20 de junio de 2018

MADAME D'AULNOY EN EL CASTILLO DE LERMA


Marie-Catherine le Jumelle de Barneville, baronesa d’Aulnoy (1651-1705) fue una escritora francesa, es conocida por sus cuentos de hadas y por sus relatos de su viaje a España, que fue escrito en el año 1679.

En su visita al castillo de Lerma, Burgos, dice lo siguiente:

“Los españoles estiman el castillo de Lerma y lo alaban como una maravilla, concediéndole casi la misma importancia que al Escorial; es un edificio y un lugar ciertamente digno de atención.

Está situado en una pendiente y formado por cuatro cuerpos y dobles hileras de pórticos que cierran el patio central y dan paso a los vestíbulos y a varias dependencias; las ventanas se abren sobre la campiña. Rebajan el mérito de la construcción pequeños torreones terminados en punta de campanario, adheridos a los cuerpos principales y que, lejos de servir de ornamento, afean el conjunto.

Las habitaciones son muy espaciosas y están doradas con esplendidez; el castillo tiene un hermoso parque, atravesado por un río y regado por varios arroyuelos, árboles frondosos en verano dibujan sus orillas y descubrí a poca distancia un espeso bosque”.

19 de junio de 2018

RAREZAS MÉDICAS


En la obra médica medieval “Thesaurus pauperum”, de Petrus Hispanicus, recomiendan para las hemorragias genitales de las mujeres colocar, en la boca de la matriz, estiércol de cabra y cabezas de puerros bien machacados, también recomiendan un emplasto con ranas muy bien calcinadas y mezcladas con pelos y estiércol de liebre, caldo de cabeza de vaca bien cocida y gusanos de tierra.

Hace dos mil años se utilizaban polvos de cráneo o cerebro humano como antiepiléptico; sangre humana como anticonvulsivo y vigorizador, antihemorrágico y antiasmático; la sangre menstrual contra la gota; la leche humana para tratamientos de irritaciones oculares y el dolor de oídos; la orina para la hidropesía; la grasa humana para el reumatismo, dolores articulares y para enfermedades de pulmón; destilaciones de cabello humano en casos de desmayo o calvicie; raspaduras de uñas de manos y pies como emético; la piel humana para tratar las cataratas y afecciones oculares; la saliva humana en afecciones de córnea o como antídoto en veneno de animales; el corazón humano para la epilepsia y la parálisis de las extremidades.

Las deposiciones tenían mucha importancia en la medicina medieval. Alberto Magno (1193-1280) escribió en su curioso “Tratado de las heces”: “Como el hombre es la más noble de las criaturas, sus excrementos tienen también una propiedad particular y maravillosa”. También dice: “Aunque naturalmente se siente repugnancia en beber la orina, no obstante cuando se bebe la de un hombre joven y de buena salud no hay remedio más soberano en el mundo”.

A principios del siglo XIX, Francia importaba, al año, entre treinta y cuarenta millones de sanguijuelas. Eran utilizadas por los médicos para eliminar la sangre de las mordeduras de serpiente, y también como anticoagulante en cirugía plástica y de reimplantación de extremidades semiamputadas. Debido a la demanda, estos bichitos llegaron a estar en peligro de extinción.

18 de junio de 2018

GIOVANNI ALDINI Y SUS EXPERIMENTOS


El profesor Giovanni Aldini (1762-1834) estaba fascinado por la electricidad como causa de la vida. Era sobrino de Giovanni Galvano, que editó en 1791, con notas suyas, un tratado de la electricidad muscular. Aldini recorrió varias veces las capitales de Europa para dar a conocer y demostrar los efectos médicos de la electricidad en el cuerpo.

La parte principal de su obra científica giraba en torno al galvanismo y a sus aplicaciones en medicina. Sus demostraciones eran muy fuertes, por ejemplo le aplicaba sacudidas eléctricas a cadáveres.

