17 de enero de 2018

ME BESABA MUCHO



Me besaba mucho

Me besaba mucho, como si temiera 
irse muy temprano... Su cariño era 
inquieto, nervioso. Yo no comprendía 
tan febril premura. Mi intención grosera 
nunca vio muy lejos 
¡Ella presentía! 
Ella presentía que era corto el plazo, 
que la vela herida por el latigazo 
del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad 
quería dejarme su alma en cada abrazo, 
poner en sus besos una eternidad.

Amado Nervo

16 de enero de 2018

CEREMONIA PARA SACIAR LA SED DE FELIPE III


La etiqueta en la corte española de Felipe III, el Piadoso, era muy rígida. Como ejemplo el ceremonial con el que el rey tenía sed.

El marqués de Lozoya lo describe de la siguiente manera:

“El ujier de sala iba a llamar al gentilhombre de boca que le correspondía servir de copero, y acompañados de la guardia, entraban en la cava, donde el sumiller de ella le daba en una mano la copa de su majestad y en la otra la de la salva; después daba al ujier las fuentes, y él llevaba un jarro y una taza grande de salva (bandeja de encajaduras para asegurar las copas, platos, tazas, etc.) donde se colocaba la copa cuando su majestad la pedía.

Un ayudante del oficio de la cava llevaba los frascos de vino y agua… El copero se mantenía un poco apartado del estrado, mirando siempre a su majestad para servirle la copa a la menor seña.

En este caso, el copero iba por ella al aparador, donde ya la tenía dispuesta el sumiller de la cava, quien, descubriéndola, daba la salva al médico de semana y al copero, y este, tornándola a cubrir, la llevaba a su majestad precediéndole los maceros, y el ujier de sala, tomándola en la mano derecha y llevando en la izquierda la taza de salva, con cuya misma mano izquierda quitaba la cubierta de la copa, tomaba la salva y daba a su majestad la copa en su mano, hincando una rodilla en el suelo, teniendo todo el tiempo que su majestad tardaba en beber debajo de la copa la salva, para que, si cayesen gotas, no se mojase el vestido.

Acabando este de beber, volvía el copero a poner la copa en el aparador de donde la había tomado”.

Eso sucedía cada vez que en la comida el rey tenía ganas de beber un sorbo de vino o de agua.

15 de enero de 2018

HISTORIA DEL JERSEY


La primera prenda parecida al jersey actual, lo encontramos en la Edad de Bronce, se trataba de un cuerpo sin mangas. En el Neolítico ya se tejía con fibras vegetales, hasta la Edad de los Metales no se generalizó el uso de la lana para tejer.

En el siglo XV aparecen unas prendas de punto utilizadas por los pescadores de Jersey y Guernsey, Islas del Canal de la Mancha, de ahí su nombre. Estos pescadores usaban la mejor lana para su fabricación para resguardarse del agua y del viento. Cada familia solía tener su propio color, así cuando los marineros morían en el mar, eran reconocidos por sus familiares al llegar a la orilla.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX la prenda la utilizaba la clase trabajadora. La burguesía empezó a usarlo desde el momento en que practicaron deporte, ya que les daba mucha libertad de movimiento. También al mismo tiempo se convirtió en una prenda militar.

A principios del siglo XX Coco Chanel introdujo el jersey en la moda femenina. Muchos de sus diseños eran adaptaciones de prendas masculinas. En la década de los años 30 los jerséis de punto se empezaron a lucir como ropa de noche adornados con perlas, bordados y joyas.

En los años 50 las jovencitas los llevaban muy ajustados sobre sujetadores cónicos que realzaban sus lindezas. En los 60 se entallaron y ajustaron todavía más. En los 80 se pusieron de moda los jerséis de cachemir.

14 de enero de 2018

LA IMAGEN DE LOS ESPAÑOLES SEGÚN BARTHÉLEMY JOLY


Barthélemy Joly, consejero del rey de Francia, escribió un libro durante su viaje por España entre los años 1603 y 1604: “Voyage en Espagne”. Sobre la imagen física de los españoles dice:

“Hagan lo que hagan, jamás son tan agraciados como el francés, lo que confiesan; pero sostienen también que el calor y sequedad de su complexión, que produce su negro exterior, los aventaja por encima de nosotros, tanto en buenas partes de la inteligencia como en la salud del cuerpo, tanto que así como el agua apaga el fuego, la humedad pituitosa del cerebro ahogado es lo que nos tiene en vida, los catarros y fluxiones se llevan lo más a menudo a aquellos que mueren antes de su vejez, a lo que están menos sometidos y tienen más larga vida que nosotros, notando uno de sus historiadores que no hemos tenido ningún rey desde Hugo Capeto que haya llegado a la edad climatérica de los sesenta y tres años.

Pero esa razón no es a propósito para juzgar de la corta vida de los demás franceses, porque nuestros reyes de ordinario abrevian su vida con la fatiga de la guerra y el emplear las armas para defensa de sus súbditos, y con el fin de alcanzar una memoria inmortal, preferible a cuatro o cinco años más o menos de una vil y miserable de vida perezosa.

La gran sequedad de los españoles, atemperada en nosotros por un humor moderado, y la dureza del cerebro que les hace despreciar el aire libre y los gorrillos, les trae tantas incomodidades como la mala vista, estando consumido el humor cristalino de la pupila y ofuscado por esa quemadura del cerebro, de suerte que no se ve otra cosa por las calles que gentes cargadas de gafas externas, sostenidas en las orejas a fin de que los chatos no sean excluidos.

A ser sordos creo que también están muy sometidos, viéndose en cantidad los que usan trompetillas o cerbatanas de plata y de marfil, cuyo pequeño extremo puesto en su oreja y el ancho presentado a la boca de aquel que habla con ellos, penetrando por ese medio inteligiblemente al oído sin que sea necesario gritar tan alto.

Tienen también la mayor parte de los dientes cariados, y por consecuencia, el aliento fétido, y no sé de dónde procede la causa. Las escrófulas les afligen mucho, como vemos, y lo peor es la manía con que desahogan fácilmente su estómago; son también débiles e indigestos, en los que la carne se pudre más que se digiere, lo que se conoce en que, no obstante el gran empleo de la pimienta, no dejan de eructar y soltar sus exhalaciones lo que no procede sino de falta de buen calor, como la madera en el fuego no despide humo sino por falta de llama; por eso se que ve la naturaleza no los ha aventajado tanto en la salud como a nosotros.

Por los demás, dicen que sus costumbres y humores, engendrados de su sequedad, que llaman atrabiliarios, les hacen melancólicos, taciturnos, sabios, prudentes en consejo, graves, severos, religiosos, coléricos, guerreros de consecuencia y pacientes en el trabajo”.

13 de enero de 2018

CANCIONES EN MI MEMORIA CXIII



IT'S BEEN A HARD DAY-JULIÁN MAESO