26 de mayo de 2017

LA ARMADA INVENCIBLE Y LA RELIGIÓN


Los tripulantes de la Armada Invencible, además de preparar el cuerpo debían preparar el alma. Una vez a bordo, quedaban prohibidos todos los comportamientos indecorosos: lenguaje obsceno y grosero, prohibición de blasfemar, tratar con prostitutas, etc., cualquiera de esas conductas ofendía a Dios.

Durante las travesías se obligaba a la tripulación asistir a los oficios religiosos completos una vez al día. Estas misas las celebraban los 180 sacerdotes que acompañaban a la expedición. Al anochecer y al amanecer los grumetes cantaban la Salve y el Ave María junto al palo mayor de cada nave.

Las contraseñas se escogían por su significado religioso y en el estandarte de la Armada se podía ver, además de las armas reales, la imagen de la Virgen María y un Crucifijo, cruzado con las diagonales rojo sangre de la guerra santa. En la parte inferior aparecía bordado el grito de batalla: “Álzate oh, Señor, y haz valer Tu Causa”.

Desde que zarparon los barcos de la Armada Invencible, Felipe II y la familia real al completo dedicaba tres horas diarias a orar y pedir protección ante el Santísimo Sacramento.

25 de mayo de 2017

ORIGEN DEL MELOCOTÓN MELBA


El melocotón melba, es un postre que ha dado una gran fama al gran maestro Auguste Escoffier (1846-1935). Él mismo cuenta la historia de su origen:

“Cuando el junio de 1900 dediqué ese delicioso helado a madame Melba, hacía tiempo que la conocía. Durante sus dos temporadas de ópera en el Covent Garden, en los años 1892-1893, se había hospedado en el Hotel Savoy de Londres. Asistiendo una noche a la representación de Lohengrin, la entrada del cisne, que aparecía majestuoso en escena, me inspiró la idea de hacer una sorpresa a la gran cantante, a fin de testimoniarle mi admiración y la satisfacción de la velada que había pasado escuchando su maravillosa voz.

Al día siguiente, habiendo invitado la señora Melba algunos amigos a comer, aproveché la ocasión, y les serví en una gran fuente de plata un hermoso cisne tallado en un gran bloque de hielo; entre las alas coloqué los melocotones pochados en almíbar reposando sobre un lecho de helado de vainilla y cubrí los melocotones con un velo de azúcar hilado.

El efecto fue sorprendente, y la señora Melba se mostró muy agradecida a mi gentileza. La artista, a quien no había vuelto a ver hasta últimamente en París, en el Hotel Ritz, durante nuestra conversación me habló de mi inspiración culinaria de aquel tiempo; por consiguiente, ella ha guardado siempre el recuerdo.

Durante ese intervalo comprobé que los melocotones simplemente acompañados de helado no me convencían; me parecía que les faltaba algo; ese algo era el perfume tan fino de las frambuesas frescas. El conjunto de helado a la vainilla, los melocotones y la frambuesa fue la solución del problema.

Es así que en la apertura del Carlton Hotel, de Londres, dediqué a la célebre cantante mi creación: El melocotón Melba”.

24 de mayo de 2017

VAQUEROS Y GANADO


Después de la Guerra de Secesión había en Texas multitud de ganado. Al final de la guerra su precio había bajado a cuatro dólares por cabeza. Esos bueyes que no valían nada invadían Texas, y por el otro, el resto del país pedía carne de buey, pero no había ferrocarril para transportarla.

Así pues, se conducía a los bueyes a lo largo de las pistas que atravesaban cientos de millas de tierras salvajes llenas de indios. En 1866 el primer rebaño de Texas cruzó el río Rojo. En 1877 se fundó la ciudad de Abilene al final del Kansan Pacific Railroad, y a partir de ese momento la ruta quedaba abierta, y grandes rebaños fueron cada año hacia el norte. Acababa de nacer el cow-boy.

Las primeras brigadas que se lanzaron era duras, había solo tres o cuatro caballos por cada hombre, no había tiendas y muy pocas capas impermeables. Los muchachos no protestaban nunca, pues se habían criado en un medio idéntico al que encontraban en las rutas. En sus hogares su único menú era maíz y bacon, suelo de tierra en las casas y ni el más mínimo lujo. La mayoría de ellos venía del Sur, eran bandas de salvajes y de pendencieros.

Se cubrían con grandes sombreros de castor de ala ancha, de color negro o marrón y de copa baja, vestían camisas de fantasía, botas de altos tacones y en ocasiones una especie de guardapolvos.

A medida que el negocio prosperó, se produjeron grandes cambios en sus vestimentas. El sombrero Stetson blanco, de copa alta, sustituyó al anterior, las camisas seguían siendo de fantasía con bolsillos y pantalones californianos de rayas o cuadros, fabricados en Oregon City, los mejores que se hacían para montar a caballo. También aparecieron los impermeables.

Los viejos Colts con cañón de doce pulgadas se sustituyeron por otros de cañón de seis pulgadas o de siete pulgadas y media.

23 de mayo de 2017

TUS SUEÑOS CONMIGO


Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. 

Mario Benedetti

22 de mayo de 2017

PAN


Antes de elaborar pan el hombre se comía el trigo en grano, sin ninguna preparación. Triturado con dos piedras, el resultado era unos granos a medio partir, lo mezclaban con agua y el resultado era una pasta gruesa que cocían entres dos piedras calientes, dando forma de tortas.

Posteriormente amasaban y cocían el pan en casa, no existía la profesión de panadero, eran las mujeres las que lo hacían. Según las tradicionales recetas hebreas, a los panes les añadían manteca de vaca, unto de ganso, huevos y miel. Estos panes no se horneaban se cocían entre discos de bronce.

En la antigua Roma se alimentaban de trigo cocido, tomándolo en papilla, tardaron mucho en adoptar el sistema de panificación practicado por los griegos, sistema que aprendieron de los egipcios. Parece ser que fueron los egipcios los primeros en panificar la harina de trigo.

Los griegos fueron los primeros en utilizar los molinos a brazo y construir hornos. las primeras panaderías que hubo en Roma eran de griegos, que tenían fama de hacer el mejor pan. Más tarde los romanos aprendieron a hacerlo y se constituyeron en gremios. Se les concedían privilegios y facilidades para que no faltara nunca el pan. Los panaderos no tenían vacaciones y tenían que casarse entre ellos, para que los hijos siguieran el oficio de sus padres. La institución de la panadería pasó de Roma a las Galias y de éstas a España.

Alejandro Dumas contó una anécdota sobre el pan:

“Un parisién, hallándose en Alemania, fue invitado a comer en una casa. A las seis se presentó, y vio una mesa lujosamente preparada para doce comensales, llamándole la atención los diminutos pedazos de pan colocados en los cubiertos.

Pasado un cuarto de hora empezó a apretarle el hambre, y, viendo que no acudía nadie, pensó: -Estoy en casa de un amigo, y no creo se moleste porque me coma un pedacito de pan; así podré aguantar un rato, pues no puede tardar en llegar.

Al cabo de un rato: -Voy a comer otro pedacito, y luego otro, y así sucesivamente hasta terminar con todo el que había en la mesa. Cuando llegaron los dueños de la casa les manifestó que era él quien se había comido el pan.

Se sentaron a la mesa y no echándolo de menos, se pasaron perfectamente sin el pan. No así el parisién, que, a pesar de todo el que había comido, ceno opíparamente y hubiese querido más”.