono en ristre y dice: “un aplauso para nuestros simpáticos amigos los monos malabaristas”, y vuelven los aplausos. Los monos regresan a la pista, saludan, pero otros ya se quedan tras el telón.
Detrás de ese telón el señor de bigote y chaqueta roja es el señor calvo del látigo. Los monos siguen siendo los monos, y hay latigazos para todos. Los animales que unos segundos antes hacían muecas (odian la palabra cucamona) casi humanas al público buscando su risa, ahora recuerdan su verdadera condición y chillan como seres irracionales. Pero sólo lo hacen cuando el señor calvo del látigo ha desaparecido. En su presencia reciben cada uno de los golpes con total dignidad autoconvenciéndose de lo merecido de estos, aun cuando en ocasiones, ni el propio hombre calvo del látigo sabe a qué son debidos (puede que haya tenido un mal día). Ahora se lamen las heridas los unos a los otros, se despiojan y se dan palmaditas en la espalda. Hacen pedorretas con sus enormes bocotas al recordar la figura del supuesto maltratador.
Los monos que se quedaron tras el escenario lo presencian todo. Ellos también han recibido golpes, pero apenas chillaron, eso sí, fueron muchos menos. Asumen su parte de culpa cuando los golpes son merecidos, pero ellos no van rodando y dando volteretas hacia el señor calvo para que les siga pegando mientras ellos lamen su culo. Su actitud es distinta, y su papel, cuando salen a la pista, insignificante.
Acaban de unirse a la compañía. Ellos están encantados con formar parte del mayor espectáculo del mundo, siempre soñaron con ser uno más de la caravana. Ahora están dentro, y salen un rato a la pista, pero tienen prohibido recibir aplausos. Ellos los escuchan desde el otro lado, y sonríen orgullosos atribuyéndose cada uno su palmada particular. Son monos, pero son conscientes de que apenas merecen uno de esos miles de aplausos. Escuchan el suyo sabiendo que ninguno va dedicado a ellos, que ellos no gozan de protagonismo, y todas las alabanzas recaen sobre los mismos de siempre.

Ana DICE

Jelens, por eso a veces entre los humanos se confirma que venimos del mono.
Un beso.

Ana DICE

Los monos y el circo, una historia muy real.
Gracias por tu visita y tu comentario.
Un beso.