20 de noviembre de 2018

EL PERRO DEL HORTELANO (FÁBULA)



Lo que más le gustaba al buey era la comida. Si le gustaban más otras cosas, no las recordaba. Además, estaba demasiado atareado: araba durante todo el día, arrancaba los troncos de los árboles o arrastraba una enorme carreta para su amo. Cuando llegaba la noche, estaba cansado y le dolían los pies, pero, sobre todo, quería cenar.

Al terminar un duro día, cuando sentía más hambre que nunca, tuvo que recorrer cinco kilómetros para volver a casa. Después de beber agua fresca, se encaminó, con toda la rapidez posible, hasta su pesebre. No era glotón. Sólo quería comida suficiente para un buey.

Pero esa noche, apenas metió el hocico en el oloroso heno de su pesebre, despertó a un terrible perro que dormía allí, que quiso morderlo. El buey retrocedió, parpadeó y esperó. Cuando el perro dejó de ladrar y de gruñir y volvió a acostarse, el buey intentó nuevamente morder un poco de heno, esta vez del rincón más alejado del pesebre. El perro se levantó de un salto y le mordió la nariz.

El buey siempre había tratado de mostrarse conciliador. Nunca se enfadaba, y si odiaba algo eran las peleas. Pero el perro estaba tendido sobre su heno y él había mordisqueado lo suficiente para que se tuviera más apetito. Era un animal de pocas palabras, pero, después de soportar otros diez minutos de ladridos del perro, decidió que debía decir algo al respecto.

-Perro -declaró, con su tono más grave-. No te comprendo muy bien. Si quieres mi cena, estoy dispuesto a compartirla contigo. Pero a los perros no les gusta el heno y tú ni lo comes ni me dejas comerlo. Todo ser que impide que los demás tengan lo que él mismo no puede disfrutar, es un villano y un ser molesto. Además, me estoy enfadando -agregó el buey, con tono más serio aún-. ¡De verdad!

Después de haber pronunciado este discurso, retrocedió y bajó con aire amenazador la cabeza. El perro miró sus ojos brillantes y salió del pesebre.

-En realidad, yo no me proponía hacerle daño -se dijo el buey, mientras mascaba su heno-. Pero no habría hecho mal en propinarle un par de coces. Todos los que no pueden ver cómo los demás disfrutan de la vida, debieran recibir una buena lección.

19 de noviembre de 2018

DERECHOS DE LA MUJER EN LA HISTORIA-2



En los bosques pluviosos que se encuentran cerca de la frontera de Brasil y Venezuela, la tribu yanomamo tienen una costumbre muy exclusiva; hasta que una mujer da a luz a un varón, mata a todas sus hijas mujeres y puede seguir haciéndolo con todos los hijos que no desee, sin tener en cuenta el sexo, en cuanto da a luz a su primer hijo.

Para los atenienses de la Edad de Oro, las mujeres eran criaturas inferiores, solo dudosamente superiores a los animales domésticos, y con nada que se pareciera ni por asomo a los derechos humanos. A estos cultos atenienses les parecía evidente que la homosexualidad masculina fuese la forma más alta de vida, porque era la única forma por la cual un macho podía amar a un igual.

En una época en que la educación de las jóvenes de las más prominentes familias se concentraba en las labores de aguja, la música, la danza y el estudio de las lenguas, Aarón Burr insistió en que su hija Teodosia aprendiera materias más serias que las ornamentales, para convencer al mundo de lo que ninguno de los sexos parece creer. Que las mujeres tienen almas.

En los siglos XVII y XVIII, en los Estados Unidos, se empleaba a las mujeres en las mismas ocupaciones que a los hombres, y hombres y mujeres ganaban el mismo salario. Un herrero cobraba lo mismo que un hombre por poner una herradura a un caballo. Las mujeres sacristanes y pintora recibían el mismo pago que los hombres. Las mujeres eran orfebres, armeras, carpinteras de barcos y empresarias de pompas fúnebres.

A lo largo de la costa oriental de Norteamérica, los consejos de las mujeres indias ponían veto a una declaración de guerra, rehusando proporcionar mocasines y raciones para el campo a los varones. La decisión de matar a un cautivo o adoptarlo como miembro de la tribu siempre estaba en manos de las mujeres.

El único ejército de mujeres amazonas fue el de las mujeres guerreras del reino de Dahomey, en África Occidental. Organizadas en forma de ejército por el rey Agadja, a principios del siglo XVIII, y entrenadas como una fuerza de lucha por el rey Gezo un siglo después, fueron finalmente aplastadas por los franceses en 1892. Durante casi dos siglos, las mujeres guerreras de Dahomey fueron temidas por los reinos vecinos. El ejército tenía 2500 miembros, todas eran oficialmente mujeres del rey, y llevaban arcos y flechas, trabucos y otras armas de fuego. Sus enormes cuchillos eran bien conocidos, su estrategia principal era la sorpresa. A pesar de ser tan efectivas en el campo de batalla, solo mataban en defensa propia.


