21 de octubre de 2019

LA RELIGIÓN Y SUS HISTORIAS


En uno de los mejores hoteles de Java, hay reservada perpetuamente una habitación con baño para la diosa del Mar del sur, Njai Loro Kidul.

El 25 de diciembre no se celebraba el nacimiento de Cristo hasta el año 440.

Francis Asbury, el primer obispo de la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos, recorrió 434 522 kilómetros en las zonas fronterizas, entre 1771 y 1816, predicando a los pioneros del Oeste Americano. Predicaba en cualquier lugar donde podía reunir a un grupo de gente.

En 1831, William Miller comenzó a predicar que el mundo iba a llegar a su fin el 3 de abril de 1843. Dijo que su descubrimiento estaba basado en un profundo estudio de la Biblia, y convenció a miles de norteamericanos. Cuando llegó el día, sus seguidores se reunieron en las cumbres de las colonias y en los cementerios, y esperaron. Muchos habían quemado sus bienes o los habían regalado. Cuando pasó el 3 de abril sin que pasara nada, Miller fijó una nueva fecha, el 22 de octubre de 1844. Muchos fieles seguidores se reunieron de nuevo. El movimiento Millerita declinó entonces. Los cínicos afirmaban que al llegar cada día el último del mundo, la leñera de Miller y su despensa se encontraban repletas.

Aferrándose a su creencia que solo el Señor da y solo el Señor quita, los mormones rehusaron la ayuda del gobierno de los Estados Unidos durante la Depresión de 1930.

En tiempos medievales se consagraban con frecuencia las campanas, para alejar a los malos espíritus. Como las tormentas se atribuían a obra de los demonios, debían tocarse las campanas tratando de detener las tempestades. Muchos campaneros murieron a causa de los rayos.

A pesar de que la Iglesia, durante el Renacimiento, reprobase lo oculto, como rayando en la herejía, el papa Julio II fijó el día de su consagración, en 1503, de acuerdo a cálculos astrológicos.

Aunque el budismo empezó y floreció en la India, en el año 1200 casi había desaparecido allí, pero había ganado numerosos seguidores en Ceilán, Birmania, Tibet, China y Japón.

20 de octubre de 2019

CANCIONES EN MI MEMORIA CXXXI


19 de octubre de 2019

MARY BARRETT DYER


Mary Barrett Dyer (1611?-1660) fue una cuáquera inglesa que por insistir en que los puritanos aplicaban sus leyes contra los cuáqueros en lugar de aceptar sus términos de libertad, fue ahorcada en el centro de Boston el 1 de junio del año 1660. Se convirtió así en la única mujer residente en las colonias norteamericanas que murió por la causa de la libertad religiosa.

Mary fue desterrada tres veces de la colonia de Massachusetts Bay debido a sus creencias; la segunda, con la amenaza que recibiría la muerte si volvía. En su tercera visita a Boston contempló como colgaban a dos cuáqueros; después fue llevada al cadalso para ser ejecutada también ella. En el último momento, cuando ya tenía el nudo corredizo alrededor del cuello, fue indultada para que volviera a su casa con la condición de no volver jamás.

Pero volvió de nuevo a Boston. De nuevo se le ofreció el indulto si permanecía lejos de la colonia, y de nuevo rehusó. En esta ocasión fue ejecutada en la horca por su desprecio a la ley de destierro de los cuáqueros.

En sus últimos minutos de vida, no se arrepintió. Escribió dos cartas contando su martirio, ambas se publicaron póstumamente. Esas cartas se han conservado.

18 de octubre de 2019

CEMENTERIO DE ELEFANTES


Algunas tradiciones africanas cuentan que los elefantes, cuando la muerte está cerca, abandonan la manada y, guiados por el instinto o la memoria colectiva de la especie, se dirigen a un lugar que solo ellos conocen.

Una vez que se encuentran en este antiguo cementerio, donde se amontonan las osamentas blanqueadas de sus ancestros sobre varias hectáreas, los elefantes se recuestan para dormir allí su último sueño. Se comportarían de esta manera los elefantes más sabios, es decir, los más viejos, cuyos colmillos pueden sobrepasar los tres metros de longitud y pesar más de 100 kilos.

Por este motivo, se entiende, porque a partir de la segunda mitad del siglo XIX muchos cazadores, impulsados por la esperanza de hacer fortuna, arriesgaron su vida y su dinero en expediciones destinadas a encontrar estos famosos cementerios de elefantes y llevarse e marfil.

De manera ocasional se descubrió el amontonamiento de esqueletos que refuerza la convicción de los exploradores que estos animales tienen un comportamiento especial al enfrentar la muerte y que los cementerios desbordados de marfil son reales.

La leyenda encontró una explicación gracias a Cristián Zuber, especialista en safaris fotográficos y en animales salvajes. La explicación es que los dientes de los elefantes más viejos presentan un desgaste enorme cuando el animal alcanza la edad de 55 a 60 años, el que los condena a morir de hambre. También puede ser que busquen alivio para sus dolores en los grandes depósitos de agua barrosa, por lo que el elefante quiera salir del pantano y no lo logre recostándose dentro del agua para morir. Debido a que las fuentes de agua son muy escasas en la sabana africana, los esqueletos se agruparían en un mismo lugar.

17 de octubre de 2019

EN BUSCA DEL ARCA DE NOÉ


Desde hace más de dos mil años, se busca el arca de Noé. El primer relato de una ascensión al monte Ararat, situado en Anatolia, en la actual Turquía, se remonta al año 300 d. C., y pertenece a la tradición ortodoxa. Llegado a media altura, el patriarca Jacobo recibe de un ángel los fragmentos de la nave sagrada.

Los viajeros se suceden uno tras otro; el flamenco Guillermo de Ruybroek en 1254, el veneciano Marco Polo en 1273, el provenzal Pitton de Tournefort en 1701. Ninguno de ellos llega a la cima del monte ni encuentra huellas del arca.

En 1829, G. F. Parrot lleva una expedición a la cima, aunque sin descubrir nada nuevo. Diez años más tarde, unos obreros turcos encargados de edificar barreras en la montaña afirman haber encontrado un navío muy antiguo que emergía de un glaciar, pero no pueden entregar ninguna prueba.

En la segunda mitad del siglo XIX, ocho expediciones llegaron a la cima del monte Ararat, pero ninguna logró traer un testimonio serio sobre el arca.

En agosto de 1952, los alpinistas franceses Navarra y De Riquer avistaron una forma extraña aprisionada en un glaciar. Sin pruebas no se atrevieron a contar su descubrimiento. Al año siguiente, Navarra partió de nuevo hacia el Ararat y logro grabar la forma bajo el hielo, pero las condiciones meteorológicas le obligan a parar su exploración. No muy conforme, esperó hasta 1955 para preparar una tercera expedición. Esta vez tuvo suerte. Navarra logra soltar una parte de la estructura, construida en madera, y recupera un trozo de viga. Los análisis muestran que se trata de un trozo de encina de una antigüedad de más de cinco mil años. Él siempre creyó que se trataba del arca de Noé.

Sin embargo, la presencia de un navío a esta altura es científicamente imposible. El planeta Tierra no posee suficiente cantidad de agua para elevar el nivel del mar a 4500 metros. E ningún caso las aguas descendientes habrían podido depositar un barco a esa altura.

Lo que sí es seguro es que una construcción de madera descansa bajo un glaciar en el monte Ararat. Todo un enigma.