21 de enero de 2018

EL BUEY APIS (LEYENDA DE EGIPTO)


Osiris inventó la agricultura, al morir, el pueblo creyó que su alma había pasado al cuerpo de un buey, por esa razón desde ese momento adoraron al buey, le hicieron dios y le pusieron el nombre de Apis.

Pero no todos los bueyes eran considerados dioses, Apis debía ser negro, con una mancha blanca en la frente, la figura de la media luna blanca sobre el costado derecho, el diseño de un águila sobre la espalda, y otras señales que el pueblo consideraba naturales y eran obra de los sacerdotes.

Cuando encontraban un buey de esas características se le alimentaba y cuidaba en Nilópolis durante cuarenta días y allí era servido por algunas mujeres que eran las únicas que tenía derecho a verlo y estar con él. Después Nilo abajo, instalado en un brillante barco, era trasladado a Menfis y al desembarcar era recibido por los sacerdotes y saludado por las aclamaciones de la multitud.

Después de conducirlo al Santuario de Osiris era colocado ante los dos establos y, según el que eligiera, el preagio era bueno o malo. Apis tan solo salía a una terraza para respirar aire puro, en señaladas ocasiones daba un paseo por la ciudad; entonces iba precedido de un cortejo de niños que cantaban en su alabanza y de oficiales que le abrían paso entre la multitud.

Apis solo debía vivir un número determinado de años. Cuando llegaba la fecha señalada, los sacerdotes lo conducían a orillas del Nilo y lo sumergían en sus aguas, con respeto y ceremonia. Después lo embalsamaban y celebraban en su honor pomposos funerales dando muestras de dolor como si otra vez hubieran perdido a Osiris.

Este dolor se prolongaba hasta que le era designado por los sacerdotes un sucesor. Entonces volvía la alegría y el pueblo se entregaba a la fiesta entre cantos: “Osiris ha resucitado”, decían. Las fiestas duraban siete días con sus noches.

20 de enero de 2018

LAS ISLAS DE LOS LADRONES


Antonio Pigafetta fue el cronista de la primera circunnavegación de la Tierra, realizada en el año 1522, con Fernando de Magallanes al mando. Sobre los indios de las Islas de los Ladrones (la actuales islas Marianas) dice:

“…Cada uno de ellos vive según su voluntad; no existe quien les mande. Van desnudos, alguno con barba; les cuelgan los negros cabellos hasta la cintura, aunque elazados. Tócanse con sombrerillos de palma como los alabaneses.

Tienen nuestra estatura y son porporcionados. No adoran a ningun dios. Su tez es olivácea aunque nazcan blancos y se tiñen los dientes de rojo y negro, considerándolo cosa bellisima.

Las mujeres andan igualmente desnudas, si no es que se cubren el sexo con estrecha membrana de papel, que arrancan de entre el tronco y la corteza de las palmeras; son bellas, delicadas y más blancas que los hombres, con los cabellos sueltos y largos, negrísimos, hasta los pies. Estas no trabajan, sino que permanecen en sus hogares tejiendo esteras o confeccionan cajas y otros objetos útiles.

Comen batatas, cocos, pájaros, higos, caña de azúcar, peces voladores y más cosas. Untase el cuerpo y la cabeller con aceite de coco y de ajonjolí; sus casas son de troncos enteramente y techadas de tablas y hojas de la higuera; más de dos brazas de altura, con pavimento y ventanas. En las habitaciones y lechos abundan las bellísimas esteras de palma. Duermen sobre paja, muy desmenuzda y tierna. No disponen de armas, aparte una especie de jabalina con la punta de hueso de pescado, afilada.

Esa gente es pobre, pero es ingeniosa y ladrona por demás: que así llaman a estrés tres islas de los ladrones. Su diversión es navegar (la esposa a bordo) sobre sus ágiles lanchas. Vienen a ser éstas como góndolas, más afiladas aún; unas negras; otras blancas, rojas… Al otro bordo que la vela, un tronco grueso, afilado en lo alto, se empalma con travesaños a la separada embarcación; así se sostienen más seguros sobre el agua. La vela es de hojas de palma, cosidas para formar una al modo que la latina. Por timón usan una especie de pala como de horno, cuya asa cruzan un barrote. Hacen de la popa proa y de la proa popa y en el agua saltan de ola en ola como delfines.

