21 de octubre de 2014

VIVIENDAS EN EL SIGLO DE ORO


Las viviendas en la Siglo de Oro estaban ubicadas en parcelas que solían ser pequeñas (4,5 metros de ancho por 15 metros de profundidad). Normalmente estaban compuestas por casas de tres plantas (planta baja y dos pisos), de poca altura. Estas casas, casi siempre, eran unifamiliares, vivían tres o más familias en ellas.

La casa común constaba de un zaguán, un largo salón con suelo adoquinado o tierra batida que no recibía la luz más que a través de la puerta, y las habitaciones, completamente oscuras. En las casas burguesas, de uno de los ángulos del vestíbulo partía una escalera que conducía a la planta superior donde estaba la recepción, sobre todo en los meses fríos, y múltiples salones, casi siempre cubiertos de alfombras.

La cocina, en los barrios comerciales solía situarse en la planta baja donde se hacía la vida. En los barrios nobiliarios siempre se situaba en el primer piso, junto a la gran sala principal.

A modo de calefacción se utilizaban braseros de metal donde se quemaban huesos de oliva. La iluminación se obtenía mediante lámparas de aceite (candiles o velones) o con candelabros de cobre o plata.

La nobleza residía en amplios caserones de exterior sobrio. En la fachada siempre aparecía esculpido el escudo familiar. Las ventanas del primer piso estaban cerradas con celosías. Tras el recibidor y una habitación introductoria se pasaba la primera estancia de respeto, con muros adornados de tapices y el suelo con alfombras. La segunda estancia era el de cumplimiento donde se recibía a las visitas, delimitando los espacios para hombres y mujeres (asientos en sillas o taburetes para hombres, sentadas a la manera morisca las mujeres). La tercera estancia era la del cariño, el dormitorio de la dueña de la casa, habitación que solía tener un balcón enrejado que daba a la fachada principal y donde se podía observar a los transeúntes. 

La separación entre las partes visibles de la casa y las reservas a la vida íntima era muy clara. Normalmente no se usaron cristales en las ventanas. Las paredes se blanqueaban con cal. Las casas carecían de cuarto de baño y retretes. Unos recipientes llamados “servidores” desempeñaban su misión hasta que al caer la noche eran vertidos en la calle.

20 de octubre de 2014

TUS VEINTE MINUTOS


Hay personas que por sus actitudes... te van dejando de importar... En ese momento estoy...

19 de octubre de 2014

HENRI LOUIS GRIN Y SUS PATRAÑAS


Henri Louis Grin (1847-1921), nació en Gressy, cantón de Vaud, Suiza. Quiso ser famoso desde muy pequeño. A los diecisiete años, dejó a su familia y partió en busca de aventuras. Después de trabajar casi de todo: mayordomo, fotógrafo, doctor, inventos, criado, esposo, dios en una tribu polinesia, etc., decidió irse a Australia. En Australia se casó con Eliza Jane Ravenscrof, en 1882, y cambió su apellido por el de Grien. Tuvo siete hijos. A principios de 1897 Henri abandonó a su familia, le roba una copia del diario del bosquimano, Harry Stockdale, se fue a Nueva Zelanda y de ahí a Inglaterra.

Ya en Inglaterra, volivó a cambiar de nombre y empezó a usar el sobrenombre de Louis de Rougemont, y publicó sus aventuras en el diario británico “The Wide World Magazine”. En 1898 convenció a todo el mundo con la historia de que después de haber naufragado en las costas de Australia, había comido con los caníbales, había mandado mensajes en seis lenguas utilizando pelícanos, había montado sobre tortugas de doscientos setenta kilos de peso, se había curado de unas fiebres durmiendo dentro de un búfalo muerto, se había construido una casa con conchas perlíferas…

Al ser preguntado donde había ocurrido exactamente, contestó que no podía decirlo porque había firmado un acuerdo de confidencialidad con los propietarios de unas minas de oro de la zona. Empezó entonces a pronunciar conferencias sobre su aventura antropológica.

Aprovechando la fama, publicó un libro que se tituló “Treinta años entre los caníbales de Australia”. Esa enorme mentira no duró mucho. En septiembre de 1898, el “Daily Chronicle” anunció que F. W. Solomon lo había identificado como Louis Grin. Él escribió una carta al director del periódico, firmando como Grin, en ella decía que se sentía afligido por que lo hubieran confundido con Louis de Rougemont.

A pesar de ser descubierto en su mentira, siguió con sus historias. Cambió de continente, se fue a Sudáfrica, donde siguió con sus conferencias. Se anunciaba como “el mayor mentiroso del mundo”. En 1906 reapareció en el Hipódromo de Londres queriendo demostrar que era capaz de cabalgar tortugas. La demostración fue todo un éxito.

Murió con la identidad de Louis Redman, en la máxima pobreza en Londres el 9 de junio de 1921. Fue enterrado en el cementerio de Kensal Green.

18 de octubre de 2014

EL TEATRO GRIEGO (2)


Cuando se empezaron a interpretar las tragedias, las comedias y las tragicomedias satíricas, durante los siglos VI, V, y I a. C., los griegos tuvieron la necesidad de construir teatros para representar las obras que se estaban escribiendo.

