4 de noviembre de 2008

ANILLOS MÁGICOS

A través de los siglos, las sortijas alcanzaron gran prestigio, debido no sólo se las consideró un adorno de la mano, sino también uno de los principales emisores y receptores de fluido mágico y, por lo tanto actúan como un eficaz protector.

Existen muchos personajes famosos cuyas vidas siempre estuvieron unidas al mundo mágico de los anillos.

Isadora Duncan, cada vez que debía afrontar una situación difícil, lucía un anillo de oro, el cual representaba una serpiente con ojos de esmeralda. El día que murió ahorcada con su propio chal, no lo llevaba puesto. Muchos de sus amigos consideraron que con su protección se hubiera salvado de la muerte en aquel trágico Bugatti descapotable.

George Sand, lucia en el dedo anular una gruesa alianza de oro blanco, en cuyo interior se leía la inscripción; “Siempre protégeme”. Se dice que cada vez que la diaria lucha por la vida se le hacía insoportable, pasaba su anillo con fuerza por la piel hasta que éste se calentaba, y así recuperaba sus ansias de lucha.

Edith Piaf, llevaba siempre en su mano izquierda un pequeño anillo de oro muy delgado, se decía que ella le otorgaba dones mágicos y que jamás salía a cantar si él. Muchas veces, cuando la gente alababa su magnífica voz, ella sonreía y decía que era gracias a un pacto que había hecho con el diablo, a la vez que mostraba su alianza trenzada.

Lucrecia Borgia vivía pendiente de sus anillos. Algunos le servían para llevar el veneno que luego distribuía a sus enemigos. De estos anillos perfumeros el más célebre era una sortija de oro con una amatista tallada. Era un anillo muy llamativo.
Se cuenta que, como su carácter era muy fuerte, cierta vez que tuvo una violenta discusión con su hermano mientras paseaba por los jardines, en un gesto de furia, lanzó el anillo contra un seto, luego arrepentida, pensando que aquello podía ser un mal presagio, se dispuso a buscarlo sin encontrarlo, al día siguiente, prometió una fuerte recompensa a quién lo encontrase.
Sus sirvientes recorrieron el jardín palmo a palmo, al no poder dar con la sortija, Lucrecia entró en una profunda depresión, e interpreto la pérdida del anillo como un mal augurio.
En efecto al poco tiempo de haberla perdido murió.

6 comentarios :

Merce DICE

Bueno... anillos, no hay nada que me guste más que un anillo, de hecho no suelo usar pendientes, muy rara vez colgantes, sí alguna pulsera, pero no salgo a la calle sin un anillo... eso sí, tienen que ser grandes, cuanto más grandes mejor...

La primera vez que oí como murió Isadora Duncan me quedé perpleja. Muertes de esas son las que me hacen pensar lo poco que realmente "valemos"

Un beso

Ana DICE

Merce, me pasa lo mismo que a ti, tengo verdadera obsesión por los anillos, y cuanto más voluminosos mejor, te aconsejo que vayas a Egipto por muchas cosas, pero en cuestión de anillos te volverías loca, y baratos.

Un beso.

Do the Doo dah DICE

Desde hace rato he querido leer a George Sand... a ver si pronto se me hace. Yo los únicos anillos que tengo son los de mi planeta, me gusta salir a pescar algunos de pronto; quitan el stres y son contra el dengue!

Ana DICE

do the doo dah, si quieres leer algo de George Sand, algo he escrito; http://noloseytu.blogspot.com/search?q=george+sand
No sabía eso de los planetas, siempre se aprende algo.
Gracias por tu visita y tu comentario.
Un beso.

Anónimo DICE

lo nesesito

Ana DICE

Anónimo, si los necesitas, buscalos, puede que encuentres alguna réplica de alguno de ellos. Un beso.