19 de marzo de 2009

EL GRAN AMOR DEL PRINCIPE NEGRO

Eduardo príncipe de Gales y duque de Cornualles, era el hijo primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra y Felipa de Henao.
Mucho después de su muerte, los cronistas de la época le dieron el apelativo de “Príncipe Negro”, debió ser por la coraza que llevaba en las batallas, regalo de su padre, pues él era rubio de ojos azules.

Vestía de rojo o violeta y le encantaban las joyas. Era aficionado a los torneos caballerescos, y los prefería a los estudios literarios.

La vida sentimental del Príncipe Negro dio mucho que hablar en la corte inglesa.
El objeto de su deseo, era una dama de gran belleza, Juana de Kent, “La bella doncella de Kent”.

Eran primos (ella era nieta de Eduardo I), y se conocían desde niños. Mientras Eduardo se iniciaba en la aventura de la guerra continental, Juana emprendía una carrera no menos agitada, casándose clandestinamente a los doce años con Thomas Holland y un año después, obligada por su familia, con el Conde de Salisbury.

Con Holland tuvo seis hijos. En 1360 enviudó, y fue entonces cuando el Príncipe de Gales la desposó, en contra de la opinión de su madre Felipa de Henao, y de buena parte de la corte, que hubieran preferido un mejor partido.

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