2 de diciembre de 2020

GENIOS-2

 

El ser sepultado en la Abadía de Westminster fue un gran honor, pero fue el único otorgado a Charles Darwin por el gobierno de Gran Bretaña, bajo la reina Victoria. Cuando Darwin recibió la medalla Copley de la Real Sociedad, en 1865, fue por sus trabajos como biólogo y naturalista y no por su teoría de la evolución.

Enrique David Thoreau (1817-1862) escritor y naturalista que pasó más de 2 años viviendo en plena naturaleza, llevando una vida casi solitaria, libre de empresas materialistas, construyó su cabaña de ermitaño a orillas del estanque Walden, cerca de Concord, Massachusetts. La cabaña estaba únicamente a 500 pasos de las vías del ferrocarril que comunicaba Pitchburg y Boston.

Sir Jacob Alfred Ewing, un eminente ingeniero británico, sugirió en 1933 que se suspendiera la carrera de inventos. La moratoria permitía la asimilación e integración de la gran cantidad de inventos ya existentes y la evaluación de futuras propuestas.

A Albert Einstein le fue ofrecida la presidencia de Israel. Rechazó el ofrecimiento por no tener cabeza para los problemas humanos, dijo.

Freud jamás aprendió a leer un horario de ferrocarriles. Casi siempre tenía que ser acompañado en sus viajes.

El primer invento patentado de Thomas Edison fue una máquina para votar, inventada en el decenio de 1860, y completamente sin interés para los clientes a quienes estaba destinada. Pasaron muchos años antes de que fuera considerada aceptable por los políticos estadounidenses.

La verdadera historia de Newton y la manzana es la siguiente: vio caer una manzana de un árbol al suelo, en una ocasión en que la luna en creciente estaba en el firmamento nocturno. Pensó sí la luna se encontraba dominada por la misma fuerza que la manzana… el esto es historia. Hay una parte de la leyenda que no es verdadera. Cuando cayó, la manzana no golpeó a Newton en la cabeza.

Louis Pasteur, cuyo trabajo sobre vinos, vinagres y cerveza condujo a la pasteurización, tenía un miedo obsesivo a la suciedad y a la infección. Se negaba a estrechar manos y limpiaba cuidadosamente plato y vaso antes de comer.

 GENIOS

1 de diciembre de 2020

LAS NOCHES EN PALACIO SEGÚN MADAME D'AULNOY

 

Marie-Catherine le Jumelle de Barnerville, Baronesa D’Aulnoy, conocida como Madame D'aulnoy, (1651-1705) fue una escritora francesa, además de ser conocida por sus cuentos de hadas, también lo es por su relato del viaje a España, escrito en 1679.

Sobre los reyes de España dijo:

“Ya que hablo de palacio, debo decir que he sabido hay en él ciertas reglas fijas respecto al Rey, que se siguen desde hace más de un siglo sin apartarse de ellas de manera alguna. Se denominan la etiqueta de palacio, la cual dispone que las Reinas de España se acuesten a las diez en verano y a las nueve en invierno. Al principio de llegar la Reina no se fijaba en la hora señalada y le parecía que su hora de acostarse debía regularse por las ganas que tuviera de dormir; así, pues, le ocurría con frecuencia que aún estaba cenando, y sin decirle una palabra, su servidumbre comenzaba a despeinarla, mientras la descalzaban por debajo de la mesa, y la hacían acostarse con una rapidez muy sorprendente para ella.

Los Reyes de España duermen en su habitación y las Reinas en la suya; pero D. Carlos ama demasiado a la Reina para querer separarse de ella. He aquí cómo está dispuesto por la etiqueta que el Rey debe estar cuando llega la noche de ir a dormir con la Reina: se pone los zapatos a modo de pantuflas, su capa negra al hombro, su broquel pasado por un brazo, la botella pasada por el otro con un cordón. Esta botella no es para beber, sino que sirve para un destino enteramente opuesto, que fácilmente se adivina. Además de todo esto, el Rey lleva su gran espada en una de sus manos y la linterna sorda en la otra. Es preciso que vaya de esta suerte enteramente solo a la alcoba de la Reina”.

