22 de febrero de 2019

HISTORIAS SORPRENDENTES


Ida Maitland (1898-1932) está considerada como una de las mujeres más obesas conocidas, hasta el año de su muerte. Según los datos, que nunca pudieron comprobarse por los médicos, llegó a pesar 413 kilos 200 gramos, su contorno pectoral medía 3,86 metros. Murió cuando trataba de coger un trébol de cuatro hojas.

Henrietta Howland Green tiene el récord de tacañería y avaricia, según el Libro Guinness de los Récords. En una ocasión provocó que a su hijo le tuvieran que amputar una pierna porque perdió el tiempo buscando un hospital gratuito en donde lo atendieran. Su desayuno habitual consistía en copos de avena fríos, para no tener que gastar gas calentándolos. Poseía una fortuna de más de 95 millones de dólares.

Roy C. Sullivan fue alcanzado siete veces en su vida por un rayo. La primera vez en 1942 solo sufrió la pérdida de una uña del dedo gordo del pie; en la segunda, en 1969, se le quemaron las cejas; en la tercera en 1970, se le quemó el pelo; en la quinta en el año 1973 se lesionó un tobillo, y en la séptima en 1977 sufrió quemaduras en el estómago y el pecho. Después de sobrevivir a tantos accidentes, cuentan que desilusionado por un desengaño amoroso, se suicidó en 1983 disparándose con una pistola.

Charles Osborne (1894-1991) empezó a tener un ataque de hipo en el año 1922, mientras mataba un cerdo. Desde entonces y hasta el 1 de mayo de 1991, fecha en la que murió por otros motivos, el ataque de hipo no se le fue. Estuvo hipando continuamente a un ritmo de 20 y 40 hipos por minuto durante más de 71 años de los 97 que vivió. A pesar de ello, Osborne contrajo dos veces matrimonio y tuvo ocho hijos.

El faquir hindú Mastram Bapu, alias Padre Contento, estuvo sin moverse en el mismo punto de la cuneta de una aldea india en Chitra durante 22 años, entre los años 1960 y 1982.

El espía francés Richebourg que prestó sus servicios durante la Revolución Francesa, medía tan solo 58 centímetros. Gracias a ello, se escondía entre las líneas enemigas en brazos de una colaboradora, disfrazado de bebé.

21 de febrero de 2019

SIMEÓN EL ESTILITA



Simeón El Estilita (h. 521-597) pasó los últimos 45 años de su vida encaramado a una columna de diez metros, enclavada en el Alto de las Maravillas, cerca de Antioquía, Siria. Parece ser que todo empezó una Pascua en la que decidió hacer ayuno durante cuarenta días. Para no flaquear en su promesa, hizo que le atasen a una roca en la que permaneció atado durante ese tiempo.

Finalizado el ayuno voluntario y viendo que ninguna de las órdenes religiosas y monacales que existían le ofrecía la forma de vida que buscaba, decidió irse al desierto y formar su hogar sobre una columna para estar totalmente aislado del mundo.

En ella solamente cubierto por la piel de un animal, comía exclusivamente lo que le ofrecían las pocas personas que pasaban por allí. Para facilitar esa ayuda, hizo que construyeran un rudimentario ascensor para recibir los donativos.

Su fama de santo varón fue total, le visitaron grandes personajes de la época, entre ellos el Papa León I y el emperador Teodosio. Siglos más tarde, el director de cine Luis Buñuel, un gran ateo, rodó una película narrando la curiosa vida de Simón o Simeón El Estilita.

20 de febrero de 2019

FOTOGRAFÍA POST-MORTEN



En el siglo XIX se creía que las cámaras de fotos, un invento muy reciente en esa época, eran capaces de retratar no solo el físico sino también el alma de las personas. Esta creencia propició la moda de retratar a los difuntos, sobre todo a los niños. Estas fotografías se llamaban “fotografía post-morten”.

Era muy normal maquillar al difunto y colocarlo en posturas que parecían que seguían vivos. La familia se colocaba alrededor del muerto como si fuera una foto familiar normal. Estas fotografías se realizaban pocas horas después de la muerte, pero también se podían hacer hasta nueve días más tarde.

Existían fotógrafos especializados, que se volvían expertos en recrear situaciones, tenían total libertad de movimientos por el ansia de los familiares por tener un último recuerdo. Los precios no eran baratos debido a los desplazamientos y la urgencia del momento.

En un principio se utilizaba la postura de dormido, más adelante se sustituyó por la de simular que estaban vivos. Colocaban la cámara a la altura del rostro y se añadían complementos como flores, jarrones, etc.

A mediados del siglo XX cayó en desuso. A este tipo de fotografía se la empezó a tachar de morbosa e insana, aunque con personajes relevantes se sigue haciendo.

19 de febrero de 2019

NO PUEDO VIVIR SIN TI


18 de febrero de 2019

FORMAS DE VESTIR DE LOS CAMPESINOS MEDIEVALES


En la sociedad medieval el vestido era un símbolo de clase. Se vestía de acuerdo con el grupo social al que se pertenecía, esto lo confirmaban las leyes, responsables del orden social vigente.

El campesino vestía de negro o de gris, se huía de los colores vistosos predominando los tonos oscuros. Los tejidos eran bastos. Los vestidos de los labriegos no se solían comprar en el mercado, sino confeccionados en sus propias casas. La tosquedad del atuendo se extiende al calzado, hecho de cuero.

El prototipo del vestido campesino en la Europa medieval era una túnica de lana o lino con mangas; un par de calzones con cinto; calzado atado sobre el tobillo; en el invierno, además, una capa de piel, cuero o lana gruesa; la cabeza, sobre todo en los días fríos o lluviosos se protegía con un sombrero en forma de capucha.

Las mujeres usaban una túnica larga que llegaba hasta los tobillos, sujeta con un cinturón. El paso del invierno al verano iba acompañado por el cambio de las mangas largas a las cortas. En los períodos cálidos, predominaban los tejidos más suaves, básicamente de lino.

Más adelante, los campesinos quisieron imitar a los burgueses en la forma de vestir. Así las túnicas llegaban hasta las rodillas, los zapatos llevaban hebillas, vestidos de colores, etc. En el año 1244 las leyes prohibían a los campesinos llevar el pelo largo.