DERECHOS DE LA MUJER EN LA HISTORIA

18 de noviembre de 2018

ESTA VEZ ...SÍ


17 de noviembre de 2018

ALEJANDRO DUMAS Y LA COMIDA ESPAÑOLA-4


Alejandro Dumas, viajó por España en octubre y noviembre de 1846. La razón de ese viaje fue su trabajo como cronista oficial a la boda del duque de Montpensier Antonio de Orleans, hijo menor del rey de Francia Luis Felipe I, con la infanta María Fernanda de Borbón, hermana menor de la reina Isabel II de España. Parece que no le gusto mucho ese viaje ni tampoco los españoles según se puede leer en el siguiente texto:

“En España se bebe de un modo particular. En ciertas regiones no ponen vasos en la mesa; en cambio ponen unas vinagreras de un litro (algunas de medio litro), con las cuales se bebe a chorro, para no tocar el borde con los labios; lo que resulta muy incómodo para quien no tenga costumbre de desalterarse de semejante modo. Si por desgracia los labios tocan el borde de la vinagrera, los contertulios la arrancan de las manos del culpable y le tiran el contenido a la cara, llenándole además de las más groseras injurias.

Tanto como dar con un vaso cuesta encontrar un lecho, pues este mueble, indispensable para nosotros, lo no es para los españoles. En Castrejón (?) Tuve que pedir auxilio al alcalde y al maestro de escuela, a quien fui recomendado, para obtener un lecho, que luego me fue disputado por un viajero retardado; pero yo me mantuve firme, y a la postre el viajero tuvo que resignarse y bien envuelto en su capa tenderse en el suelo y dormir al amor de la lumbre.

En España todo el mundo tiene criada. La joven más mísera (aun cuando ella haya sido sirvienta) al casarse tiene su criada, y al día siguiente, para las siete de la mañana, la tiene a la cabecera de su cama con el chocolate. El marido habrá salido a su trabajo hacia las cinco de la mañana, y en la próxima taberna habrá tomado su copa de aguardiente.

Ningún vino español es natural; generalmente los fabrican los pasteleros, que además de confiterías elaboran vinos extras y velas de cera. Los vinos de jerez, Málaga, Alicante y pajarete los venden los
industriales, y en bodega tan solo cuestan 2,50. Hoy día -sigue diciendo Dumas-, gracias al ferrocarril, me aseguran que la comida en general ha mejorado mucho en España; pero el aceite es infecto y tienen una manera de freírlo horrible: se echa cierta cantidad de aceite en una sartén, se pone ésta a la lumbre, se cierran herméticamente las puertas y las ventanas de la cocina; cuando el aceite está a cien grados de calor se echa en ella un pedazo de pan que se deja bien requemar para quitar el mal sabor del aceite.

Esta operación es para asfixiar a un esquimal. Bien requemado el pan, se abren las ventanas para que se vaya el mal olor de la casa envenenada. Los vecinos se asoman a sus respectivas puertas para no perder nada de tan delicioso aroma.

No existen charcuterías en España; con la sangre del cerdo se fabrican unas gruesas morcillas adicionadas de arroz y cebollas. Casi todo el cerdo se pone en salazón y se expende en comercios casi todos de extremeños. Todas las familiar hacen matanza de dos y hasta de tres cerdos; la hacen en diciembre, procurando de esta manera cubrir las necesidades familiares de todo el año”.

ALEJANDRO DUMAS Y LA COMIDA ESPAÑOLA-3

16 de noviembre de 2018

LOS RATOS DE OCIO DE LOS NOBLES MEDIEVALES



Los nobles medievales utilizaban sus ratos de ocio practicando la cetrería, era casi una obligación de su estatus. Decían que cualquier noble que tuviese edad debía cazar a caballo con una lanza en la mano derecha y un halcón en la izquierda.

Su principal entretenimiento era celebrar banquetes, casi todos empezaban con tres platos de carne y pescado. La carne era la procedente de la caza: cabras salvajes, liebres, gamos, jabalíes, etc., también se servían aves salvajes como codornices, perdices o palomas torcaces. Además, se servía cerdo adobado. Los pescados preferidos por los nobles eran los de agua dulce: lampreas, truchas, percas, carpas, etc. La nobleza prefería la carne al pescado.

Para acompañar los platos principales se comían huevos con gelatina, habas cocidas en leche con azafrán, pechugas de pollo con almendras y arroz, etcétera.

Los postres comenzaban con pasteles de fruta y miel, flan con frutos secos. Para las ocasiones especiales se elaboraba una escultura del anfitrión o anfitriona fabricada con azúcar y cera.