30 de mayo de 2020

EXTRANJEROS EN ESPAÑA EN LA SEMANA SANTA DEL SIGLO XVI


Las primeras alusiones de viajeros extranjeros a la celebración de la Semana Santa en España datan del siglo XVI.

Antoine de Lalaing acompañó a Felipe el Hermoso en sus dos viajes a España en 1501 y 1503. La primera referencia a estas fiestas la cuenta Lalaing en su obra del año  1501: “Voyage de Philippe le Beau en Espagne” cuando viajaba con el séquito de su señor desde Bruselas a Toledo. Allí debía encontrarse con los Reyes Católicos para ser jurado junto con su esposa como heredero del reino de Castilla. Se alojaron en Madrid para pasar la Semana Santa antes de llegar a su destino. Lalaing aseguró que el archiduque oyó misa en su apartamento, de donde no salió en toda la Semana Santa.

Lalaing observó durante el Jueves y el Viernes Santo los adornos de las iglesias y grupos de personas desnudas que se azotaban con varas por las calles (flagelantes).

Lorenzo Vital, del que no se sabe mucho, únicamente que fue ayuda de cámara del rey Carlos I hasta el año 1518, cuando pasó a servir a su hermano don Fernando. Vital observó la celebración de la Semana Santa en un entorno cortesano. El rey estaba viajando desde Valladolid a Aragón y pasó el Miércoles Santo en Aranda de Duero. Hizo cantar el oficio de tinieblas a los miembros de su capilla en la iglesia mayor de la ciudad. Al día siguiente, se trasladó con una pequeña comitiva a un monasterio de franciscanos de un pueblo cercano. Buscaba pasar con recogimiento el resto de la Pascua.

Enrique Cook también formó parte del séquito de Felipe II en uno de sus viajes y actuó como cronista. Acompañó al rey por Zaragoza, Monzón, Valencia y Barcelona en 1685. El motivo del viaje era asistir a las Cortes de Aragón convocadas en Monzón y a la boda de su hija que se celebraba en Barcelona. El Miércoles Santo, el rey se encontraba en Lérida y desde allí se dirigió al monasterio de Poblet para asistir a los oficios del Viernes Santo. Cook durmió ese mismo día en Montblanc con el resto del séquito y aprovechó para visitar Poblet y Tarragona. En ninguno de los dos lugares observó alguna celebración de Semana Santa.

29 de mayo de 2020

AMRITA, EL ELIXIR DE LA INMORTALIDAD (LEYENDA HINDÚ)


Una antigua leyenda escrita en sánscrito cuenta que en cierta ocasión los Deva, dioses superiores, se reunieron en el monte Meru para hablar sobre la necesidad de conseguir el néctar de la inmortalidad, el Amrita, que se encontraba escondido en lo más profundo del océano de leche. Solo así, podrían vencer a los Asura, los demonios que les impedían alzarse con el control total del Universo.

Visnní propuso que Vasuki, la gran serpiente de la Sabiduría y rey de los Naga, semidioses considerados inferiores, fuera enrollada alrededor del monte Mandara, y éste colocado sobre el corazón de la tortuga Kurma, para crear un poderoso instrumento que pudiera batir el gran océano lechoso hasta convertirlo en manteca.

Enseguida se dieron cuenta de que no podrían hacerlo solos y que para ejecutar el plan necesitaban la ayuda de sus enemigos. Así que, haciendo un pacto con los demonios y a cambio de la mitad del Amrita, consiguieron su colaboración.

Así fue, los Deva sujetaron a Vasuki por uno de sus extremos y los Asura por el otro. Y empezaron a tirar de ella provocando con el movimiento ondas de espuma de leche. Mientras batían, surgieron verdaderas maravillas desde las profundidades, como el Sol y la Luna y la diosa Lakshmi con su elefante blanco. Al final apareció Dhanvantari, el médico de los dioses, llevando una copa de Amrita.

Pero los dioses incumplieron su promesa al no querer compartir el elixir con los demonios. Tampoco con la gran serpiente que, viendo que no probaría el néctar, consiguió acercarse lo suficiente como para beber unas gotas. Vishnú, muy enfadado, partió a la serpiente en dos. Pero ya era inmortal, por lo que sus dos mitades sobrevivieron. Vasuki quedó convertido en Rahu, la cabeza, y Ketu, la cola.

Demonios y dioses lucharon por el Amrita violentamente pero finalmente los dioses ganaron la aguerra ya que eran inmortales. Quedó así Vishnú convertido en el guardián protector de la Amrita, el elixir de la inmortalidad.