Los primeros teatros de la Antigua Grecia, eran unos simples bancos de madera que se instalaban en descampados. Cuando el teatro se encontraba en su mejor momento, los anfiteatros se construían con filas semicirculares de asientos de piedra, un escenario y espacio para una orquesta. Tenían bastidores complicados, entradas y trampillas, varios telones de fondo decorados muy pomposos.

La construcción de estos teatros se hacía con piedra caliza. La ubicación solía ser en la ladera de un monte, para facilitar la colocación de los asientos escalonados. La buenísima acústica se lograba aprovechando la angulación y forma de los asientos, y las propiedades de los materiales usados.

Con el paso de los siglos, el teatro se hizo más popular y los edificios tuvieron que ampliarse. Algunos anfiteatros llegaron a tener un aforo superior a las 10.000 personas.

Partes de un teatro:

Koilon- Era la zona de asientos del teatro, también se denominaba así al edificio.

Kerkis-El koilon estaba compuesto por unos asientos en cuña, llamados kerkides, estaban dispuestos en semicírculo. Estaban divididos por caminos y escalinatas.

Analemmata- Era la pared de sujeción de los bordes exteriores del koilon.

Thyroma- Sujetaban los telones. Eran unos pilares de piedra con ranuras verticales.

Episkenion- Era la planta superior de la Skene. Se accedía por una rampa o escalinata. Aportaba espacio adicional para interpretar o cantar.

Prohedria- Eran los asientos del teatro. También se utilizaba para referirse al palco de honor situado delante de la orquesta.

Skene- Reservada para los actores y trabajadores del teatro, la parte de atrás se utilizaba para los cambios de vestuario. Se trataba de fachadas enormes, decoradas.

Parodos- Entradas laterales del teatro, entraban los actores y el público.

Diazoma- Se encontraba a medio camino del koilon, y era una calle semicircular.

Thymele- Era una estructura con forma de altar usada por el director de orquesta. Los músicos se situaban a su alrededor.

Klimakes- Estaba situado a ambos lados de las kerkides. Era unos peldaños de piedra que guiaban desde la parte alta del koilon hasta abajo. te llevaban al epitheatron.

Epitheatron- Cualquier asiento situado más alto que la diazoma. Los asientos eran más baratos.

17 de octubre de 2014

ORIGEN DE LA AGUJA DE COSER


La aguja se conoce desde hace miles de años, se han encontrado agujas en cuevas del Paleolítico, que se remontan al año 40.000 a. C., se trata de agujas de hueso de reno, de colmillo de morsa o de marfil de mamut. De las Cuevas de Altamira vienen las agujas más antiguas conocidas; es una aguja muy puntiaguda, agujereada en el extremo, hecha de hueso de ciervo.

Esas agujas se introducían en la piel que se quería coser mediante una punta precedida por ciertos cortes dentados, eso aseguraba la penetración en el cuero. Cosían con ellas, capas y mantos. Como hilo utilizaban la fibra vegetal, y los tendones de ciervo y toros.

Los egipcios, los griegos y los romanos, apenas modificaron esas primeras agujas, la única diferencia era que empleaban metales en su fabricación. La aguja egipcia era muy larga, y se rompía muy fácilmente, por esa razón se aprovechaban los fragmentos para confeccionar a partir de ellos otras agujas más pequeñas; eran agujas de agujero exageradamente pequeño, que costaba mucho trabajo enhebrar. Se aguardaban en alfileteros en forma de tortuga, hechos de oro. También había agujas de marfil y de madera, las más usuales eran de hueso o de bronce.

En la Antigua Grecia y la Antigua Roma se fabricaban agujas de los más diversos materiales, de hueso, de marfil, de madera, de hierro, de plata e incluso de oro. Se han encontrado muchas agujas en las ruinas de las termas y templos. Algunos ejemplares hallados son del siglo I y se encontraron en Pompeya, son muy parecidas a las actuales; pequeñas, de unos tres centímetros de largo, hechas de hierro.

La fabricación de la aguja de coser empieza en la Edad Media. En Oriente se hicieron muy famosas las agujas de Damasco y Antioquía. En Occidente, las de Toledo, obtuvieron un gran reconocimiento y prestigio, llegando a desbancar a la aguja alemana.

La fama de la aguja española llegó hasta el siglo XVII, en ese momento se empezaron a introducir agujas más baratas de menor calidad, se trato de evitar.

En la Ciudad Imperial se fabricaban agujas de todo tipo; de ojalar, de costura, de forrar, de sobrecoser, de zurcir, de embastar. Tenían fama de durar toda la vida, no se rompían nunca.

En la Edad Moderna, Siria y España fueron sustituidas como los lugares con las mejores agujas, por Alemania e Inglaterra. Aquisgrán y Birmingham empezaron a fabricar agujas de acero pulido, de excelente calidad. Obtuvieron tanta fama que un fabricante francés, en el año 1765, tenía que poner etiquetas inglesas a sus agujas si quería venderlas.

Los franceses no tardaron en competir con esos países, inventaron “la aguja inglesa”. Se abrió una guerra entre países para apoderarse de los mercados de las agujas. Hasta el siglo XIX, la aguja fue el único instrumento para confeccionar tejidos, después llegó la máquina de coser.