23 de abril de 2013

ANÉCDOTAS DE ARQUÍMEDES



Arquímedes (287-212 a. C.), el gran sabio griego del famoso principio que lleva su nombre según el cual “todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja”, era un curioso, lo que le llevo a protagonizar muchas anécdotas.

En una ocasión el rey Hirerón II, en cuya corte de Siracusa servía Arquímedes, le pidió que comprobase si el joyero que le acababa de hacer una corona le había engañado, mezclando plata con oro, que realmente era de lo que tenía que estar fabricada la pieza.

Arquímedes no sabía cómo podría comprobarlo. Un día, al sumergirse en una pileta en una casa de baños, se dio cuenta de que cuantas más partes de su cuerpo introducía en ella, más se desbordaba el agua.

Con esa acción tan simple, llego a la conclusión de que un volumen igual de dos materiales distintos sumergidos en un mismo fluido desplazarían un volumen de éste diferente según fuera su peso específico. Como el oro pesa más que la plata, pudo comprobar si el orfebre era honrado o no.

Según cuentan, contento por el descubrimiento, Arquímedes salió corriendo desnudo a la calle gritando su famoso grito “Eureka”.

Para desgracia del orfebre, Arquímedes, demostró las sospechas de Hierón II, la corona era falsa.

En otra ocasión, Arquímedes dijo; “Dadme un punto de apoyo y moveré el cielo y las estrellas”. Como Hierón II le pidió que demostrase esa tesis, Arquímedes, con ayuda de unas poleas, hizo que el rey levantara con su mano la proa de un barco cargado, en el puerto de Siracusa.

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