
Ayer se me ocurrió ir a la peluquería a cortarme las puntas.
Odio ir a la peluquería, no me gusta nada, para mí es estar perdiendo el tiempo, escuchando la vida de los famosos que salen en las revistas, o la vida de las peluqueras o las clientas.
Pero el problema es que le dije las puntas, y claro, se ponen a hablar y hablar y me corto media melena y encima cuando casi me da un ataque, solo decía;
-Mira los pelos del suelo, no te he cortado tanto.
Claro como no es su melena, que más le da a ella.
Lo peor vino luego, me dice;
-En vez de liso, te daré forma en las puntas.
Empieza a secarlo, y no sé a que le llamara dar forma, porque yo empiezo a verme las puntas con un volumen horrible, le digo;
-¿Esto bajara, no?
-Sí, enseguida baja.
La cuestión que al terminar de secármelo parecía Shirley Temple, que vergüenza por Dios.
Sí, sé que soy exagerada, pero el pelo para mí es muy importante. Me sabia mal decirle que me lo volviera a lavar y me lo alisase, después del trabajo de la pobre peluquera.
Solo pensaba como iba a salir a buscar mi coche, sin que nadie me viese. Al salir, me daba la sensación de que todo el mundo me miraba, aunque sé que no.
Llegue a casa, me lo lave y volví a ser la de siempre.





