23 de julio de 2008

LOS FANTASMAS DE PLANÍCIA

A mediados del siglo XVIII comenzó a comentarse entre los vecinos de Banyalbufar y Estellencs que en la finca del Rafal de Planícia se oían gemidos y ruidos de puertas y cerrojos.

El Marqués de Campo Franco, Nicolás de Pueyo y Pueyo, propietario de Planícia en el año 1763, avisado por los criados de los extraños fenómenos que allí sucedían, tras su experiencia particular escribió a Ventura Serra y Ferragut una carta:

“Se destinó para dormitorio mío y del cabo de guardias, don Guillermo Roselló, la torre del Rabal de Planícia, las inmediaciones están inhabitadas. La segunda noche de nuestro descanso, habiéndome acostado, el criado cerrado la puerta del cuarto y llevándose la llave, igualmente el cabo subido a su retiro y yo corrido el cerrojo a la puerta del suyo, empecé a gozar de un dulce sueño”.

“Al poco de acostarme, fui interrumpido por un alboroto, me asomé con recelo y curiosidad a fin de indagar la causa de ese estruendo. Me senté en la cama y empecé a sentir dentro de la habitación pasos, llamar con suavidad a la puerta”.

Ante los acontecimientos el marqués gritó: “¿Quién está ahí?
No obtuvo ninguna respuesta.
“Luego sentí ascender y descender por la escalera de caracol, de salto en salto los escalones, un cuerpo al parecer pesado y con grilletes en los pies, se acercó y me arrebató la bata que sobre el hombro izquierdo tenía”.

Mientras el marqués, volvía a la cama y se tapaba con mantas y sabanas.
“comenzó a correrse el cerrojo de la escalerita con mucha frecuencia. Creció con eso mi cuidado y mucho más al pronunciar una voz varonil: ¡Ay Jesús!, sin poder saber de donde salía y que llegaba como un gemido melancólico”.
La velada fantasmagórica también fue vivida por el cabo de guardias.

Desde aquella noche, cuentan los vecinos del lugar, que los hechos relatados por el marqués de Campo Franco se han repetido en centenares de ocasiones.

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