GARROTE VIL
El Real Decreto de 28 de abril de 1832 se sustituyó en
España la muerte en la horca por la de garrote o garrote vil. Esta modalidad en su versión
moderna, consistía en un palo fijo adosado a un banquillo en el que sentaba el
reo, y que tía a la altura del cuello del condenado un corbatín de hierro
ajustable a su garganta; por detrás del poste había un pequeño torno con una
manivela que, al ser accionada, introducía una especie de punzón en el bulbo
raquídeo del ajusticiado, produciendo una muerte, en teoría, casi instantánea.
En 1959, después de la ejecución de José María Jarabo, en la
prisión de Carabanchel, que duró más de quince minutos, se formó una comisión
médica para analizar a fondo la técnica del garrote. Llegaron a la conclusión
que la muerte por garrote era uno de los procedimientos más eficientes y
rápidos para el cumplimiento de la pena capital.
Los últimos ejecutados en España mediante el garrote fueron
Heinz Chez, acusado del asesinato de un guardia civil, y Salvador Puig Antich,
declarado culpable de la muerte de un inspector de la Brigada Político Social
durante el atraco a un banco. Ambos murieron el 2 de marzo de 1974.
Además de en España, la muerte por garrote se ha utilizado
en Portugal, Cuba, Bolivia, Puerto Rico y Filipinas.
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