El sol no sabe de bueno ni de malos.
El sol ilumina y calienta a todos por igual.
Quien se encuentra a sí mismo es como el sol…
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ESTORNUDO |
Durante siglos y siglos, el ser humano ha creído que a
través del estornudo se escapaba una parte del alma, haciendo un sobresfuerzo
para retenerlo, o al menos neutralizar cuando al final se escapaba.
Aristóteles e
Hipócrates decían que el estornudo era la reacción de la cabeza contra una
sustancia extraña ofensiva que se introduce por la nariz, dándose cuenta que,
cuando se asociaba a una enfermedad, presagiaba la muerte, por eso aconsejaban
neutralizarlo con bendiciones como: “Larga vida para ti”, “Que goces de buena
salud” y “Que Zeus te guarde”.
Muchos romanos pensaban que cuando una persona estornudaba,
el cuerpo intentaba expulsar los espíritus siniestros de enfermedades que
surgirían en el futuro, por lo que desaconsejaban retener los estornudos. Así,
el estornudo era seguido de toda clase de bendiciones e invocaciones. Esta costumbre
se mantuvo durante siglos, hasta que en el año 591, coincidiendo con una
epidemia que asolaba Italia, uno de cuyos primeros síntomas eran los estornudos,
el Papa Gregorio I aconsejó a los creyentes cristianos que, ante un estornudo,
hiciesen de inmediato una invocación como “Jesús” o “Que Dios te bendiga”.
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CREACIÓN DEL MUNDO |
Los judíos de la Edad Media calcularon que la fecha de la Creación
fue el 7 de octubre de 3761 a. C., punto de inicio de la cronología que se
sigue utilizando en el cómputo del número de años del calendario judío.
James Ussher (1581-1856), arzobispo de Armagh (Irlanda del
Norte en la actualidad), dio a conocer en 1658, después de más de catorce años
de estudios de las Sagradas Escrituras, en su obra Cronología Sagrada, la
sorprendente y tonta conclusión de que Dios creó el mundo por última vez a las 9
de la mañana del 26 de octubre del año 4004 a. C. Según él, los seres humanos
actuales no habían aparecido en la Tierra hasta la última Creación que comenzó en
esa fecha. Llegó a decir que el diluvio universal sucedió en el año 2400 a. C.,
y lo situó en la cuenca del Éufrates.
Impresionado por el análisis de Usser, el científico William
Whiston (1667-1752) quiso perfeccionar los cálculos y afirmó, después de un
exhaustivo estudio de las Sagradas Escrituras, que el diluvio universal tuvo
lugar el 18 de noviembre del año 1349 a. C. Este teólogo llegó a esas conclusiones
basándose en las edades de los antecesores de la humanidad enumeradas en el Génesis,
donde figuran todos los ancestros de los seres humanos desde Adán hasta Abraham.
Sumando todas las edades se llega al cálculo de los teólogos.
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HISTORIAS DE TIBURONES |
A pesar de la extraña forma de su cabeza, el tiburón
martillo ve hacia el frente igual que los demás tiburones, incluso ve mejor. Todos
los peces tienen los ojos en los laterales de la cabeza, pero el tiburón
martillo los tiene justo al frente, sin que una parte del morro le robe
visibilidad como al resto de los tiburones. La separación de los ojos también
ayuda al sentido de dirección eléctrico por el que se guían los tiburones. El tiburón
martillo come rayas; gracias a su sentido eléctrico puede encontrarlas, aunque
estén enterradas en la arena.
Unas cuantas especies de tiburón usan la bioluminiscencia
para confundir a sus presas. El tiburón más brillante es el tiburón pitillo, al
que le brilla toda la tripa, salvo una banda negra que tiene en el cuello. Así parece
bastante más pequeño al ver su silueta contra el cielo.
Los tiburones modernos aparecieron hace unos 100 millones de
años, pero hace 420 millones de años ya había primitivos. Uno de los primeros
fue el cladoselache, que vivió hace unos 370 millones de años. Hay fósiles bien
conservados que muestran su piel, músculos e incluso algunos de los órganos
internos. El cladoselache solo tenía unas cuantas escamas en el morro y en las
aletas, sus dientes eran poco afilados y se tragaba enteras a sus presas.
La mayoría de las especies de tiburón vive entre 20 y 30
años, pero se calcula que el tiburón ballena puede vivir hasta 100 años.
El marrajo dientuso, es un cazador de mar abierto que puede
alcanzar los 32 km/h, atrapando atunes.
La especie más pequeña de tiburón y que vive en las profundidades se llama “etmopterus perryi”. Se encuentra en el Caribe y no crece más de 20 cm.