Por lo poco en que les vimos actuar, estos ladrones pensaban ser, sin duda, los únicos habitantes del planeta…”

19 de enero de 2018

HISTORIAS DE JESSE OWENS


James Cleveland Owens, Jesse Owens, en 1913, en Alabama, en el seno de una familia numerosa, sus padres lucharon para sacar adelante a sus nueve hijos. Era el más pequeño. En ese momento los negros no podían votar y carecían de muchos otros derechos fundamentales.

La familia de Owens era pobre y la Gran Depresión les golpeó con fuerza. Se vieron obligados a trasladarse desde Alabama hasta Cleveland, Ohio, formando parte de un movimiento que se conocería como la Gran Migración Negra. Era el año 1922.

En el año 1933, en el campeonato nacional de escuelas secundarias, batió el récord del mundo de 100 metros lisos y de salto de longitud.

En 1936 lo seleccionaron para participar a su país en las Olimpiadas de Berlín. Participó en pista y salto de longitud, consiguiendo cuatro medallas de oro en las pruebas de 100, 200 metros, relevos y salto de longitud. Hitler abandonó el estadio momentos antes de la entrega de medallas para evitar estrecharle la mano.

Al volver a casa es agasajado con un desfile. En esos momentos todavía tiene apuros económicos. El dinero le llega con la firma de varios contratos comerciales. Por esa razón la Amateur Athletics le quita su estatus de amateur y le prohibe participar en eventos de esa categoría.

En el año 1939 se declaró en bancarrota y se ganaba la vida acudiendo a eventos como estrella invitada.

Para mantener a su familia cofunda la West Coast Baseball Asociation, esta asociación se dedica a ayudar a futuros deportistas norteamericanos negros. Era el año 1946.

En 1956 su familia y él son investigdaos por el FBI para comprobar si son americanos leales.

En 1966 le condenan por evasión de impuestos, paga la multa y evita la prisión.

En el año 1976 recibió un reconocimiento por su servicio al país y al mundo del deporte. El presidente Ford le condecoró con la Medalla Presidencial de la Libertad, el honor civil más alto en Estados Unidos.

El 32 de marzo de 1980, Owens muere a causa de una larga enfermedad, cancer de pulmón provocado por el tabaco.

18 de enero de 2018

CÓRDOBA EN EL SIGLO X


En el siglo X, Córdoba, desempeñaba un papel muy importante ya que desde la ciudad se dirigían los destinos de Al-Andalus.

En la época de Almanzor, según el historiador ahmed Mohamed al-Maqqari, en la capital del califato había 1600 mézquitas, 900 baños públicos, 70 300 mansiones de gente importante, 213 077 hogares para la población en general y 80 455 tiendas. Pero sobre todo era un núcleo urbano que sorprendía a sus visitantes por sus dimensiones, por su elevada población y por las actividades de todo tipo que en él se llevaban a cabo. Sigue contando al-Maqqari que la población era de unos 500 000 habitantes.


Córdoba no dejó de crecer hasta que estalló la guerra civil en el año 1009. Hasta ese momento tenía 21 arrabales, cada uno de los cuales tenía mezquita, mercado y baños para el uso de sus habitantes. De esa manera no necesitaban recurrir a otro arrabal ni para sus asuntos religiosos ni para comprar lo necesario para vivir.

En Córdoba se encontraban los más variados talleres artesanales y en sus mercados se intercambiaban productos que provenían de todo Al-Andalus e incluso de los lugares del mundo.

La forma de divertirse de los cordobeses era muy popular: carreras de caballo, caza, peleas de animales, fiestas, tertulias literarias. En esa época, Córdoba era comparada con Bizancio o Bagdad. La fama en los tiempos califales era tan impresionante que Hroswitha de Gandersheim (monja, canonesa y escritora) dijo de la ciudad andaluza que era “el ornamento del mundo”

IMAGEN-MEZQUITA-CATEDRAL DE CÓRDOBA

17 de enero de 2018

ME BESABA MUCHO



Me besaba mucho

Me besaba mucho, como si temiera 
irse muy temprano... Su cariño era 
inquieto, nervioso. Yo no comprendía 
tan febril premura. Mi intención grosera 
nunca vio muy lejos 
¡Ella presentía! 
Ella presentía que era corto el plazo, 
que la vela herida por el latigazo 
del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad 
quería dejarme su alma en cada abrazo, 
poner en sus besos una eternidad.

Amado Nervo