4 de diciembre de 2020

MÁS ALLÁ


 ...Hay que mirar más allá de lo que ves...

3 de diciembre de 2020

CURIOSIDADES DE LA CIUDAD PROHIBIDA

 

La Ciudad Prohibida se empezó a edificar en 1406, durante el reinado de Zhu Di, tercer emperador de la dinastía Ming. La obra se terminó en 1420 y en ella participaron un millón de obreros y cien mil artesanos.

Se construyó sobre todo con madera, por lo que era muy vulnerable. El primer incendio ocurrió al año de su construcción, cuando un rayo cayó sobre el Palacio de la Supremacía Imperial, donde se aprobaban las leyes, reduciéndolo a cenizas.

Al Salón de la Suprema Armonía se accede mediante una escalera doble que tiene en su centro una enorme losa de mármol en la que están grabados nueve dragones. Se instaló entre 1406 y 1420. Se considera sagrada hasta el punto de que cualquiera que la tocara, a excepción del emperador, era condenado a muerte al instante.

A principios de 1912, el emperador Xuantong, de seis años de edad, tuvo que abdicar del trono. Sin embargo, se les permitió permanecer, junto a su familia, dentro de la Ciudad Imperial. El Palacio de la Pureza Celeste, el Palacio de la Unidad Celestial y Terrestre y el Palacio de la Longevidad Tranquila fueron las últimas estancias de la Ciudad Prohibida habitadas por un emperador.

En 1644, Chongzhen, el último emperador de la dinastía Ming, se ahorcó en la colina de Jingshan cuando el ejército popular, dirigido por el rebelde Li Zicheng, se abrió paso hasta tomar Pekín.

Durante el siglo XVII, el Palacio de la Eterna Tranquilidad era la residencia de Dong Fei, concubina favorita del emperador Zhunzhi y de otras cortesanas. El emperador la adoraba y su muerte le causó un gran dolor.

El Palacio de la Felicidad Prolongada fue alcanzado por bombas republicanas en 1917 como respuesta el intento del general Zhang Xund de que el último emperador, Xuantong, recuperara el trono. Los desperfectos fueron mínimos, pero los partidarios del imperio dejaron de apoyar la causa imperial.

En 1924, el emperador Xuantong deja la Ciudad Prohibida para siempre. Sale de ella a través de la Puerta de la Divina Armonía, la puerta norte. Fue el final de la dinastía.

2 de diciembre de 2020

GENIOS-2

 

El ser sepultado en la Abadía de Westminster fue un gran honor, pero fue el único otorgado a Charles Darwin por el gobierno de Gran Bretaña, bajo la reina Victoria. Cuando Darwin recibió la medalla Copley de la Real Sociedad, en 1865, fue por sus trabajos como biólogo y naturalista y no por su teoría de la evolución.

Enrique David Thoreau (1817-1862) escritor y naturalista que pasó más de 2 años viviendo en plena naturaleza, llevando una vida casi solitaria, libre de empresas materialistas, construyó su cabaña de ermitaño a orillas del estanque Walden, cerca de Concord, Massachusetts. La cabaña estaba únicamente a 500 pasos de las vías del ferrocarril que comunicaba Pitchburg y Boston.

Sir Jacob Alfred Ewing, un eminente ingeniero británico, sugirió en 1933 que se suspendiera la carrera de inventos. La moratoria permitía la asimilación e integración de la gran cantidad de inventos ya existentes y la evaluación de futuras propuestas.

A Albert Einstein le fue ofrecida la presidencia de Israel. Rechazó el ofrecimiento por no tener cabeza para los problemas humanos, dijo.

Freud jamás aprendió a leer un horario de ferrocarriles. Casi siempre tenía que ser acompañado en sus viajes.

El primer invento patentado de Thomas Edison fue una máquina para votar, inventada en el decenio de 1860, y completamente sin interés para los clientes a quienes estaba destinada. Pasaron muchos años antes de que fuera considerada aceptable por los políticos estadounidenses.

La verdadera historia de Newton y la manzana es la siguiente: vio caer una manzana de un árbol al suelo, en una ocasión en que la luna en creciente estaba en el firmamento nocturno. Pensó sí la luna se encontraba dominada por la misma fuerza que la manzana… el esto es historia. Hay una parte de la leyenda que no es verdadera. Cuando cayó, la manzana no golpeó a Newton en la cabeza.

Louis Pasteur, cuyo trabajo sobre vinos, vinagres y cerveza condujo a la pasteurización, tenía un miedo obsesivo a la suciedad y a la infección. Se negaba a estrechar manos y limpiaba cuidadosamente plato y vaso antes de comer.

