16 de octubre de 2017

YAJIRO EL PIRATA JAPONÉS


Los piratas japoneses operaban con grandes flotas y vestían trajes rojos y sombreros amarillos. Sus principales golpes se dirigían contras las costa de China sus embarcaciones se internaban en el interior del país, saqueando las ciudades alejadas del litoral, descendiendo hasta el sur, llegando hasta el estrecho de Malaca.

Uno de los piratas japoneses fue Yajiro, un samurái del dominio de Satsuma. Era de familia noble muy rica, por diversas circunstancias fue pionero de la Iglesia cristiana en Extremo Oriente. Se convirtió en bandido del mar como consecuencia de haber matado por accidente a un hombre y verse obligado a huir del país. Yajiro, hizo escala en Malaca en el momento en que allí predicaba San Francisco Javier. Aprendió a leer, escribir y hablar portugués y se convirtió al cristianismo, siendo bautizado con el nombre de Paulo de Santa Fé, tenía 36 años.

Acompañó en 1549 al santo hasta Japón a bordo de un barco llamado Junco del Ladrón. Al salir San Francisco de Japón, colocó a Yajiro a la cabeza de la iglesia establecida por él, pero los sacerdotes portugueses estaban celosos del converso japonés, que Yajiro se enfadó, dimitió de sus funciones, acuciado por la pobreza volvió a la piratería. Murió durante una incursión en tierras chinas.

15 de octubre de 2017

PROSTITUCIÓN EN EL SIGLO DE ORO


La reglamentación para ser prostituta en el Siglo de Oro establecía que la postulante debía ser mayor de doce años, huérfana o de padres desconocidos, o abandonada por su familia y que ésta no fuera noble, además de que no fuera virgen. Era obligación del juez, antes de dar su permiso, intentar disuadir a la aspirante con una charla moral. Después de cumplir todos los requisitos, la mujer estaba autorizada a ejercer.

Periódicamente era revisada por el médico de la corte destinado a ello. Una vez al año, el viernes de Cuaresma, las prostitutas eran conducidas por los alguaciles a la iglesia de las Recogidas. Allí el sacerdote las amenazaba con la pena del infierno (en Semana Santa y Cuaresma, los prostíbulos permanecían cerrados). En todas las grandes ciudades desde el siglo XVI existían lugares para mujeres arrepentidas. En Madrid se fundó el primero en 1587 y en 1691 y 1711 se fundaron otros.

Felipe IV, el 4 de febrero de 1623, ordenó el cierre de las mancebías porque solo servían de profanación, de abominaciones, escándalos e inquietudes. La legislación se repitió en 1632 y 1661. Ninguna prostituta española alcanzó la reputación de las venecianas o romanas ni el prestigio de Imperia o Tullia de Brescia, tampoco ningún pintor español eligió como modelo de madonna el rostro de alguna prostituta, como había hecho Rafael.

La tarifa media era medio real en la segunda mitad del siglo XVI, que equivalía a la cuarta parte del salario diario de un peón. Hacia mediados del siglo XVII hay más de 80 mancebías en la Corte, Antoine de Gramont en 1659 decía de la prostitución madrileña: “Después de las diez de la noche cada uno va allí solo, y se quedan todos hasta las cuatro de la mañana en las casas de las cortesanas públicas que saben retenerlos por tantos atractivos… El gasto que hacen en casa de estas cortesanas es excesivo porque nada les parece caro…”.


Valencia fue la ciudad española con mayor índice de prostitución. También destacó Sevilla, donde se calcula que había unas 3.000 en el siglo XVII. Solamente en la Corona de Aragón tenía la Inquisición jurisdicción contra la práctica de la sodomía, la bestialidad y el sexo contra natura.

14 de octubre de 2017

PILOTO DE AVIÓN


El día a día de un piloto de avión empieza noventa minutos antes del despegue, el piloto se reúne con la tripulación de cabina y su copiloto o copilotos para preparar el vuelo. Después imprimen el plan con la información de los sistemas meteorológicos y los aeródromos en la ruta, por si son necesarios en caso de emergencia.

Los pilotos deciden quién va a ser el piloto que vuela (el que despega, aterriza y controla el piloto de emergencia). El piloto que supervisa, es el que hace el papeleo y las llamadas de radio. Las funciones suelen repartirse para que todos tengan la posibilidad de aterrizar y despegar.

Después de un corto recorrido hasta el avión, los pilotos dan una vuelta alrededor del aparato para asegurarse de que todo esté en su sitio y reciben el control del avión de los ingenieros o la tripulación anterior. Una vez a bordo, encienden los sistemas de potencia y se aseguran de que todos los indicadores y botones estén en la posición correcta.

