14 de agosto de 2008

LAS MUJERES Y LAS HEREJÍAS

Muchas mujeres como las beguinas (que vivían en comunidades, no monásticas) de vida devota, encontraron en las herejías el modo de dar salida a sus inquietudes espirituales y liberarse de la represión social, pero en poco tiempo la iglesia consiguió atajar esta vía de escape.

El 1 de junio de 1310 moría en la hoguera en París, Margarita Porete, beguina nacida en torno a 1250 y autora del tratado de mística, “El espejo de las almas simples”.

Margarita defendió la doctrina del Libre Espíritu en la Francia de finales del siglo XIII, y aunque su libro fue quemado en su presencia en 1306, se negó a retractarse.

Guillerma, llegó a Milán en torno al año 1262, y murió allí en 1282.
Casi veinte años después, en 1300, su cuerpo fue desenterrado y quemado en la plaza pública.

Defensora de la teoría de las Tres edades (la del padre, la del hijo y la del espíritu, referidas a las personas de la Trinidad), Guillerma creía que la última era la edad del amor, en la que la encarnación del Espíritu Santo se uniría a la de Cristo para ser una sola y encarnar tanto a hombres como a mujeres.

Guillerma no creó una escuela ni una comunidad religiosa, pero sus seguidores, “los guillermistas”, defendieron la instauración de una iglesia sin jerarquías ni ritos, donde las mujeres ocupasen los cargos eclesiásticos.

Los dirigía una de sus seguidoras, Maifreda, una papisa con funciones sacerdotales que antes había pertenecido a los umiliati.

El 10 de abril de 1300, retando al proceso inquisitorial que se había iniciado contra ellos, en 1284 y que acabaría condenándolos, Maifreda celebró la misa de Pascua vistiendo hábitos sacerdotales y siguiendo paso a paso la liturgia.

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