Los sarcófagos eran las cajas mortuorias donde se colocaban el faraón a su muerte, depositándolo más tarde en su lugar de enterramiento.Con el tiempo fueron evolucionando los materiales con que se construían. En las primeras dinastías eran de piedra y más tarde, con el paso del tiempo, se llegaron a construir de oro macizo.
Durante el Primer Período Intermedio se produjo una proliferación de los ataúdes de madera. Estos estaban decorados con columnas multicolores que representaban las fachadas de un palacio o de casas, rodeados de textos jeroglíficos basados en los “Textos del Libro de los Sarcófagos”.
En el Imperio Medio los faraones se hicieron tallar sarcófagos de granito.
En el Imperio Nuevo, la decoración de los sarcófagos se alejó de su aspecto arquitectónico y se centró en los motivos geométricos. En esta época se desarrollaron los ataúdes antropomórficos ricamente decorados y adornados con dibujos del “Libro de los Muertos”.
Estos ataúdes se encajaban uno dentro del otro y, en el caso de los soberanos eran colocados en un gran sarcófago de piedra.
Durante el período saíta, los ataúdes antropomórficos eran de granito o basalto, la mayoría de las veces decorados con figuras e inscripciones procedentes de los antiguos textos funerarios; la tapa, tallada según la forma de la momia, estaba esculpida con una representación del rostro de su propietario.
Con el declive del Imperio Faraónico, la técnica de los sarcófagos llegó a simplificarse hasta construirse con papiros unidos, en los que la máscara de épocas anteriores se sustituía por un retrato sobre yeso del difunto.
En la época romana se utilizaba un retrato pintado en una tablilla y colocado a la altura del rostro.