30 de noviembre de 2020

WERNER FRANZ Y EL HINDERNBURG

 

Con 245 metros de largo y 40 metros de ancho, el LZ 129 Hindenburg era el objeto volador más grande que se había construido jamás, pero el 6 de mayo de 1937 quedó reducido a chatarra en 37 segundos. La aeronave llena de hidrógeno era el transporte más exclusivo. El desastre causó la muerte de 36 personas. Las razones de la tragedia todavía se desconocen.

Al margen de las vidas perdidas, hubo historias increíbles de algunos supervivientes como la de Werner Franz, grumete de 14 años. En 1936 Franz, que vivía en la Alemania nazi, vio cumplido su sueño de enrolarse en el Hindernburg. Su trabajo consistía en lavar platos, preparar mesas y encargarse de cualquier tarea que se le pidiese, no importaba que tuviera que atravesar peligrosas vigas de la estructura de la nave. En la tarde de la desgracia, Franz estaba trabajando en el comedor de oficiales cuando vio los rascacielos de Nueva York pasar bajo sus pies.

Después de esperar a que el mal tiempo despejara en Lakehurst, el destino en Nueva Jersey al que se dirigían, el capitán Max Pruss ordenó que se iniciara la maniobra de aterrizaje. Franz continuó con sus labores. Según el protocolo, debería haberse desplazado junto con el resto de la tripulación a la proa de la nave para actuar como lastre, pero no lo hizo, estaba muy ocupado, eso le salvó la vida.

Mientras los motores del Hindenburg se detenían, se tiraban cabos desde la nave a tierra para atar al dirigible a una torre de amarre. Sin embargo, cuando estaba todavía a 60 metros, comenzaron las llamas en la popa cerca de los alerones. A medida que el inflamable hidrógeno salía al exterior, la cola del aparato caía a tierra. En pocos segundos, un infierno consumiría toda la nave. Franz sintió la sacudida del dirigible. El Hindenburg se desplomaba. Salió corriendo por el pasillo y de repente se encontró con un muro de llamas que le obligó a volver sobre sus pasos. Cuando parecía que iba a morir calcinado, un tanque de lastre de agua reventó sobre su cabeza, empapándolo y apagando las llamas que le amenazaban. Entonces Franz se dio cuenta de que cerca de él había una escotilla cubierta de tela por la que se cargaban las provisiones.

El fuego consumía la nave, haciéndola descender sobre el morro, lo cual dio a Franz una oportunidad. De un puñetazo abrió la escotilla y saltó al vacío. Por suerte, lo hizo cuando la nave estaba a menos de seis metros del suelo. En cuanto tocó tierra, Franz echó a correr, huyendo del esqueleto en llamas que se desplomaba a su espalda.

Al día siguiente de la catástrofe, consiguió que le dieran permiso para examinar los escombros del zepelín en busca del reloj de bolsillo de su abuelo, que había dejado en su litera. Lo encontró y a pesar de todo, funcionaba.

29 de noviembre de 2020

FALACIAS EN LA HISTORIA-3

 

Robert Fulton no llamó a su barco de vapor Clermont, el nombre con el cual es conocido en los libros de historia. El navío que inauguró el servicio de pasajeros entre Nueva York y Albany, en 1807, estaba registrado como el Barco de Vapor North River. Su puerto de base era Clermont, Nueva York.

El mechero bunsen es un quemador de gas utilizado para calentar soluciones de sustancias químicas. Sin embargo, el mechero bunsen no fue inventado por el químico alemán Roberto W. Bunsen. El únicamente popularizó su uso.

