LOS HIJOS DE STALIN
Stalin adoraba a su única hija, Svetlana, a quien llamaba “mi
gorrioncillo”. Con el cabello rojizo y las pecas de su madre, Svetlana
describía el orgullo con que su padre la miraba cuando ella conducía un coche: “Se
sentaba a mi lado, con una sonrisa de oreja a oreja. No se creía que supiera
conducir”. Incluso cuando pidió asilo en los Estados Unidos se negó a condenar
del todo a su padre, debido al amor y respeto que sentía por él.
Por el contrario, Stalin trataba a su primogénito, Yäkov, con tal dureza que de joven intentó suicidarse. Sobrevivió, pero Stalin se desentendió del asunto: “no sabe ni apuntar bien”, declaró. Yäkov formó parte del Ejército Rojo y fue capturado en la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes propusieron un canje de prisioneros, él en lugar del mariscal Friedrich Paulus. Stalin rechazó la oferta. Yäkov se mató lanzándose contra la alambrada electrificada del campo de concentración.
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