La demostración más célebre tuvo lugar en 1803 en la prisión de Newgate, Londres. Conectó los hilos de una pila de Volta de ciento veinte placas de zinc y casi las misma de cobre en la boca y el oído del cadáver de George Foster, un asesino que había sido ahorcado recientemente. Según los que lo vieron, el rostro de Foster empezó a gesticular, la mandíbula se movió temblorosa y, al final, guiñó un ojo, el izquierdo.

El calendario de Newgate, un libro en el que se narraban historias sobre los criminales que habían pasado por esa cárcel, se podía leer sobre este experimento:

“En la primera aplicación del proceso a la cara, las mandíbulas comenzaron a temblar y los músculos adyacentes se retorcieron horriblemente, de hecho un ojo se abrió y guiñó. En la parte final del proceso, la mano derecha se levantó y se contrajo, mientras las piernas y los muslos comenzaron a moverse compulsivamente”.

Algunos de los que lo observaron pensaron que Aldini estaba resucitando al asesino.

17 de junio de 2018

LA PRIMERA ENCICLOPEDIA FRANCESA


La Enciclopedia francesa, pensada en un principio como una traducción de algunos diccionarios, cambio de orientación al entrar a colaborar Diderot y D’Alembert, que la ampliaron con grabados y textos inéditos. En el año 1751 apareció el primer volumen lo que llevó a la oposición de algunos sectores de la sociedad francesa. Cuando ya existían siete tomos, en 1759, se les retiró a los impresores la licencia de publicación, clandestinamente se siguió con ella. La completaron en 1722, diecisiete volúmenes, aparte de los tomos de grabados, vendidos por suscripción.

Este gran trabajo no fue solo obra de Diderot y D’Alembert, también colaboraron muchos literatos y artistas, cada uno trabajando su parte. La extracción social y las ocupaciones de los enciclopedistas fueron muy variadas: teólogos, artesanos, magistrados, nobles, artistas, escritores, médicos, escritores…

Los enciclopedistas trabajaron sin limitaciones, esa fue la única compensación económica que obtuvieron. Algunos de los artículos son flojitos, otros aportaron grandes avances en las ciencias y en el saber humano. D’Alembert colaboró con trabajos dedicados a las ciencias exactas: geometría, aritmética, álgebra, cálculo diferencial…, definió cada ciencia y presentó grandes principios. Las ciencias experimentales estuvieron a cargo de Diderot. Montesquieu, Rousseau, D’Holbach, Malesherbes, Voltaire y muchos nombres de la época contribuyeron con sus colaboraciones en la Enciclopedia.

Cuarenta dibujantes y grabadores, dirigidos por Diderot, se encargaron de ilustrar todo lo relacionado con las artes y los oficios, algo muy novedoso y que el propio Diderot consideraba el mejor de la Enciclopedia.

16 de junio de 2018

RECETARIOS DE COCINA EN LA EDAD MEDIA


En la Edad Media, la nobleza y la burguesía empezó a preocuparse por la distinción social y la búsqueda de los placeres de la buena mesa, esa preocupación llevó a transformar los alimentos en cultura, y la cocina en gastronomía.

En los siglos XIII y XIV se empezaron a editar manuales y recetarios de cocina. Sabores como la pimienta, la canela, el jengibre, la miel, los frutos secos…, se vuelven habituales al cocinar los pescados y las carnes, así como las salsas, y los postres.

Las amas de casa cocinaban siguiendo las recetas de su madre, los cocineros profesionales (coquinarius), eran comerciantes que vendían sus platos en los tenderetes callejeros. Los chefs eran muy importantes en las casas nobles.

En esa época comenzaron a establecerse manuales de buenas maneras. Estaba prohibido escupir, sonarse la nariz, de ofrecer al otro comensal un trozo mordido previamente… En esa época ya no se comía acostado como los romanos, sino sentados. También se respetaba una distancia prudencial entre los invitados. Se comía con los dedos, pero con unas estrictas reglas. La alimentación era uno de los principales motivos de placer.