CRUCERO POR EL NILO

Las motonaves son pequeños pueblos flotantes, hay de todo.
Abres los ventanales del camarote y es alucinante, estar tumbada en la cama y pensar que estas en el Nilo, y ver todas esas maravillas, de pájaros exóticos, plantas, Egipcios surrealistas, en barquita con un burro dentro, niños nadando, mujeres lavando la ropa.
El mío se llamaba Radamis III, y lo que más gracia me hizo fue en el té de bienvenida, porque me imaginaba al capitán de la motonave una especie del Capitán Stubin, de vacaciones en el mar, y sale un señor de lo más normal con su chilaba puesta, que parecía más un cantante folklorico Egipcio, que un capitán de barco.
Los amaneceres y atardeceres son lo nunca visto.
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