3 de octubre de 2008

DESAPARICIÓN DE HERCULANO Y POMPEYA

El sol del 24 de agosto del año 79 d.C., fue el último que alumbró a las elegantes ciudades de Herculano y Pompeya, situadas en el golfo de Nápoles.

Pompeya, la ciudad veraniega de los patricios romanos, cuyas suntuosas villas se extendían entre vergeles en las laderas del callado volcán, rebosaba de gente alegre y confiada, según cuenta Plinio.

Pero aquella noche los palacios y la ciudad entera fueron sepultados por un gigantesco soplo de cenizas y piedras ardientes salido de las entrañas del Vesubio.

Una capa de piedra pómez de tres metros de espesor y otra encima de cenizas del mismo grosor lo cubrió todo de tal forma que Herculano y Pompeya desaparecieron bajo tierra durante centenares de años, hasta 1748, en que empezaron a ser desenterradas apareciendo ante los asombrados ojos humanos un museo único de la civilización antigua.

La explosión del Vesubio fue tan rápida que nadie pudo salvarse y en una noche murieron 30.000 habitantes.
Los mínimos detalles del quehacer romano de aquellos días estaban intactos, conservados bajo la capa de cenizas, no solo las casas, las joyas, el mobiliario de piedra y bronce, los frescos de las paredes, sino también el pequeño menaje doméstico, como platos con restos de comida, hueveras con huevos dispuestos para ser comidos, botellas con su contenido convertido en el fondo en un espeso poso, y hasta panes.

Pero lo más impresionante de Pompeya era la visión de sus victimas.
La muerte les sorprendió en la misma postura que tenían en el momento del suceso.
Expresiones de terror, otros tapando la boca a sus seres queridos para que no respiraran los gases tóxicos, personas aferrradas a sus joyas y cosas de valor, e incluso algunos que ante el temor se suicidaron, pues se encontraron botellas de veneno a su lado.

2 comentarios :

Merce DICE

Me ha fascinado siempre el cómo ocurrió la destrucción de Pompeya...

Es uno de esos viajes que me apetece muchísimo hacer, visitar sus ruinas...

besos, buen finde...

Ana DICE

Merce a mi también me encantaría ir, debe ser increible.
Un beso.