24 de julio de 2017

EL NEGOCIO DE LAS ESPECIAS


Durante siglos se denominaban especias a las plantas originarias del extremo oriente, especialmente las que llegaban de las Islas Molucas, más conocidas como Islas de las Especias. Su uso no solo era como condimento, en ocasiones eran ingredientes de preparados medicinales.

En la Edad Media el comercio de especias lo lideraban los árabes que las compraban en la India y las llevaban hasta los puertos del Mediterráneo oriental donde las revendía a los comerciantes italianos que las distribuían por Europa. Era tan enorme el negocio que los árabes procuraban mantener a los comerciantes europeos alejados de sus rutas comerciales, de esa forma evitaban la competencia.

Lo complicado de la ruta desde Asia, fuese por tierra o por mar, elevaba el precio de las especias, por cada mano que pasaban, subían más y más el precio, así que, cuando llegaban a los consumidores europeos era casi imposible comprarlas. Eran tan caras que, en la Edad Media, un saco pequeño de pimienta costaba el salario de un trabajador durante toda su vida. La vendían grano a grano y en ocasiones se llegó a utilizar como forma de pago.

Los portugueses, en los siglos XV y XVI intentan hacerse con el negocio buscando rutas alternativas para llegar a las Indias. Lo consiguieron. En el siglo XVII serían los holandeses quienes llevaban las especias a los puertos europeos. La ruta de Vasco de Gama hizo que bajara el precio de las especias, aunque el viaje era muy largo y peligroso, se evitaron los intermediarios.

23 de julio de 2017

LA TIJERETA-JHUGUAY YETAPÁ (LEYENDA GUARANÍ)


Tupá había decidido que las almas de los que morían y que debían llegar al cielo, lo hicieran volando con unas alitas que él enviaba a la tierra por medio de sus emisarios. Para los mortales esas alitas serían invisibles. Una vez que el alma llegaba al ibaga (cielo), Tupá destinaba esa alma a un ave que él creaba, de acuerdo con las características que hubiera tenido en vida la persona a quien pertenecía.

En un pueblecito guaraní vivía Eíra (miel) con su madre. Ésta había quedado imposibilitada, dependía para todo de su hija, que se dedicaba a cuidarla, además de ganarse la vida trabajando, era costurera. Para tener a mano la yetapá (tijeras), las llevaba colgadas a la cintura con un cordón negro, sobre su delantal blanco. Nunca le faltaban vestidos que coser, así que era muy normal verla con telas y tijeras, cortando vestidos. Las tijeras formaban parte de ella misma. Por las mañanas se levantaba, se vestía y se colgaba las tijeras a la cintura.

Una noche su madre murió. Desde ese momento se dedicó con ahínco a la costura tratando de distraerse de la pérdida de su madre, tan triste estaba que no tenía ganas de seguir viviendo. Poco tiempo después enfermó de pena y dolor, tan gravemente que murió.

Éira había sido siempre buena hija, trabajadora y excelente persona, por lo que Tupá llevo su anga alma) al cielo. Allí creó para albergarla un pájaro de plumaje negro, con la garganta, el pecho y el vientre blancos. Omitió los matices alegres y brillantes considerando que su vida había sido humilde, opaca y oscura, aunque llena de bondad y sacrificio.

Cuando Tupá terminó su obra, Éira se miró y miró a Tupá con intención de pedirle algo. El Dios bueno, que sabía su intención, le dijo para animarla:
- ¿Qué deseas, Éira? ¿Qué quieres pedirme?
Ella le contesto:
-Tupá…Dios bueno que complaces a los que te aman y respetan… yo desearía…
- ¿Qué es lo que quieres Éira?
-Tú sabes que durante toda mi vida solo al trabajo me dediqué y quisiera tener un recuerdo de lo que me ayudó a vivir…
-Dime, entonces… ¿Qué es lo que desea?
-Yo desearía tener una tijerita que me recordara la que tanto usé en mi vida en la tierra y que me ayudo a mantener a mi madre…

Tupá acepto la petición de la muchacha, y tomando las plumas laterales de la cola las estiró hasta darle la apariencia de una yetapá, otorgándole, además, la propiedad de abrirlas y cerrarlas a su voluntad, tal como hiciera durante su etapa de costurera.

