23 de febrero de 2011

HISTORIAS DE REYES



Las dos hijas de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, eran ligeritas de cascos. Una de ellas, la bella y fria Ana Isabel, apodada la loba, se casó con Eduardo II de Inglaterra, que era un reconocido homosexual. Con su amante Roger de Mortimer, reclutó un ejército, invadió Inglaterra e hizo prisionero a su esposo. El 21 de septiembre de 1327, Eduardo fue asesinado por sus captores, después de ser empalado con un hierro candente en el castillo de Berkeley, Gloucestershire. El cadáver que no mostraba signos de violencia, fue presentado al público y enterrado con todos los honores, como si nada hubiera pasado.

Jorge I, hijo de Ernesto Augusto de Hannover y de Sofía, fue criticado por los ingleses no sólo por hablar solamente en alemán, sino porque elegía a la mujeres más feas y fofas como amantes. Algunas eran tan horribles que fueron apodadas como; bruja, palo de mayo, elefanta. Esta última fue su amante preferida y, resultó ser su hermanastra.

Napoleón aparte de patear a los caniches de su esposa Josefina, le mandaba cartas subidas de tono pidiéndole que no se bañara, para poder gozarla “conservada en su jugo”. Su fobia al baño se la inculco a sus soldados, cuyo hedor se podía detectar a mil leguas.

Guillermo el silencioso (1533-1584), principe de Orange y Conde de Nassau, repudió a su segunda esposa Anna de Sajonia después de descubrir que ésta estaba embarazada sin haberle puesto una mano encima. Anna mantuvó una relación extramarital con Jan Rubens (padre de Peter Paul Rubens, el pintor barroco).

Ibrahim I el Desquiciado (1616-1648), sultán del imperio Otomano, hizo ahogar a las 280 mujeres de su harén en las aguas del Bósforo. Las concubinas fueron atadas a sacos cargados de piedras. Sólo se salvo una de ellas.

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