Ingleses de los siglos XVI y XVII creían que nadie que yaciera sobre plumas podía morir en paz; por lo tanto, cuando se acercaba la muerte, era retirada de la almohada de debajo de la persona agonizante para facilitar la muerte.

Debido al relato del Génesis que Eva había sido creada de la costilla de Adán, era creencia generalizada durante la Edad Media que los hombres tenían una costilla menos que las mujeres.

Una bomba común de TNT supone una reacción química atómica y podía ser llamada bomba atómica. La conocida como bomba-A implica reacciones nucleares y debe ser llamada bomba nuclear.

En el Londres del siglo XVIII, Jonathan Wild protegió sus vastas actividades delictivas amparándose en la legalidad. Wild dirigía una organización de ladrones, poseía almacenes, depósitos e incluso un barco para comercio ilícito con el continente de Europa. Al mismo tiempo, era un funcionario de la ley que arrestaba a delincuentes no dependientes de su organización. Las autoridades se asombraron cuando su representante de confianza fue sorprendido con las manos en la masa. La carrera y la ejecución de Wild están contadas en La Opera del Limosnero.

Todavía en la era victoriana, muchos padres ingleses pensaban que un lactante absorbía el carácter moral de quien le daba de mamar. Por lo tanto, si la madre no podía amamantar a su hijo, la selección de la nodriza apropiada se convertía en algo de gran importancia. Los padres temían que si la nodriza era borracha o tonta, su hijo también lo sería.

Cuando llegaron a Norteamérica los primeros colonos, algunos de ellos creían que los indígenas descendían de las 10 tribus perdidas de Israel. El reverendo Tomás Thorowgood publicó en Londres, en 1659, un libro titulado “Judíos en América” o “Probabilidades que los americanos sean de esa raza”, en el que señaló las que veían como similitudes entre los aborígenes y los judíos, tales como sus costumbres y su lenguaje.

FALACIAS EN LA HISTORIA-2

28 de noviembre de 2020

EL TESORO DE ALÍ MOHAD

 

Cuenta la leyenda que en Valencia, en tiempos del Cid, vivía un rico usurero llamado Alí Mohad, a él acudían reyes y otros nobles árabes para pedirle prestamos y poder pagar los caros tributos impuestos por el Cid.

Alí Mohad pensaba que prestar su dinero a esos arruinados nobles, le llevaría a su propia ruina, así que abandonó Valencia. Cargó sus riquezas en unas mulas y se fue a Segorbe, donde los antiguos nobles árabes estaban tan arruinados como los valencianos y acudieron a él para que les prestara dinero. Alí no accedió a sus peticiones y salió a escondidas de Segorbe.

Llegó a Jérica, donde las cosas fueron igual de mal, todos tenían los mismo problemas que sus vecinos. Se volvió a marchar, esta vez al valle del río Jiloca, donde escondió sus riquezas y evitó que se esfumasen en manos de unos arruinados o que acabasen en manos de los cristianos.

En los alrededores de Monreal, en un lugar solitario, encontró una gruta, conocida como el Caño del Gato, que le pareció ideal para esconder sus tesoros. Con la ayuda de algunos albañiles árabes, a los que pagó muy bien para que no volviesen al lugar una vez que terminasen su trabajo, Alí Mohad convirtió el interior de la montaña en un verdadero palacio. Allí vivió durante muchos años disfrutando de la compañía de doce bellas esposas. Cuando no estaba con ellas, Alí se entretenía en guardar su dinero en bolsas de piel de gato.

Pasado el tiempo, Alí se dio cuenta de que cada vez había más gente merodeando por el lugar. Cuentan que entonces cerró herméticamente la entrada de la cueva-palacio. Algunos dicen que fue los movimientos de la tierra la que cerró la entrada para siempre.

Muchos han sido los que han intentado encontrar la entrada del palacio subterráneo para apoderarse de los tesoros de Alí Mohad. Únicamente han encontrado huesos humanos y pellejos de gato.