24 de septiembre de 2018

SUBASTAS MILLONARIAS


-El Codex de Leonardo da Vinci, llamado primero Leicester y después Hammer, de 72 páginas, es el manuscrito vendido más caro de la historia. Fue entregado por el maestro a uno de sus amigos antes de su muerte; y después de conocer distintos propietarios, en 1690, un escultor milanés decidió hace pública su existencia.

En 1717, el primer Conde de Leicester, Thomas Cook, lo compró en Italia y permaneció en su familia durante más de 250 años. Después, en 1980, el presidente de la Occidental Petroleum, Armand Hammer, pagó en una subasta en Londres más de cinco millones y medio de dólares. Así el Códice pasó a llamarse Codex Hammer.

El Múseo de Arte Armand Hammer de Los Ángeles fue el depositario del manuscrito hasta que tuvo que ponerlo a la venta en 1994, para poder hacer frente a los gastos originados por el proceso judicial a causa de la herencia del empresario. Bill Gates, fundador de Microsoft, pagó ese año por su adquisición en subasta 30 802 500 dólares. Después de la compra, lanzó una versión escaneada del Codex y la puso a disposición de todos los usuarios de internet.

-En el año 2011 salía a la venta una de las únicas imágenes que se conserva de uno de los bandidos más famosos del Oeste: Billy el Niño. Además de robar y delinquir por el sur de los Estados Unidos y el norte de México, asesinó a más de veinte personas, hasta que Patrick Floyd Garrete, alguacil, lo mató en 1881.

El precio final de la imagen llegó a los más de dos millones de dólares. Se trataba de un ferrotipo que fue realizado en Font Summer, Nuevo México, entre 1879 y 1880. En la imagen, el protagonista, de frente a la cámara, mira desafiante vestido como un pistolero de la época y sujetando, apoyado en el suelo, un rifle Winchester. Billy se la regaló a su amigo Dan Dendrick quien la conservó en la familia.

23 de septiembre de 2018

EDITORES EN LA ANTIGUA ROMA


Después de la ruina de Grecia, Roma cayó bajo la influencia de la cultura griega. Los libros griegos se difundieron a montones en Roma. También se trasladaron a Roma algunos traficantes griegos de libros, a la vez eran editores y vendedores al detalle.

Para poder atender la producción con rapidez y a gran escala, los libreros mantenían un personal de planta muy experimentado. Generalmente eran esclavos, griegos sobre todo. Eran muy solicitados y caros. Montar una oficina de libros era bastante caro. Según Séneca, 100 000 sestercios era el valor de un “servus literatus”.

Los esclavos solían también ser maestros de caligrafía para los niños. A pesar de ser esclavos, cobraban un sueldo por su trabajo. Los salarios eran bajos. El emperador Diocleciano fijó el máximo que había ue pagar por 100 líneas de la mejor escritura: 25 denarios. Para un trabajo más sencillo el precio era de 20 denarios. Las esclavas también eran expertas en este oficio.

Las reproducciones comerciales se hacían entre varios copistas, que trabajaban a la vez. Había un lector que dictaba. Una buena organización podía en unos cuantos días lanzar al mercado cientos de ejemplares de un libro nuevo. Tal vez por esa prisa en acabarlos, tenían miles de errores. Los autores y los compradores buscaban con ahínco los ejemplares más correctos.

Las obras con más éxito, además de distribuirse por Roma, también se vendían por todas las provincias del Imperio. Muchos de estos volúmenes se vendían a las bibliotecas públicas, así como a los bibliófilos para sus colecciones privadas.

El editor podía ser el auxiliar y a la vez el consejero del autor. Mientras los editores se hacían ricos, los autores apenas cobraban. Aunque el editor se guardaba todo el provecho, también corría con todo el riesgo de las reproducciones. Las ediciones no tenían igual representación: la de Secundo era una miniatura hecha en pergamino, la de Atrecto era un rollo de papiro.

22 de septiembre de 2018

VISITA AL ESCORIAL DE MADAME D'AULNOY


Madame D’Aulnoy (1651-1705) fue una escritora francesa, además de ser conocida por sus cuentos de hadas, también lo es por su relato del viaje a España, escrito en 1679.

Esta es la descripción sobre su visita a El Escorial:

 Madrid, 28 de septiembre de 1680

“El Escorial está construido en la pendiente de unas rocas, en un sitio desierto, rodeado de montañas. El pueblo está abajo y tiene pocas casas. Casi siempre hace frío allí. Es prodigiosa la extensión de los jardines y del parque. Se encuentran bosques, llanos, una gran casa en medio, donde se alojan los guardas, y todo está lleno de animales feroces y de caza.

Después de haber visto un lugar tan digno de nuestra admiración, partimos todos juntos, y como habíamos pasado por los sitios reales de El Pardo y de la Zarzuela, regresamos por las montañas, cuyo camino es más corto, pero más difícil.

Pasamos por Colmenar y, costeando el riachuelo de Guadarrama, fuimos por Las Rozas y Aravaca hasta Madrid, donde supimos que la servidumbre de la reina iba a partir para ir a esperarla en la frontera. En seguida nos presentamos en palacio para decir adiós a la duquesa de Terranova y a las otras damas, a las cuales el rey las había hecho montar a caballo, para ver de qué manera estarían el día de la entrada. Las puertas y jardines estaban rigurosamente custodiados a causa de esto, y no se permitía entrar allí a ningún hombre.

