4 de mayo de 2015

ORIGEN DEL FOTOMATÓN


Anatol Josephewitz, también conocido como Anatol Josepho, (1894-1980), emigró de Omsk, Siberia con la intención de llegar a Alemania, para desde allí coger un barco con destino a América. Era el año 1909, tenía quince años. Su primer destino fue Berlín, allí aprendió fotografía. En 1912, por fin cogió el barco con destino a Estados Unidos.

Después de un año por tierras americanas, y dándose cuenta de que no tenía mucho porvenir, decidió volver a Europa e instalarse en Budapest, donde tampoco le fueron muy bien las cosas. Una vez terminada la Primera Guerra Mundial, regresó a Siberia.

Una vez en su tierra natal, de nuevo comprueba que no hay posibilidades de prosperar, así que decide comenzar un largo viaje: atravesando Mongolia, llegó a China, y se instaló durante unos años en Shanghái. Fue en esa ciudad donde empezó a pensar en un artefacto llamado “PhotoBooth” (fotocabina), donde las personas se introdujeran en ella y la máquina les hiciera una fotografía al momento. Para poder realizar su invento sólo necesitaba el dinero.

En 1920 llegó a Nueva York, con el dinero que había ahorrado y un préstamo de sus familiares, amigos y paisanos que vivían en la ciudad, reunió unos 11.000$. Con la ayuda de ingenieros y maquinistas construyó su máquina y registró la patente. En 1925 se instaló en Broadway, y allí empezó a poner en práctica su invento. Por sólo 25 centavos, la gente podía fotografiarse, con el resultado de ocho fotos en ocho minutos. En un solo día, acudieron 7500 personas al estudio de Anatol.

En 1927 ya tenía dos máquinas. Entonces, recibió le visitó Henry Morganthau, fundador de la Cruz Roja Americana y ex-embajador norteamericano en Turquía. Le ofreció a Anatol 1.000.000 de dólares por las dos máquinas y la patente para los derechos de explotación en América. Aceptó la propuesta y además donó medio millón de dólares a obras de caridad, muchos no lo entendieron.

En 1928 se marchó a vivir a Los Ángeles, vendió los derechos europeos de la patente a una sociedad británica-francesa. El invento empezó a comercializare en Europa. En nombre se le dio el nombre por el que lo conocemos: “Photomaton=fotomatón”.

En Los Ángeles, patentó otros inventos y empezó a hacer inversiones inmobiliarias en California. Durante todos esos años hizo numerosas donaciones. Anatol murió de las complicaciones de un ataque al corazón a finales de 1980. Antes de morir fue nombrado Doctor de Ciencia en Tecnología Israelí Technion.

3 de mayo de 2015

LA MUERTE EN LA ANTIGÜEDAD


Los enterramientos más antiguos que se conocen, en los que se celebraban con ceremonias, datas del cuarto milenio a. C. En la mayoría de los ritos y ceremonias funerarios, el mayor temor era que el espíritu del fallecido pudiera regresar.

Los sumerios amortajaban a sus difuntos, metiéndolos en cestos trenzados de junco. En los pueblos noreuropeos se ataba el cuerpo del fallecido después de decapitarlo y de amputarle los pies, pensaban que así evitarían que los muertos persiguieran a los vivos.

Entre los pueblos mediterráneos antiguos empezó la costumbre de enterrar a los muertos lejos del poblado. De esta manera se pretendía engañar al difunto para evitar su regreso al pueblo. Para evitarlo más y mejor, daban varias vueltas por los alrededores para despistar al muerto.

En algunas culturas antiguas se sacaba el cadáver por la parte trasera de la casa, abriéndose un boquete en la pared por el que se sacaba el cuerpo del fallecido, orificio que era tapado inmediatamente después del entierro. Así, el difunto no sería capaz de volver de nuevo al hogar.

El uso del ataúd tiene su origen en todos esos miedos, para mayor seguridad se empezó a encerrar al difunto en una caja de madera y clavar la tapa, con una gran cantidad de clavos. Para mayor precaución se cegaba la entrada de la tumba, o se la cubría con una pesada losa, de ahí viene el origen de la lápida. La mayoría de pueblos de la antigüedad no se acercaban jamás al lugar de reposo de los muertos, creían que serían arrastrados al Más Allá.

Con el luto se pretendía evitar que el alma del muerto penetrara en el cuerpo de los familiares, intentaban borrar la propia imagen para así despistar al alma errante. El velo negro y largo que llevaban las viudas, era una especie de máscara, para ahuyentar el espíritu del marido. En algunos pueblos primitivos, el luto se expresaba y, se expresa, con el color blanco. Se pintan con yeso todo el cuerpo, con esa pintura se desorientaba al difunto y a los espíritus.

