EL SIMPOSIO GRIEGO

Los invitados a estas fiestas eran siempre hombres, las mujeres no asistían al banquete, pero admitía a hetairas, más o menos refinadas, y también a danzarinas. Los sirvientes despejaban las mesas, coronaban a los huéspedes con coronas de hiedra y pámpanos, derramaban sobre ellos perfumes y escanciaban por turnos el vino. Entonces se elegía un árbitro para las charlas.
Se creaba un ambiente muy placentero, donde los simposiastas, comentaban sus ocurrencias, y conversaban sobre todo de amor y política. Las charlas simposíacas eran para los griegos, parlanchines y discutidores, fuente de intensos placeres. Incluso creían que en el Más Allá habría tertulias por el estilo, y que en el Olimpo, los dioses disfrutaban de banquetes parecidos.
4 comentarios :
¡Qué me gusta a mí una sobremesa!
Cada año asisto al menos a 5 ó 6 simposios... y créeme ¡no tienen naaaaada que ver con los Griegos!
Qué lástima en verdad. Creo que si se organizaran como eran antaño serían mucho más entretenidos.
Abrazos Centrífugos!
Merce no hay nada como una buena sobremesa, sobre todo si después hay un buen postre...
Un beso.
Centrifugo que pena que eso haya cambiado con lo divertidas que parecen esas tertulias.
Un beso.
Publicar un comentario