Las damas jóvenes de palacio tenían apostura bastante gallarda; pero ¡Dios mío, que estantiguas la duquesa de Terranova y Doña María de Alarcón, jefe de las damas jóvenes de la reina! Cada una estaba sobre una mula toda ensortijada y herrada de plata, con una gran manta de terciopelo negro, análoga a la que los médicos de París ponen a sus caballos.

Estas damas, vestidas de viudas, muy feas, con el aspecto severo e imperioso, llevaban puesto un gran sombrero atado con cordones por debajo de la barba, y veinte gentilhombres, que estaban a pie alrededor de ellas, las sujetaban por miedo a que se dejasen caer. Nunca hubieran permitido que las tocases así, a no temer romperse la cabeza; pues aun cuando las damas tienen dos escuderos y éstos las acompañan a todas partes donde van, nunca les dan la mano; marchan a su lado y las presentan con los codos envueltos en sus capas, lo cual hace parecer sus brazos monstruosamente gruesos.

Si al caminar la reina le aconteciera caerse y no estuvieses alrededor suyo sus damas para levantarla, aun cuando hubiera allí cien gentilhombres, se tomaría la pena de levantarse por sí sola o permanecería tirada en el suelo, sin que se atreviera nadie a levantarla.

Pasamos una parte de la tarde viendo a estas damas. El equipaje que han traído es magnífico, pero bastante mal entendido. La duquesa de Terranova lleva ella sola seis literas de terciopelo bordado de diferentes colores, y cuarenta caballos, cuyas gualdrapas son de lo más rico que he visto jamás.

Toda la corte está de regreso, incluso la reina, a la cual vi llegar con el rey en una carroza cuyas cortinillas iban del todo abiertas. Estaba vestida a la española, y no la encontré menos bien en este traje que en el suyo a la francesa. Pero el rey se había vestido a la Schoemberg; éste es el traje de campo de los españoles, y es muy semejante al vestido a la francesa”.

21 de septiembre de 2018

LONGEVIDAD EXTREMA


Desde antiguo, la historia nos da a conocer la existencia de personas que sobrepasaron ampliamente la esperanza de vida de sus épocas.

Según los escribas en las Escrituras, le atribuyen a Matusalén una longevidad de 969 años. También cuentan que su bisabuelo Adán, vivió 930 años, su abuelo Set, 912 años, y su padre Henoch, 305 años. Parece ser que Henoch no murió sino que fue llevado por Dios después de una vida perfecta. Al hijo de Matusalén, Lamech, le confieren solo 177 años, pero su descendencia recuperó la longevidad con Noé, el héroe del Diluvio que murió a los 950 años.

Según los expertos existe una explicación sobre esas longevidades tan extraordinarias. La primera dice que los años que se le atribuyen a los patriarcas son, en realidad, el número de meses de sus vidas, obteniendo de esa manera alrededor de 77 años para Adán, 76 para Set, 81 para Matusalén, 30 años para Henoch y 79 para Noé. Aunque según este cálculo Lamech solo habría vivido 15 años.

Según otra teoría de los especialistas de la Biblia, estas vidas habrían sido inventadas para establecer genealogías sin lagunas que cubrieran con pocos nombres largos períodos prehistóricos. Esta manera de actuar se repite con el sacerdote caldeo Beroso, quien en su “Historia de Babilonia”, escrita alrededor de 280 años antes de Cristo, afirmaba que los reinados de los diez reyes de las épocas fabulosas no abarcan menos de 432 000 años.

20 de septiembre de 2018

UN LORO HABLANDO


Aunque los loros emiten sonidos que parecen palabras, no las crean igual que los seres humanos. Los loros no tienen ni cuerdas vocales ni caja de resonancia. Tienen un órgano vocal llamado siringe en la parte baja de la garganta, entre los bronquios y la tráquea. Dentro de la siringe hay una membrana cartilaginosa llamada membrana timpánica que vibra como un instrumento de viento cuando pasa el aire.

Cuando el aire sale de sus pulmones y pasa por la siringe se puede formar una variedad de sonidos. Al inicio de la tráquea, justo antes de los pulmones, hay una estructura ósea cuyas paredes vibran al pasar el aire. Pueden controlar la presión del aire de cada pulmón por separado, lo que les permite ajustar la resonancia de los sonidos. Por eso pueden hacer más de un sonido a la vez.

Los loros usan los músculos de la siringe, en la base de la tráquea y la parte superior de los bronquios, para modificar la forma y profundidad de este espacio y producir así muchos sonidos distintos. Los cambios en la resonancia vienen de las variaciones en la presión del aire, controlada desde los pulmones.

A diferencia de los humanos que movemos los labios para crear los distintos sonidos, el pico del loro permanece abierto pero relativamente inmóvil mientras habla. Aunque los loros tienen laringe, no tienen cuerdas vocales, la usan para que el agua y el alimento no pase a los pulmones.