LAS AVENTURAS DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA


La vida de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), estuvo llena de algunos contratiempos con la justicia. Calderón comenzó su etapa adulta participando como soldado en campañas en el norte de Italia, Normandía y Flandes.

Cuando volvió a España, fue acusado de violar el asilo eclesiástico del convento de los Trinitarios en compañía de su hermano, en persecución del agresor de éste, lo que le acarreó, además de ciertos problemas con la ley, la mofa y el escarnio de personajes tan influyentes como Lope de Vega y el más famoso de los predicadores de su tiempo, Hortensio Paravicino.

Saldados esos sucesos, Calderón fue honrado por el rey con la Orden de Calatrava en 1637, después participado con éxito en el sitio de Fuenterrabia  en 1638, enrolado en las huestes del duque del Infantado, y luego, alistado al servicio del conde-duque de Olivares, en la guerra de Cataluña, en 1640.

En 1642 abandonó el servicio de armas pasando a servir civilmente al duque de Alba. En ese tiempo tuvo un hijo natural, Pedro José, con una dama desconocida, al que educó como sobrino.

En 1651, a los 51 años, reconoció a su hijo natural, y, después de ser ordenado sacerdote, fue nombrado sucesivamente capellán de los Reyes Nuevos de Toledo, capellán de honor del rey Felipe IV y capellán mayor de la congregación de Sacerdotes naturales de Madrid.

27 de mayo de 2020

VIKINGOS EN TERRITORIO AMERICANO


Parece ser que Leif Erikson, hijo del rey escandinavo Erik el Rojo que había descubierto y colonizado Groenlandia años antes, zarpo en el año 1003 con una tripulación de treinta hombres a bordo de una embarcación knarr, sucesora del drakar vikingo, consiguiendo llegar a lo que él llamó Vinland o Vinlandia, puede que también a la isla de Baffin y a la península de Labrador, pisando suelo continental americano.

Poco tiempo después de regresar, Leif Erikson, le regalo su barco a su hermano Thorvald, que zarpó en la misma dirección en el año 1004. Durante el verano siguiente estuvo explorando la región del río San Lorenzo, donde lo mataron en una pelea con los indios.

En 1010, Thorfinn Karlsefni, cuñado de Leif y Thorvald, intentó establecer la primera colonia estable en territorio continental americano. Partió con sesenta hombres y cinco mujeres, consiguiendo alcanzar el antiguo campamento de su familia en Vinlandia, donde su mujer y él tuvieron un hijo al que llamaron Snorri, que se convirtió en el primer europeo nacido en territorio americano.

Poco después, explorando hacia el sur, llegó más allá de la actual Long Island y el río Hudson. Cuatro años más tarde tuvo que regresar a Groenlandia a causa del desgaste de las continuas luchas contra los indios y el mal humor de la expedición por la escasez de mujeres.

Tres siglos después, sobre el año 1300, desapareció por completo la última colonia que los vikingos mantenían en territorio americano, asolada por una combinación de epidemia de peste, gradual discrepancia de los pueblos esquimales y progresivo recrudecimiento del clima.

26 de mayo de 2020

ESCLAVOS EN LOS CAMPOS DE ALGODÓN


 
En los campos de algodón, los esclavos, realizaban su trabajo bajo la atenta mirada del capataz. Éste solía pasearse por la finca a caballo, supervisando las labores y azotando a los esclavos cuando lo creía necesario. Llevaba un arma de fuego para prevenir posibles rebeliones o intentos de fuga.

Trabajaban de sol a sol y, cuando había luna llena, hasta la medianoche. Trabajan estando enfermos, solo cuando su estado era muy grave se les permitía descansar y recuperarse. No recibían ni medicinas ni cuidados especiales.

Los esclavos solo descansaban quince minutos al día para comer su asignación de tocino salado. Tenían libre tres días al año, por Navidad. En esos días aprovechaban para casarse, una práctica que alentaban los amos, ya que proporcionaba estabilidad emocional, evitando las fugas. Además, los matrimonios permitían aumentar el número de esclavos. La mayoría de las ceremonias las oficiaban los amos, por lo que no eran legales. Muchos matrimonios se rompían cuando uno de la pareja de esclavos era vendido.

Los esclavos vivían en cabañas o barracones húmedos con camastros repletos de pulgas. La falta de higiene y la mala alimentación provocaban la muerte prematura de muchos de ellos. Muchos de ellos morían de tifus, disentería, tuberculosis y por accidentes laborales, suicidios y asesinatos. La esperanza de vida era de 22 años (los blancos 42) muy pocos llegaban a cumplir los 60, era un milagro.