22 de junio de 2018

CONTIGO Y SIN TI



...y también me dijeron que ahora besas con los ojos abiertos, porque si los cierras aparezco yo...

Amante de las letras

21 de junio de 2018

SOBRE ALIMENTOS


El chocolate era considerado una tentación del diablo. Durante el siglo XVIII, en América Central, no se permitía que nadie lo bebiera, solamente podían hacerlo los de más de 60 años. Los que no seguían la norma eran amenazados con la excomunión.

El vinagre era el ácido más fuerte conocido en la antigüedad.

Durante su presidencia de los Estados Unidos, Rutherford B. Hayes (1877-1881), prohibió todos los vinos y licores en la Casa Blanca. Su esposa era conocida como Lucía Limonada. A escondidas del matrimonio, el mayordomo añadía alcohol al Ponche Romano, una especie de sorbete elaborado con jugo de limón, azúcar y claras de huevo. Se servía en mitad de la comida para refrescar, este ponche fue conocido como “La Estación Salvavidas”. El presidente nunca lo descubrió.

Dos semanas antes de finalizar su segundo período como presidente de los Estados Unidos, Andrew Jackson ofreció una recepción pública. Le habían regalado los lecheros de Nueva York un enorme queso que pesaba 635 kilos, y el público fue invitado a comerlo. El queso gigante, de 1,22 metros de diámetro y 61 cm de grosor. Se lo comieron en dos horas.

El té no fue introducido en las colonias americanas antes de 1714, entonces ni el té ni el café eran las bebidas más populares. El chocolate era la bebida sin alcohol preferido, junto con el ron en Nueva Inglaterra y la cerveza en las colonias centrales.

Las bebidas carbonatadas se hicieron famosas en 1832, después de que John Mathews inventó un aparato para cargar el agua con gas de bióxido de carbono. Parece ser que el primer refresco carbonatado fue elaborado en Filadelfia en 1807, cuando el doctor Philip Syng Physic pidió a un químico que preparase agua carbonatada para un paciente. El sabor se agregó para hacer la bebida más agradable.

A pesar de que en habitual en la pintura del Renacimiento, no se comieron naranjas durante la Última Cena, en ese tiempo no había. Los cruzados, al volver de Tierras Santas, dijeron haberlas visto, por lo que Tiziano, Botticelli y otros pintores de la época, las pintaron. En ese tiempo los cítricos habían sido introducidos desde China a los países mediterráneos.

20 de junio de 2018

MADAME D'AULNOY EN EL CASTILLO DE LERMA


Marie-Catherine le Jumelle de Barneville, baronesa d’Aulnoy (1651-1705) fue una escritora francesa, es conocida por sus cuentos de hadas y por sus relatos de su viaje a España, que fue escrito en el año 1679.

En su visita al castillo de Lerma, Burgos, dice lo siguiente:

“Los españoles estiman el castillo de Lerma y lo alaban como una maravilla, concediéndole casi la misma importancia que al Escorial; es un edificio y un lugar ciertamente digno de atención.

Está situado en una pendiente y formado por cuatro cuerpos y dobles hileras de pórticos que cierran el patio central y dan paso a los vestíbulos y a varias dependencias; las ventanas se abren sobre la campiña. Rebajan el mérito de la construcción pequeños torreones terminados en punta de campanario, adheridos a los cuerpos principales y que, lejos de servir de ornamento, afean el conjunto.

Las habitaciones son muy espaciosas y están doradas con esplendidez; el castillo tiene un hermoso parque, atravesado por un río y regado por varios arroyuelos, árboles frondosos en verano dibujan sus orillas y descubrí a poca distancia un espeso bosque”.

19 de junio de 2018

RAREZAS MÉDICAS


En la obra médica medieval “Thesaurus pauperum”, de Petrus Hispanicus, recomiendan para las hemorragias genitales de las mujeres colocar, en la boca de la matriz, estiércol de cabra y cabezas de puerros bien machacados, también recomiendan un emplasto con ranas muy bien calcinadas y mezcladas con pelos y estiércol de liebre, caldo de cabeza de vaca bien cocida y gusanos de tierra.

Hace dos mil años se utilizaban polvos de cráneo o cerebro humano como antiepiléptico; sangre humana como anticonvulsivo y vigorizador, antihemorrágico y antiasmático; la sangre menstrual contra la gota; la leche humana para tratamientos de irritaciones oculares y el dolor de oídos; la orina para la hidropesía; la grasa humana para el reumatismo, dolores articulares y para enfermedades de pulmón; destilaciones de cabello humano en casos de desmayo o calvicie; raspaduras de uñas de manos y pies como emético; la piel humana para tratar las cataratas y afecciones oculares; la saliva humana en afecciones de córnea o como antídoto en veneno de animales; el corazón humano para la epilepsia y la parálisis de las extremidades.

Las deposiciones tenían mucha importancia en la medicina medieval. Alberto Magno (1193-1280) escribió en su curioso “Tratado de las heces”: “Como el hombre es la más noble de las criaturas, sus excrementos tienen también una propiedad particular y maravillosa”. También dice: “Aunque naturalmente se siente repugnancia en beber la orina, no obstante cuando se bebe la de un hombre joven y de buena salud no hay remedio más soberano en el mundo”.

A principios del siglo XIX, Francia importaba, al año, entre treinta y cuarenta millones de sanguijuelas. Eran utilizadas por los médicos para eliminar la sangre de las mordeduras de serpiente, y también como anticoagulante en cirugía plástica y de reimplantación de extremidades semiamputadas. Debido a la demanda, estos bichitos llegaron a estar en peligro de extinción.

18 de junio de 2018

GIOVANNI ALDINI Y SUS EXPERIMENTOS


El profesor Giovanni Aldini (1762-1834) estaba fascinado por la electricidad como causa de la vida. Era sobrino de Giovanni Galvano, que editó en 1791, con notas suyas, un tratado de la electricidad muscular. Aldini recorrió varias veces las capitales de Europa para dar a conocer y demostrar los efectos médicos de la electricidad en el cuerpo.

La parte principal de su obra científica giraba en torno al galvanismo y a sus aplicaciones en medicina. Sus demostraciones eran muy fuertes, por ejemplo le aplicaba sacudidas eléctricas a cadáveres.

La demostración más célebre tuvo lugar en 1803 en la prisión de Newgate, Londres. Conectó los hilos de una pila de Volta de ciento veinte placas de zinc y casi las misma de cobre en la boca y el oído del cadáver de George Foster, un asesino que había sido ahorcado recientemente. Según los que lo vieron, el rostro de Foster empezó a gesticular, la mandíbula se movió temblorosa y, al final, guiñó un ojo, el izquierdo.

El calendario de Newgate, un libro en el que se narraban historias sobre los criminales que habían pasado por esa cárcel, se podía leer sobre este experimento:

“En la primera aplicación del proceso a la cara, las mandíbulas comenzaron a temblar y los músculos adyacentes se retorcieron horriblemente, de hecho un ojo se abrió y guiñó. En la parte final del proceso, la mano derecha se levantó y se contrajo, mientras las piernas y los muslos comenzaron a moverse compulsivamente”.

Algunos de los que lo observaron pensaron que Aldini estaba resucitando al asesino.