En la Antigua Roma se enterraba a los difuntos al atardecer, de esa manera despistaban al fallecido. Llevaban antorchas y al llegar al cementerio ya se había hecho de noche.

2 de mayo de 2015

EXPERIMENTOS CON UNO MISMO (3)


David B. Carlisle, era un médico que decidió experimentar con su propio cuerpo, y averiguar si los animales venenosos utilizan su veneno para defenderse de los ataques que puedan recibir. En el año 1961, el doctor Carlisle, tomó veneno de un pez araña, lo diluyó y se lo inyectó en el brazo. Rápidamente notó un intenso dolor y dificultades respiratorias, al poco tiempo se recuperó.

De esta manera comprobó que un depredador no molesta al pez araña porque no puede cerrar su mandíbula al rozarse con las espinas del pez araña. Así, no molestan a este pez, que realmente no es agresivo si no lo importunan. Incluso después de muerto, sus espinas siguen siendo venenosas.

Nicolae Minovici (1868-1941), médico forense rumano, llevó a cabo un experimento consigo mismo que consistía en investigar un ahorcamiento. Ya había analizado ciento setenta y dos suicidios, pero necesitaba sentir en su propio cuerpo esas sensaciones.

Realizó algunas pruebas utilizando una cuerda con un nudo corredizo. Se colgaba seis o siete veces al día, durante unos segundos, de descolgaba cuando el dolor era inaguantable. Viendo que eso no era suficiente, le pidió a sus colaboradores que lo colgaran doce veces al día, utilizando nudos corredizos. Nunca resistió más de cuatro segundos. Todo su experimento lo escribió en un libro titulado “Studies on Hanging” (1905).

Henry Head (1861-1940), neurólogo de profesión, realizó muchos avances en el estudio del sistema nervioso, experimentando con él mismo. Con la ayuda de un colaborador, cortó y reconectó sus propios nervios, con el propósito de estudiar el proceso de recuperación de las sensaciones, ya que cuando se lo explicaba algún paciente, era incapaz de ponerse en su lugar.

Así, el 25 de abril de 1903, su ayudante le seccionó los nervios radial y cutáneo lateral externo de su brazo izquierdo, el resultado fue que le quedó insensible algunas semanas.

Durante cuatro años estuvo experimentando y escribiendo y fotografiando todo el proceso: “Experimento humano sobre división de nervios”. Poco  a poco las conexiones nerviosas del brazo se fueron recomponiendo y fue recuperando la capacidad de sentir.

Head, con éste y otros trabajos, avanzó en el conocimiento del sistema nervioso. Fue uno de los más ilustres neurólogos del siglo XX.



1 de mayo de 2015

LAS COSAS QUE NO NOS DIJIMOS


Los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín y no encuentran lo que buscan... Y sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa, o en un poco de agua. Pero los ojos están ciegos... Es necesario buscar con el corazón... Puede que cuando llegue el momento, sea muy tarde...

El principito.

30 de abril de 2015

MOLINOS


Al principio de los tiempos, los molinos eran movidos por animales o por hombres. Hacia el año 1000, existían en Persia unos aparatos mecánicos compuestos por unas aspas que estaban montadas sobre un eje que movía un disco. Eran los primeros molinos de viento, que más tarde fueron adoptados por los árabes, y fueron los cruzados los que los trajeron a Europa.

Estos primeros molinos de viento eran más complicados que los de agua. Las aspas dispuestas en cruz, estaban formadas por un marco con maderos, sobre el que se tensaba una tela fuerte. El timón lo formaba un madero largo adherido al casquete, y se maniobraba por medio de un torno. Cuando el molino tomaba el viento, se soltaba un freno. Las aspas arrastraban el árbol maestro que llevaba la rueda dentada, esos dientes engranaban en la linterna. La linterna giraba en horizontal y arrastraba un grueso eje de hierro, que es lo que hacía girar la muela. Según la separación de las muelas, se obtenían harinas más o menos finas.

En la parte superior del molino, se encontraban unos ventanucos que servían para que el molinero supiera los cambios de dirección del viento, de esa manera podían cambiar la orientación de las aspas.

Los molinos de viento se emparejaban en ocasiones con un molino de agua, que era sustituido por el de viento en las épocas en las que el caudal era mínimo, mientras se llenaba la presa. Cuando no hacía viento, se ponía en funcionamiento el de agua, que molía los cereales.