 GENIOS

1 de diciembre de 2020

LAS NOCHES EN PALACIO SEGÚN MADAME D'AULNOY

 

Marie-Catherine le Jumelle de Barnerville, Baronesa D’Aulnoy, conocida como Madame D'aulnoy, (1651-1705) fue una escritora francesa, además de ser conocida por sus cuentos de hadas, también lo es por su relato del viaje a España, escrito en 1679.

Sobre los reyes de España dijo:

“Ya que hablo de palacio, debo decir que he sabido hay en él ciertas reglas fijas respecto al Rey, que se siguen desde hace más de un siglo sin apartarse de ellas de manera alguna. Se denominan la etiqueta de palacio, la cual dispone que las Reinas de España se acuesten a las diez en verano y a las nueve en invierno. Al principio de llegar la Reina no se fijaba en la hora señalada y le parecía que su hora de acostarse debía regularse por las ganas que tuviera de dormir; así, pues, le ocurría con frecuencia que aún estaba cenando, y sin decirle una palabra, su servidumbre comenzaba a despeinarla, mientras la descalzaban por debajo de la mesa, y la hacían acostarse con una rapidez muy sorprendente para ella.

Los Reyes de España duermen en su habitación y las Reinas en la suya; pero D. Carlos ama demasiado a la Reina para querer separarse de ella. He aquí cómo está dispuesto por la etiqueta que el Rey debe estar cuando llega la noche de ir a dormir con la Reina: se pone los zapatos a modo de pantuflas, su capa negra al hombro, su broquel pasado por un brazo, la botella pasada por el otro con un cordón. Esta botella no es para beber, sino que sirve para un destino enteramente opuesto, que fácilmente se adivina. Además de todo esto, el Rey lleva su gran espada en una de sus manos y la linterna sorda en la otra. Es preciso que vaya de esta suerte enteramente solo a la alcoba de la Reina”.

30 de noviembre de 2020

WERNER FRANZ Y EL HINDERNBURG

 

Con 245 metros de largo y 40 metros de ancho, el LZ 129 Hindenburg era el objeto volador más grande que se había construido jamás, pero el 6 de mayo de 1937 quedó reducido a chatarra en 37 segundos. La aeronave llena de hidrógeno era el transporte más exclusivo. El desastre causó la muerte de 36 personas. Las razones de la tragedia todavía se desconocen.

Al margen de las vidas perdidas, hubo historias increíbles de algunos supervivientes como la de Werner Franz, grumete de 14 años. En 1936 Franz, que vivía en la Alemania nazi, vio cumplido su sueño de enrolarse en el Hindernburg. Su trabajo consistía en lavar platos, preparar mesas y encargarse de cualquier tarea que se le pidiese, no importaba que tuviera que atravesar peligrosas vigas de la estructura de la nave. En la tarde de la desgracia, Franz estaba trabajando en el comedor de oficiales cuando vio los rascacielos de Nueva York pasar bajo sus pies.

Después de esperar a que el mal tiempo despejara en Lakehurst, el destino en Nueva Jersey al que se dirigían, el capitán Max Pruss ordenó que se iniciara la maniobra de aterrizaje. Franz continuó con sus labores. Según el protocolo, debería haberse desplazado junto con el resto de la tripulación a la proa de la nave para actuar como lastre, pero no lo hizo, estaba muy ocupado, eso le salvó la vida.

Mientras los motores del Hindenburg se detenían, se tiraban cabos desde la nave a tierra para atar al dirigible a una torre de amarre. Sin embargo, cuando estaba todavía a 60 metros, comenzaron las llamas en la popa cerca de los alerones. A medida que el inflamable hidrógeno salía al exterior, la cola del aparato caía a tierra. En pocos segundos, un infierno consumiría toda la nave. Franz sintió la sacudida del dirigible. El Hindenburg se desplomaba. Salió corriendo por el pasillo y de repente se encontró con un muro de llamas que le obligó a volver sobre sus pasos. Cuando parecía que iba a morir calcinado, un tanque de lastre de agua reventó sobre su cabeza, empapándolo y apagando las llamas que le amenazaban. Entonces Franz se dio cuenta de que cerca de él había una escotilla cubierta de tela por la que se cargaban las provisiones.

El fuego consumía la nave, haciéndola descender sobre el morro, lo cual dio a Franz una oportunidad. De un puñetazo abrió la escotilla y saltó al vacío. Por suerte, lo hizo cuando la nave estaba a menos de seis metros del suelo. En cuanto tocó tierra, Franz echó a correr, huyendo del esqueleto en llamas que se desplomaba a su espalda.

Al día siguiente de la catástrofe, consiguió que le dieran permiso para examinar los escombros del zepelín en busca del reloj de bolsillo de su abuelo, que había dejado en su litera. Lo encontró y a pesar de todo, funcionaba.