29 de octubre de 2009

LA CONVERSIÓN DE CRISTINA DE SUECIA

La entrada en Roma de la reina Cristina de Suecia convertida en católica fue espectacular, montada en un caballo blanco, fue recibida solemnemente por el Sacro Colegio cardenalicio, que le entregó las llaves de la ciudad sobre un cojín de terciopelo rojo.

Escoltada por dos cardenales y por la guardia suiza, siguió un itinerario por las calles, llenas de flores y tapices.

Miles de personas se agolpaban en la Plaza de San Pedro, que la vieron entrar en la Basílica, donde admiró el baldaquino, recientemente acabado por Bernini.

Más tarde fue recibida en audiencia en la Sala Regia del Vaticano, por el papa Alejandro VII, ante quién se arrodilló tres veces, le besó el pie y la mano y expresó su alegría en la conversión.
El papa respondió que su conversión tenía un gran valor para la iglesia y era aclamada en el cielo y en la tierra.

En las Navidad de 1655, asistió a la misa papal y tomó la comunión. Alejandro VII le ofreció un banquete en el Vaticano. La tradición impedía a un papa compartir la mesa con una mujer, por eso la reina fue instalada en una mesa cubierta por un baldaquino común, lo que le permitió conversar con el papa con libertad.

El 27 de diciembre, Cristina recibió la confirmación de manos del pontífice.

4 comentarios :

Georgells DICE

Gracias por el relato Ana, aunque me quedó con más dudas aún... ¿Cómo fue que decidió convertirse? ¿Qué le llevó a tomar la decisión? ¿Qué pasó después? ¿Hubo cambios en sus alianzas debido a su postura?

La escena de la charla entre ella y el Papa me hace pensar en una de "El Padrino..."

Abrazo!

G.

Ana DICE

Georgells, tienes toda la razón he empezado la casa por el tejado, espero que con el escrito hoy se despejen un poco tus dudas.
Un beso.

don Gerardo de Suecia DICE

Hola Ana y todos los otros que vienen a este sitio de comentarios!
La reina Kristina pienso que era una persona incapáz de reinar nuestro país. Daba donaciones a los ricos y cosas así.
Su padre Gustavo II Adolfus luchaba entre otras cosas para defender la fé protestántica en la guerra de Treinta Años. Es una ironía que su hija sa convertió.
Así es, no era una reina muy grande en nuestra historia.
Dice un sueco.

Ana DICE

Gerardo, pues si que es una ironía que se convirtiera. Gracias por tu visita y tu comentario. Un beso.