23 de junio de 2011

EL DIVORCIO EN LA ANTIGUA ROMA


El matrimonio en la Antigua Roma podía disolverse por varias razones:

Por la muerte de uno de los esposos- El viudo podía casarse inmediatamente, la viuda debía guardar luto durante diez meses, con la excepción de que el marido hubiera muerto condenado por un crimen. Si la mujer daba a luz durante ese tiempo el compromiso de rompía. Sólo el princeps podía conseguir dispensa.

Por pérdida de ciudadanía, por desaparición, por deportación y por cautividad.

Por divorcio- El divorcio no estaba bien visto socialmente, al final de la República y en el Imperio los divorcios se convirtieron en algo habitual.

El divorcio se realizaba de distintas formas:

Mutuo acuerdo (Stricto sensu).
Repudio de uno de los cónyuges (Repodium).
Impotencia.

La gran cantidad de repudios (sólo uno de los conyuges quería separarse) y divorcios (decisión conjunta) provocó una gran corrupción moral y Augusto a través de la ley Iulia de adulteris impuso que el repudio debía ser efectuado en presencia de siete testigos y con la participación de un liberto.

No se pudo eliminar , pero se le impusieron unos causales. Si el repudio era incausado se sancionaba al marido con la pérdida de la dote y ya no podía volver a casarse. Si igual se casaba, la esposa repudiada tenía la posibilidad de apoderarse de la dote que hubiera entragado la nueva esposa. Si era la mujer la que repudiaba sin causa, perdía sus bienes que pasaban al ex-marido, y además era deportada.

El divorcio de común acuerdo sólo era permitido si los esposos formulaban voto de castidad.

4 comentarios :

Chema García DICE

Qué interesante!!

Ana DICE

Chema, muchas gracias. Un beso.

profedegriego DICE

Enhorabuena por el blog, Ana;mis felicitaciones y ¡adelante!
Es interesante señalar, como addendum al post, el ácido comentario de Séneca en su obra " De beneficiis 3, 16 2-3, donde afirma que algunas damas patricias contaban los años no por el número de cónsules sino por el de sus maridos, en clara referencia a divorcios anuales como anuales eran los cónsules en su cargo. Y siempre quedaba el recurso de envenenamiento del marido, siguiendo los consejos de la famosa Locusta. En algunos momentos de la historia de Roma el número de viudas era tan elevado como sospechoso y fue necesario intervenir.
Pido disculpas por la extensión de mi comentario.
Un saludo y hasta otra ocasión.

Ana DICE

Profedegriego, no te disculpes me ha encantado tu addendum. Muchas gracias por tu visita y tu comentario. Un beso.