Se introduce la ruta de vuelo en el sistema de navegación por satélite. Luego, el piloto que vuela da las instrucciones sobre los que sucederá en el despegue, para indicar las acciones que se pueden tener que realizar en caso de emergencia. Después de obtener el permiso del control de tráfico aéreo, el avión rueda hasta la pista.

Tras despegar, cuando el avión alcanza la altitud de crucero, se activa el piloto automático. Para ajustar la velocidad o la altitud, el piloto introduce la información en el piloto automático para que pueda realizar las acciones necesarias. A lo largo del vuelo, el piloto que vuela comprueba los sistemas de la cabina de vuelo, mientras el copiloto mantiene un registro de las acciones.

Una hora antes de aterrizar (en vuelos largos), los pilotos recopilan toda la información del descenso para comentar la ruta de llegada, la meteorología y las opciones alternativas de aterrizaje en caso de que el aeropuerto de destino no esté disponible debido a condiciones climatológicas adversas o el cierre de alguna pista. Si la visibilidad es buena, el piloto aterrizará usando los controles manuales, si no es así se usará el piloto automático para aterrizar.

Una vez que el avión llega hasta la terminal y todos los pasajeros han desembarcado, los pilotos ponen los controles en sus posiciones correctas y apagan la potencia del avión. 

13 de octubre de 2017

HARENES


Zingua, reina de Angola a principios del siglo XVII, era ninfómana. Contaba con un gran harén que estaba a su disposición en cualquier momento del día y de la noche. Organizaba combates a muerte entre sus esclavos y como premio al ganador le ofrecía su cuerpo, pasada la noche de pasión, el amante ganador también moría. Al cumplir los setenta y siete años, se convirtió al catolicismo y su vida cambió por completo.

Parece ser que el rey Salomón tenía un harén de 1.000 mujeres, 700 esposas y 300 concubinas. Además del harén tuvo numerosos romances con otras mujeres: la reina de Saba Balkis, con quien tuvo un hijo, Menelik.

El Cardenal Richelieu mantuvo numerosas aventuras amorosas con cortesanas. Cuenta la leyenda que pagó cincuenta mil coronas por pasar una noche con Ninón de Lenclos, la más famosa cortesana de la época. Ella aceptó el dinero y envió a una amiga como sustituta.

Jahangir, emperador mogol de la India, poseía un harén de 300 esposas, 5.000 concubinas y 1.000 jovencitos. Además, poseía 12.000 elefantes, 10.000 bueyes, 3.000 venados, 2.000 camellos, 100 leones, 500 búfalos, 10.000 palomas mensajeras y 4.000 perros.

Muley Ismail Es Semin, último emperador jarifiano de Marruecos, también conocido como El sediento de sangre, tuvo 1.056 hijos, 700 de ellos chicos. Los tuvo con sus 8.000 concubinas y esposas.

El califa Abderramán II de Córdoba solo hacía el amor con mujeres vírgenes, nunca repetía con la misma. 

12 de octubre de 2017

AJOS


Los egipcios eran grandes consumidores de ajos y los suministraban como fortificante a los esclavos que construían las pirámides. Los hebreos, apreciaban mucho al ajo. Lo llegaron a consumir tanto que los romanos les llamaban “iudei faetentes”, judíos hediondos. El Talmud dice que el ajo tiene cinco propiedades: sacia, calienta el cuerpo, hace más abundante el esperma, mata a los parásitos intestinales y protege contra la peste.

Los griegos fueron grandes consumidores de ajo, creían que actuaba contra los hechizos, creencia que se hizo popular durante toda la Edad Media. Aristófanes cuenta que los guerreros griegos comían ajos para tener más fuerza en los combates, pero los sacerdotes de Cibeles prohibían a los fieles que olían a ajo entrar en sus templos.

Hipócrates los recomendaba para el tratamiento de la esterilidad en las mujeres. Para saber si una mujer era apta para concebir se le introducía un diente de ajo en la matriz y si al día siguiente su aliento olía a ajo era señal de que no era estéril. Plinio recomendaba el ajo contra el asma, la ictericia, las almorranas y los dolores de muelas.

Isabel la Católica no podía soportar el olor a ajo, un día le sirvieron una comida en la que uno de los platos contenía ajo mezclado con perejil exclamó: -Venía el villano disfrazado de verde. En alusión al uniforme de los cuadrilleros de Santa Hermenegilda, que siempre llegaban tarde al lugar de los crímenes. De ellos viene también la expresión castellana: “A buena hora, mangas verdes”.

Una receta del siglo XVIII que se consideraba afrodisiaca era esta:

Puré de ajo con trufas

Los dientes de ajo se pelan y se dejan blanquear en agua, después cambiar el agua para cocerlos. Cocer la misma cantidad de trufas, pasar todo por la batidora y mezclar. Añadir un poco de mantequilla, sal, pimienta y salsa bechamel. Esta salsa se sirve para acompañar carnes y pescados.