Los carpinteros, ebanistas y constructores de sarcófagos no utilizaban el clavo. Eran grandes maestros en el ensamblaje de tablas, mediante pequeñas espinas o cuñas de madera más dura, y en el uso de colas animales y vegetales. También utilizaban el atado con fibras obtenidas de intestinos de animales, fibras vegetales y, en ocasiones hilo de cobre.Los muebles una vez acabados se les ponía barniz, fabricado con óleo de cedro primero y más tarde con goma arábiga, extraída de la acacia. Se desconoce exactamente su composición final, pero ya fuera traslucido u opaco, incoloro o negro (imitando al ébano), el barniz, como la cera de abeja, era empleado como sustancia protectora de los muebles y de las pinturas con la que estaban decorados.
En el Valle del Nilo eran abundantes las arboledas de sicomoros, acacias, tamariscos, álamos, así que, la demanda de madera para la fabricación de muebles era suficiente. También se importaban lujosas maderas de cedro y pino de Oriente Medio, así como ébano africano que llegaba a través de Nubia.
Estos artesanos eran verdaderos artistas en la combinación de distintas maderas, como también lo eran en los delicados trabajos de taracea con incrustaciones de marfil, piedras preciosas, u oro. La manufactura del mueble alcanzó su máximo esplendor durante el Imperio Nuevo.