Por el parecido que tiene la cola de esta ave con las tijeras, se le llama “Jhunguay-Yetapá” (tijereta).

22 de julio de 2017

PRIMEROS VIKINGOS


Sobre el año 1000 surgieron los primeros vikingos, tenían aterrorizada a la población cristiana. Al principio se le veía como unos anticristos, pero pronto se los identificó como gentes que bajaban del Norte; Normandos. Cuando se les conoció un poco más, se vio que todavía eran más temibles cuando celebraban sus banquetes, orgias de vino y sexo que siempre acababan en finales trágicos. En 1002 secuestraron al arzobispo de Canterbury, una noche, excitados y borrachos, lo mataron a golpes, esparcieron los huesos sobre la mesa del banquete y siguieron con la fiesta.

Su primer ataque conocido, fue contra la rica abadía de Lindisfarne, una isla entre Inglaterra y Escocia. Aparecieron de repente en la playa con sus barcos, saltaron a tierra unos hombres armados y sin mediar palabra asesinaron a todos los monjes y saquearon los bienes del monasterio. Seguidamente mataron a todos los habitantes de la isla, quemaron sus casas y se hicieron a la mar. Aparecían en cualquier momento y en cualquier lugar, nadie se sentía a salvo a menos de 20 leguas de la costa. En ocasiones remontaban los ríos, para aparecer por sorpresa.

A mediados del siglo IX llegaron medio centenar de naves vikingas por la ría de Arousa, pero las tropas asturleonesas las atacaron en A Coruña. Los supervivientes volvieron a sus barcos y siguieron bajando por la costa atlántica.

Al final los vikingos sucumbieron, no ante las armas, sino ante el empuje de la religión cristiana. En el año 1000, la Asamblea Suprema islandesa declaró el cristianismo religión oficial del pueblo, y durante los dos siglos siguientes se convirtieron multitud de daneses, suecos y noruegos.

21 de julio de 2017

PASIÓN EN CUBIERTA


Éramos el uno para el otro, tan compatibles que asustaba, sin embargo no estábamos destinados a estar juntos y eso sí que dolía... Me fui y no hiciste nada para detenerme. Ahí fue cuando entendí porque el mar arroja cosas a la orilla y jamás las reclama... Porque no le importan.

20 de julio de 2017

LA MATANZA DEL CERDO EN LA EDAD MEDIA


En la Edad Media las matanzas se celebraban el 11 de noviembre, coincidiendo con la festividad de San Martín de Tours. En todos los pueblos y aldeas se solían sacrificar cerdos, que cebaban previamente, con el objeto de obtener carne y embutido que les aportasen calorías para ayudarles a pasar el frío del invierno.

Los campesinos, además de a la agricultura, se dedicaban también a criar animales domésticos. Eran consumidos por sus propios dueños, formando parte de la economía rural. El cerdo tenía mucha importancia en los hábitos de la alimentación de toda Europa. Cuidar cerdos en el bosque y alimentarlos con las bellotas o castañas de los árboles era una práctica habitual. También lo era organizar el rebaño porcino levantando un corral alrededor de un gran árbol que proporcionase alimento y, cuando las bellotas se agotaban, hacer lo mismo en otro árbol.

Tanta importancia tenía el cerdo, que cuentan muchas anécdotas como la de utilizar el número de cerdos para medir la extensión de un bosque. Se realizó un censo en el siglo X, en Italia, que clasificaba un bosque diciendo que en él había distribuidos 1.672 cerdos.

Por esa razón, el oficio de pastor de cerdos era muy bien valorado y existía una categoría superior que era la de “magister porcarius”, o maestro jefe de los pastores de cerdos, tenían el mismo nivel que un maestro artesano. De él dependía los pastores y ayudantes. Por debajo estaban el maestro de cabras y el de ovejas. Cuando una parcela se donaba, en ella iban también incluidos todos los pastores.

De la matanza del cerdo, como en la actualidad, se aprovechaba todo. Las morcillas eran una exquisitez que solía reservarse a la nobleza y el clero, lo mismo que el botillo de El Bierzo, su nombre deriva del latín “botellus” (intestino). Para el pueblo llano se reservaban los menudillos y la manteca de cerdo, conocida como unto.